06.09.2017 | 07:59

Mercado de soja: esperar y mirar

Esperar y mirar; “wait an see”, en inglés; sentarse arriba del silo bolsa, en el lenguaje popular del agro. Esa es la estrategia que han elegido los productores argentinos en esta campaña y que, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), seguirán implementando en los próximos meses.

“En Argentina, las decisiones de negocios se toman una pausa entre precios que no seducen y a la espera que se efectivicen cambios en la política comercial”, resume un informe elaborado por la economista Emilce Terré, de la BCR.

Evolución

En Estados Unidos, el 1° de septiembre marcó el inicio de la campaña sojera 2017/18, con pronósticos de producción récord de 120 millones de toneladas, en los que están coincidiendo tanto el Departamento de Agricultura (Usda) como los operadores privados. 

Esta perspectiva y la ausencia de otras noticias que logren quebrar la tendencia, llevaron a una “caída notable” del precio de la soja durante agosto: en Chicago, el contrato más cercano perdió seis por ciento o 21,5 dólares por tonelada, hasta los 344 dólares. 

En Argentina, “cayó un dos por ciento a 4.305 pesos por tonelada, aunque la suba del valor del peso argentino en relación al dólar estadounidense en igual proporción, determinó que el precio de la soja expresado en dólares se mantuviese prácticamente constante en torno a los 250 dólares por tonelada”.

Sin incentivos

Para Terré, “este nivel de precios no logra seducir a los oferentes, profundizando la retención de mercadería”. 

“Por un lado, se espera que el programa gradual de rebaja de retenciones al complejo sojero a implementarse a partir de enero próximo apuntale los precios locales, al tiempo que la reciente caída del precio del dólar se convirtió en un argumento más para la estrategia del wait and see”, explica la especialista.

Dos datos comprueban esta tendencia: hasta ahora, industria y exportación sólo lograron hacerse del 57 por ciento de la producción estimada contra 64 por ciento del promedio de las últimas cinco campañas; además, el 48 por ciento de las operaciones son sin precio en firme, cuando la media era 39 por ciento. 

Más presión

A este panorama bajista se suma otro aspecto no menor: “los márgenes brutos de procesamiento de la industria, así como también los de exportación, vienen muy lastimados en las últimas semanas”. 

Es decir, que “con una capacidad de pago tan deprimida, es difícil pensar, si todo lo demás se mantiene constante, en una mejora de los precios domésticos que apuntale el ritmo de negocios”, remarca Terré. En otras palabras, otro aspecto que no invita a los productores a vender.

Stock alto

A partir de estos datos, la BCR aguarda que el consumo industrial de soja sea bajo, lo que significaría un stock final  de 15 millones de toneladas.

Aunque para la próxima campaña la entidad espera una reducción del dos por ciento en el área sembrada con la oleaginosa, que significaría un cuatro por ciento de caída en la producción final, el saldo que quedaría del último ciclo llevaría a la oferta total a superar las 72 millones de toneladas, un máximo histórico. 

“Si bien resulta esperable que, en el marco de menores alícuotas impositivas al comercio exterior para el complejo sojero, durante el 2018 el nivel de actividad repunte, queda claro que la demanda tiene mucho que crecer para seguirle el ritmo a la voluminosa oferta”, concluye Terré.

Agrovoz


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