17.12.2017 | 09:19

Sin respuestas

Las imágenes pasan una y otra vez por nuestras cabezas y la aceptación de los hechos, es cada vez más lejana. No hay nada bien en ellas, nada parece encajar en ninguna lógica, justamente porque no la tiene. No habrá explicación ni motivo para entenderlo. Diputados, una elite sin clase ni prestigio alguno.

Nada parece conmoverlos, ellos viven y respiran política, una política diferente, una que solo parece convenirles y en donde las reglas de juego, se van construyendo en base a conveniencias y acuerdos en donde los únicos beneficiarios, suelen ser ellos mismos.

Desde la propia irregularidad que significa votarse los propios sueldos – las cámaras autorizan dichos cambios- el sinfín de las cuestiones sin regla no tiene límite. Las normas de conducta, los gritos, la violencia, la falta de respeto, jamás son juzgadas con una expulsión o sanciones ejemplificadoras. De hecho, lo más inédito que se vio en estos tiempos, fue pedir el “desafuero” de un par, algo que les devolvió por un segundo, una porción de dignidad.

En tiempos modernos, donde la supuesta persecución política la realiza la justicia, aquí no hay causa judicial, delito, robo, corrupción, que sea capaz de dejar afuera del “plato”, las manos de esta clase social privilegiada. Así los vemos, buscando “acuerdos”, donde en el nombre del concenso, todo se tranza, todo se intercambia cual figuritas, nada, absolutamente nada es gratis, el rédito político lo es todo.

Así entonces, estos “dundiees” trabajadores, se manejan con varios asesores, secretarios, viáticos por doquier y se aseguran para siempre la existencia de una vida mejor, en jubilaciones de privilegio, que hasta ahora nadie fue capaz de derrocar. Lógico, quien votaría en contra de su propio futuro económico?

Por todo esto y mucho más, lo visto el último jueves en el Congreso deja al desnudo que la política en la Argentina, es una materia aplazada que aún distamos por mucho de poder aprobar. Necesitar gendarmes para dominar masas, es una muestra más de la enorme incapacidad de nuestras fuerzas de seguridad, propias de patovicas de un boliche, incapaces de utilizar técnicas de contención y sometimiento, que no sean pistolas, cachiporras o gases. Patético. A la misma altura de dichas fuerzas, la política gubernamental, nunca puso en claro cuáles eran las reglas de juego en un país donde todo el mundo se llena de derechos y poca gente de obligaciones. Resultados a la vista: la completa inutilidad en desalojar un piquete de 10 pseudomapuches en una ruta, repeler encapuchados con palos y con piedras y hasta permitir el ingreso de diputados a una cámara. Incapacidad al extremo, no existe otra calificación.

Lo demás es ciencia sabida: quienes transitan las cámaras no poseen en su mayoría un solo grado de calificación real, más que la “popularidad” en muchos casos, integrar listados sabanas en otros, devolución de favores para varios y un listado de sinvirtudes que dejan como resultado, lo que está a la vista: un país a la deriva en cuestiones democráticas.

Hay que saber votar”, dicen por ahí. No es ese el problema, votes lo que votes, la trampa está hecha, por lo tanto, los resultados no cambian. Soluciones?  Podría hacer un enorme listado, por eso, para que el lector lo sienta en carne propia voy a usar un facilismo: prefiero no dar “quórum” y guardarme las respuestas….

Carlos Bodanza

Para Mañanas de Campo


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