11.03.2018 | 09:50

Cuando se resistió el brete y el corral

Hoy se cumple una década del levantamiento del campo contra la Resolución 125, que instalaba un esquema de retenciones móviles de manera prepotente.

En uno de sus tantos documentos de entonces, Coninagro bien señaló: “hicieron enojar al pueblo manso del interior”. Pero la mansedumbre no debe confundirse con sumisión. En este sentido, los hombres y las mujeres del campo demostraron con creces que no estaban dispuestos a dejarse avasallar por una medida que consideraron inconsulta y exagerada.

El 11 de marzo de 2008 quedó como un hito en este siglo XXI que estamos transitando, pues sólo tiene parangón con los conflictos agrarios de inicios del siglo XX, cuando los colonos arrendatarios de entonces se rebelaron contra las injusticias de los comerciantes y propietarios de grandes extensiones de  campo, produciendo una rebelión que aún se recuerda como un hito histórico. La rebelión de los hombres y mujeres del campo del 2008 también ya ha entrado en la historia grande de nuestro país, porque a partir de allí fue el principio del fin de una forma de gobernar.

Así, el respeto por la dignidad agraria surgió entre los productores e hizo que las cuatro entidades representativas de diferentes sectores del campo, dejaran de lado las cuestiones que los dividían y se unieran en pos de una causa justa.

Aún nos queda en la memoria las grandes concentraciones de productores y población urbana en Rosario y Buenos Aires, y el acompañamiento en los cortes de ruta y en las caravanas urbanas que se armaron en esta Bahía Blanca o la llegada de Alfredo De Angelis a hablar con los productores y habitantes de la ciudad y la zona en la intersección de Avenida Colón y Chiclana.

Lo importante de todo este resonante movimiento fue también sacar a luz no sólo la injusta medida tomada en contra del campo, sino también la prepotencia y las mentiras esgrimidas por el gobierno nacional, para fogonear la antinomia campo-ciudad. No lo pudo lograr y una histórica votación en el Senado de la Nación, echó por  tierra las aspiraciones de un gobierno avaro y ladrón, como luego el tiempo y la Justicia fueron corroborando.

 A aquellos que desde el gobierno nacional aspiraban a perpetuar el país como un territorio de ganado dispuesto a ser arreado; que quisieron seguir siendo capataces perpetuos, los hombres y mujeres del campo, acompañados por una parte importante de la sociedad, resistieron el brete y el corral, para que el país pudiera seguir siendo una república. De eso se trató y se tratará: Tenemos que aprender a enseñarle esto a los que mandan.

José Luis Ibaldi

Para Mañanas de Campo

 

 

 

 

 

 

 


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