25.03.2018 | 09:50

Divididos, la cuenta que siempre resta

Parece una constante pero el sector agropecuario tiene una tendencia a dividir las aguas, claro en este caso, son las aguas las que dividen al campo. Inundados, secos, incendiados, con carne, con directa, con glifosato, a cómo dé lugar, siempre el campo termina dividido.

Corría el año 2009 y la peor de las sequías invadía el Sudoeste bonarense. La primera división dirá que la actual es la peor, mientras que los libros hablarán del 30, del 81 o lo que fuere, pero la única realidad es que es peor para el que le toca, la historia al afectado lo tiene sin cuidado. Quienes intentamos ver objetivamente, diremos que la peor de todas fue la de 2008-2009, no solo por la extensión en el tiempo, sino particularmente por las políticas que provocaron que una vaca, valiera menos que un rollo de baja calidad. Por lo tanto, la primera de las divisiones, no tiene fundamento.

En algún momento lo planteamos, los que se inundan creerán que no existe drama más importante, mientras quienes sufren la agónica seca interminable, rogarán inundarse para salir del padecimiento. Lo cierto, es que ni unos ni otros pueden comprender más allá de su propia desgracia productiva. Jamás será mejor Guatemala que Guatepeor, son desgracias y solo queda intentar contenerlas, acompañarlas y ojalá alguna vez, tomar las medidas de estado necesarias para que el peor socio que el productor Argentino tiene –sus impuestos – sean fluctuantes a partir de las desgracias mencionadas.

Y si de divisiones hablamos, ni mencionar los seguidores del disco y de la rastra: jamás entenderán el proceso productivo de la siembra directa, como quizás también hay que decirlo, quienes rompieron la barrera tecnológica hacia una agricultura sustentable, en su afán por defender a capa y espada el desarrollo que cambió la producción Argentina, tal vez no supieron acompañar el proceso anterior para involucrar a un mundo que siempre se resiste a los cambios. De la misma manera, la batalla de las malezas, quizás requiera en algún momento un arado o un buen fósforo reiniciador, como fuere, el mayor desafío sigue siendo sumar, no dividir.

La sumatoria es infinita, mercado interno vs exportación de carne, es difícil manejar los procesos, cuando la limitante nace en el propio seno de la política y el bienestar de un país, está siempre por debajo de la sumatoria de votos. Así como el perro que se muerde la cola, seguimos girando en el mismo círculo, donde la sumatoria de divisas que podría ingresar, nunca llega a pesar en la balanza, para subsidiar un consumo –enfermo, hay que decirlo- que al menos mantenga conformes a uno de los individuos carnívoros – el Argento-, más voraces del mundo.

El glifosato sigue marchando a la cabeza de una sociedad de consumo, que pretende que los millones de toneladas, se produzcan con un rastrillo, una pala de punta y una regadora. Y si bien es cierto que quienes manejan los fitosanitarios pocas veces están a la altura de la responsabilidad a la cual están asumiendo, el nivel de persecución con dicho principio químico, pocas veces se ha visto en la historia desde que los inventos, son inventos.

Divididos por esencia, porque así somos. Con entidades separadas, con productores vs dirigentes, con la ciudad y el campo, con vacunación o sin vacunación, con China o sin ella, con soja y el monocultivo, con empleados y empleadores, etc, etc, etc. Divididos, una ecuación que sigue restando para asegurarnos de que el futuro aún, nos queda bien lejos.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo


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