01.04.2018 | 09:20

Evolución, el verdadero desafío

Viejas prácticas, tradiciones, costumbres, “zona de confort”. Cambiar representa uno de los desafíos más grandes que el hombre deba enfrentar. Significa ceder, se necesita escuchar, es imprescindible dejar de lado el orgullo y el resultado final, no siempre satisface. Sin embargo, es la clave de la evolución.

Todos los días lo tenemos a la vista, el padre cuyo hijo comienza a formar parte de la empresa, no entiende ni acepta la forma de trabajo que su probable sucesor decide realizar. La empresa familiar, forma sin dudas el más grande de los desafíos a la hora de evolucionar y crecer, no solo como empresa, sino como personas. Sin dudas el paso de las generaciones nos encuentra a kilómetros de distancia, cuando vemos que en el momento de juntar los mandos de una empresa, por lo menos hay 20 a 30 años de diferencia entre los extremos. Por un segundo pensemos:  ese fue el tiempo suficiente para la generación que hoy ronda los 50 años, que –por ejemplo – no tuviera no solo Internet, sino donde apenas aparecían las primeras computadoras con mínima complejidad.

La lógica implica que las nuevas generaciones deberían someterse al formato existente, para poder evolucionar en conjunto y cambiar la perspectiva de las cosas. Sin embargo, los jóvenes hoy no están dispuestos a perder ese precioso tiempo y mucho menos a ceder por dinero, por compromisos o por responsabilidades. Todo eso, sin dudas, le cabe a las generaciones de mando, que son quienes deben evolucionar, adaptarse y poseer la inteligencia de captar, estas nuevas “mentes”.

El campo es el ejemplo más claro de cómo rápidamente, quien no evoluciona en pocos años, queda en el camino o por lo menos, a mucha distancia de quienes lo hacen. Los nuevos modelos carecen de cualquier tipo de sentimiento o arraigo, donde los números van primeros en la fila y la ineficiencia en los sistemas, brota cuál óxido en un hierro viejo. Se es rentable o no, se manejan los costos o se quiebra, se hacen los cambios o se desaparece. La evolución es fría, es no personal, es simplemente un paso para estar adentro, o para estar afuera, no tiene grises. Y eso, no es ni bueno ni malo, simplemente, “es”.

Hay un mundo diferente esperando tomar el mando. Un nuevo mundo donde la moneda más valiosa, es el tiempo personal, es el celular, es el Excel, es la compra en la web, el home banking, el buscar tu hijo al colegio y que el resto, absolutamente todo, puede esperar.

Se acabaron las urgencias, si hay mal pariciones es porque hubo malas elecciones, es un caso de mal manejo. No hay vacas vacías en el campo (salvo que se engorden…), no hay más toros que los que la inseminación indica, no hay yerras a lazo y de a poco, no habrá rebenques ni palos para dar. Como no habrá “chanchos” en la siembra, no existirán cabeceras mal hechas, no habrá derivas y mucho menos, cualquier paisano –dicho con respeto - arriba de un tractor.

Hay un tiempo presente que es solo para cabezas muy abiertas, para gente esperando los cambios, para nuevos viejos que se sientan jóvenes entre los jóvenes. Es tiempo de evolucionar, de juntar experiencia con insolencia, de mixturar sabiduría con insensatez, de estar dispuestos a romper las recetas que ya están escritas y armar una, hecha con años de errores y con juventudes de audacia. En estas nuevas empresas, está el futuro de un campo que se adapta a un mundo nuevo.

Carlos Bodanza                                                                                           

Para Mañanas de Campo

 


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