13.05.2018 | 09:45

Seguimos atrasando el reloj
El debate en el Congreso de la semana pasada atrasó. Más allá de los tiros en el pie que se viene dando el Gobierno y la coalición política que lo compone, nadie aportó hacia adelante, a nadie se le cayó una idea superadora e integradora.

Supongamos que estamos levantando una pared, por lo tanto tenemos y manipulamos ladrillos. Cuando los comenzamos a pegar, alguien se acerca y nos dice: “Ese ladrillo está quebrado”. Nos fijamos y, efectivamente, el ladrillo está quebrado. Lo desechamos y buscamos otro. Otra persona nos indica que el ladrillo está crudo, por lo tanto, la desechamos y buscamos otro. Alguien nos hace notar que el ladrillo está quemado y el otro que tomamos está torcido. Al final, nos decimos, bueno tenemos que levantar la pared con los ladrillos que tengo, no con los que me gustaría tener. Así es la política. Una cosa es hacer el ejercicio político y hacer política para tribuna.

A lo largo de la historia argentina nos encontramos con generaciones que pensamos en el país. La primera fue la del ’10 (justamente el venidero 25 se cumplen 208 años de aquella gesta); la segunda la del ’37; la tercera fue la del ’53 y la cuarta resultó la generación del ’80, quizás la que puso las bases de una Argentina moderna y en constante crecimiento.

Nos falta la generación que sea capaz de hacer en la República Argentina lo que hicieron las anteriores generaciones. Un catedrático argentino señala que la generación del ’80 usó lo que tenía. Habían volteado a Rosas, pero no se agotaron en el anti rosismo. Propusieron un país distinto con todas las expresiones. ¿Los ladrillos estaban quemados, torcidos o quebrados? No importó. Lo importante era hacer un país y lo hicieron. A comienzos del pasado siglo XX ocupábamos el 10° lugar en el concierto de las grandes naciones, no sólo por el fruto de la gran expansión agropecuaria y urbana, sino también por el valor que se le dio a la educación, trampolín para proyectarnos hacia nuevas conquistas económicas, sociales y culturales. 

Nosotros somos los descendientes de ese aluvión que trabajó duro para construir un país, aún con desigualdades, pero con la mirada y los sueños puestos en la generación que viniera. Nosotros defraudamos y seguimos defraudando a quienes nos dejaron una nación en marcha, para que continuáramos y acrecentáramos su sueño. Como dice el Código Civil, seguimos ausentes “con presunción de fallecimiento”. Como señalé alguna vez en esta columna, continuamos atrasando el reloj. En algún momento el resorte se puede cortar y será demasiado tarde para lamentos…

José Luis Ibaldi

Para Mañanas de Campo


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