03.12.2017 | 10:19

Con burocracia, el resto es solo maquillaje

Diciembre? Si acá estamos, árboles navideños a la vista, salutaciones en el mail, confirmación de despedidas de año, el contador que llama para ajustar los balances y el acto de fin de ciclo de la escuela con fecha definida. Y entonces? Bueno, veamos que sale.

Las realidades para el análisis podrían ser diversas, pero en definitiva, se busca el repaso de los cambios, de lo que sigue igual y de lo que ya sabemos, nunca cambiará. Nuevo Ministro de Agroindustria, sin muchas razones pero con la misma tónica, la política siempre suele ir por una vía paralela, sin importar motivos los cambios ocurren y todos, quedamos arriba de ese barco.

El diálogo, ese factor tan reclamado, valorado y ponderado hacia las nuevas autoridades, de poco sirve si no tiene un fundamento, donde lo dicho, no se transforme en una simple sesión terapéutica, donde “yo te escucho, pero hago lo que me parece”. En esa simple cuestión, encierra el enojo de la dirigencia rural, a la hora de los aumentos en los impuestos inmobiliarios. No se trata de cambiarle los números a un Ministro de economía, ni digitarle las políticas a un gobierno, la idea es que ambas, se construyan en el diálogo, algo que en una  Argentina de egos y vanidades (de ambos bandos), difícilmente pueda cumplirse.

Los mercados se liberaron, es cierto, cómo también quienes mandan, siguen mandando. “No hay que sembrar más cebada, la verdad ojalá fracase rotundamente la cosecha y revienten todas las malterías”, se sinceró en un almuerzo un productor de la zona de Tres Arroyos. Hartos de industrias que no tienen reparo a la hora de aprovecharse del negocio, el productor sigue siendo cautivo de una cadena agroindustrial marcada por empresarios que jamás equilibran la balanza. Inocentes, culpables y no tanto, la realidad sigue desnudando que en materia de reglas de comercio y de mercados, todo sigue siendo anárquico.

Para ejemplo, basta ver como aún el “bolsatech” se ha convertido en un parche permanente para la soja, con un sector legislativo que aún no comprende que tanto inversores como productores, tienen obligaciones mutuas y mirar para un costado, no soluciona el problema.

La ganadería parece desperezarse, con una exportación que muestra señales y un mercado interno que aún, no terminó el preescolar de los aprendizajes. No existen premios y la contralógica del mundo maneja los precios, premiando carne de feed lot sobre grasa de pasto, castigando el novillo pesado, pagando mejor una vaca, que cualquier otro corte. Sin precios lógicos, la genética parece un eslabón suelto y del corral al mostrador, sigue siendo un abismo donde nada tiene correlato.

Hay un mundo en “negro”, pero es un mundo que necesita esa condición para compensar las groseras falencias impositivas de un estado que con tal de recaudar, es incapaz de realizar reformas que inviten a blanquear operaciones que si entran en sistema, llevan al quebranto directo a miles de empresas agropecuarias.

Por eso llegar a Diciembre, obliga a repasar, a realizar un balance, a sacar conclusiones. Mucho ruido, pocas nueces, porque el gran cambio, el necesario, el verdadero, está en la burocracia. En ella se encierra el peor de los males, el cáncer más terminal de este país, el más obsoleto de los funcionamientos que el mundo seguramente posee. Se fue otro año y sigue allí, molestando, enojando, provocando la más absurda pérdida de tiempo, viajando de una oficina a otra, llenando decenas de formularios que dicen lo mismo, entorpeciendo la vida diaria, desalentando la producción.

De todo lo hecho, habrá conformidad, seguramente habrá esperanza. Pero la burocracia feroz no cambia una sola coma y mientras perdure, la sensación sigue con sabor a fracaso.

Carlos Bodanza

Para Mañanas de Campo

 


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