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Limangus gana terreno con una genética que combina rendimiento, rusticidad y eficiencia

Desde la cabaña Rancho Viejo, en Nueva Roma, destacan las cualidades productivas de una raza que continúa expandiéndose. Con una historia familiar de más de 45 años vinculada a su genética, la familia Lamberto apuesta por animales funcionales, eficientes y adaptados a las exigencias de cada campo.

La raza Limangus atraviesa un momento de crecimiento, con un mayor reconocimiento entre los productores y valores que reflejan el interés por sus reproductores. Detrás de esa expansión hay un trabajo sostenido de criadores y de la asociación que impulsa la difusión de sus características y ventajas productivas.

En ese camino, la cabaña Rancho Viejo, ubicada en Nueva Roma bien al sur de la provincia de Buenos Aires, construyó su propia historia ligada a la raza. Juan Lamberto, cabañero e inspector de Limangus, repasa los orígenes familiares, explica qué atributos distinguen a estos animales y pone el foco en una premisa que guía su selección: producir animales que funcionen en el campo, con buena conversión, rusticidad y capacidad reproductiva.

La relación de Rancho Viejo con Limangus no es reciente. Los primeros pasos los dio el abuelo de Juan, hace aproximadamente 45 años, cuando comenzó a utilizar toros de esta genética, en los tiempos iniciales de desarrollo de la raza.

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Una historia familiar que comenzó hace más de cuatro décadas

“Mi abuelo ya había empezado a apostar. Después, a mi padre siempre le gustó la raza, y yo desde que nací estuve con él, viendo estas características”, recuerda Lamberto.

Con el paso de los años, el establecimiento fue avanzando hacia animales cada vez más definidos, con características raciales marcadas. Hace alrededor de una década, el impulso de la asociación los llevó a comenzar a identificar y comercializar su propia genética.

La participación en exposiciones también forma parte de esa estrategia de difusión. Durante la Exposición Rural de Bahía Blanca, Rancho Viejo tuvo la posibilidad de mostrar sus ejemplares y acercar la raza a productores que todavía no la conocen en profundidad.

“Nos hubiera gustado llevar los animales a competir con ejemplares de otras cabañas, pero nos tocó ir solos y también hacer un poco de extensión, contarle a los productores de qué se trata la raza y qué es Limangus”, explica.

Más allá de la presencia en las pistas, el objetivo es ampliar el conocimiento sobre sus características y generar nuevas oportunidades comerciales para los criadores.

Eficiencia alimenticia y rusticidad, dos atributos centrales

El interés por Limangus no se explica solamente por el rendimiento de la carcasa. Según Lamberto, hay otros factores que adquieren relevancia al momento de evaluar el desempeño de los animales, especialmente la conversión alimenticia y su capacidad para producir carne a partir del pasto.

“Nosotros hacemos mucho hincapié en la conversión del alimento. Son animales con muy bajos requerimientos y muy buena conversión. La conversión de pasto a carne es espectacular”, sostiene.

En esa línea, menciona que se vienen realizando trabajos para medir indicadores como el consumo residual de alimento, conocido como RFI por sus siglas en inglés. Estas mediciones permiten profundizar el conocimiento sobre la eficiencia individual de los animales y contar con datos cada vez más precisos.

Pero en Rancho Viejo la selección genética no se limita a los números productivos. La adaptación a ambientes exigentes es otro de los criterios fundamentales.

Ubicada en Nueva Roma, la cabaña conoce de cerca las condiciones que debe afrontar un reproductor para desenvolverse en el campo. Por eso, busca producir toros que puedan caminar, encontrar agua y alimento, mantenerse sanos y cumplir con su función reproductiva.

“Tratamos de hacer un toro rústico, que camine, que sea sano de manos, que busque el agua y la comida y que pueda montar. Hacemos mucho hincapié en eso”, resume Lamberto.

Y agrega una definición que sintetiza la filosofía de selección del establecimiento: “Tratamos de esquivarle un poquito al show y apuntamos al toro productivo, a que no se rompa, a que produzca y camine”.

La prioridad está puesta en la funcionalidad: animales capaces de expresar su potencial productivo sin perder adaptación, sanidad ni aptitud reproductiva.

Identificar la genética para agregar valor

Como criador e inspector de la raza, Lamberto también promueve que más productores se animen a identificar sus animales cuando reúnen las condiciones requeridas.

La marca permite reconocerlos dentro de las categorías raciales correspondientes y respaldar su condición, un aspecto que puede representar una diferencia comercial al momento de la venta.

“Siempre impulsamos a los productores a que marquen, a que se animen. Haciendo bien las cosas, se puede llegar a tener animales con mayor valor agregado. Cuando tienen la marca, eso es otro precio”, afirma.

Dentro del sistema de clasificación existen distintas categorías. En el caso de los machos, Lamberto menciona los toros puros controlados y los identificados como “doble LL”, que pueden utilizarse para producir reproductores puros controlados, sin pertenecer a la categoría de pedigree. En las hembras, el esquema contempla vientres base, puras controladas y puras de pedigree, de acuerdo con los requisitos de la raza.

El desarrollo de estas categorías ofrece alternativas para que los establecimientos avancen en la incorporación y consolidación de genética Limangus, sin que necesariamente deban comenzar con animales de pedigree.

En Rancho Viejo, además, la comercialización es permanente. La cabaña dispone de reproductores puros controlados y algunos ejemplares de pedigree. Cuando no cuenta con animales disponibles, también busca acercar a los interesados a otros criadores de la zona.

Un buen momento para una raza que busca consolidarse

El contexto ganadero acompaña el crecimiento del interés por Limangus. Lamberto reconoce que los valores actuales también están relacionados con la disponibilidad de hacienda para reposición, aunque considera que el reconocimiento de sus cualidades productivas resulta determinante para quienes buscan incorporar esa genética.

La expectativa es que la difusión y el trabajo de selección permitan sostener ese avance, con información cada vez más precisa sobre rendimiento, eficiencia alimenticia y adaptación.

Consultado sobre las condiciones de la zona, el cabañero se permite una cuota de optimismo: “Estaría bueno que nos toquen otros 20 o 25 años más así”.

Por ahora, la idea es disfrutar el buen momento y seguir trabajando sobre las características que distinguen a la raza.

Desde Nueva Roma, Rancho Viejo sostiene una apuesta que combina tradición familiar y selección orientada a resultados concretos. En una ganadería que exige eficiencia y adaptación, la propuesta de Limangus busca ganar espacio con animales capaces de transformar alimento en carne, desenvolverse en ambientes diversos y cumplir con su función productiva a campo.

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