Connect with us

Hola, que estás buscando?

Opinión

Gobernar también es saber tratar

La política democrática, guste o no, se basa en acuerdos. Nadie gobierna solo.

Se inicia el año y es bueno que recordemos a nuestros políticos y, en especial al Gobierno nacional una cuestión que es crucial, porque en política, las formas no son un adorno. Al contrario, son parte del fondo. Y cuando las formas fallan de manera sistemática, lo que queda expuesto no es solo un problema de estilo, sino una dificultad más profunda para construir poder, sostener acuerdos y, finalmente, gobernar.

Hasta ahora, el Gobierno nacional parece moverse en una lógica pendular respecto de sus aliados. Un día son imprescindibles para aprobar leyes, sostener vetos o dar señales de gobernabilidad; al siguiente, pasan a ser sospechosos, traidores o parte de una “casta” a la que se denosta sin demasiados matices. Esta dinámica de idas y vueltas no es nueva en la política argentina, pero sí resulta llamativa la naturalidad con la que se ejerce el destrato, incluso hacia quienes han acompañado decisiones clave.

La política democrática, guste o no, se basa en acuerdos. Nadie gobierna solo. Ni siquiera los liderazgos más fuertes, ni los proyectos más disruptivos, logran sostenerse en el tiempo sin algún grado de cooperación con otros actores del sistema. Pretender lo contrario no es audacia sino desconocer cómo funciona la realidad institucional.

En ese marco, el problema no es solo la tensión con los aliados -algo esperable en cualquier coalición informal- sino la manera en que esa tensión se expresa. El ninguneo y la ruptura deliberada de códigos mínimos de convivencia política no fortalecen al Gobierno; por el contrario, lo debilitan. Porque cada puente que se quema hoy es un voto menos mañana, una negociación más difícil pasado y una gobernabilidad más frágil en el mediano plazo.

Los modales importan. Importan porque ordenan la discusión, porque permiten disentir sin dinamitar el vínculo y porque, en última instancia, son una señal de respeto no solo hacia el interlocutor, sino hacia la sociedad que observa. Cuando el mensaje es que todo desacuerdo se paga con escarnio público, el resultado no es valentía política, sino aislamiento.

Gobernar no es solo tener razón o ganar una discusión pública; más bien es lograr que las cosas sucedan dentro de un sistema que impone reglas, tiempos y contrapesos.

Tal vez el desafío pendiente sea comprender que la firmeza no está reñida con la cortesía, ni la convicción con el respeto. Se puede sostener un rumbo sin gritar, negociar sin humillarse y disentir sin insultar. La política adulta funciona así, aunque no siempre sea la más ruidosa.

Hay que recordar que los gobiernos pasan, pero las instituciones quedan. De allí que es imprescindible la posibilidad de construir una convivencia política mínima que haga viable el futuro.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

Te puede interesar

Copyright © 2011-2024 Infosudoeste - Todos los derechos reservados