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Un inmigrante de casi 500 años

En 2027 se cumplen quinientos años de un acontecimiento silencioso pero trascendental para la historia económica y productiva de la Argentina. Me refiero a la primera siembra de trigo realizada en estas tierras.

A poco más de dos meses del inicio de una nueva cosecha de trigo, cultivo que desde hace más de un siglo ocupa un lugar central en la identidad agropecuaria argentina y constituye uno de los pilares históricos de su producción agrícola, resulta oportuno recordar un acontecimiento fundacional para la historia rural del país.

En 2027 se cumplen quinientos años de un acontecimiento silencioso pero trascendental para la historia económica y productiva de la Argentina. Me refiero a la primera siembra de trigo realizada en estas tierras. Aquel hecho ocurrió en 1527, durante la expedición de Sebastián Gaboto, en las proximidades del fuerte de Sancti Spiritu, levantado en la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, en el actual territorio de la provincia de Santa Fe.

La siembra tuvo lugar apenas unos meses después de la fundación del fuerte, considerado el primer asentamiento español establecido en el actual territorio argentino. Según la tradición histórica, algunas semillas de trigo que habían llegado desde Europa fueron sembradas por los expedicionarios de Gaboto, dando origen al primer cultivo documentado de este cereal en la región del Río de la Plata.

Aquellas pocas semillas tenían un significado que iba mucho más allá de la obtención de alimento. El trigo era uno de los símbolos fundamentales de la cultura agrícola europea. Su introducción representaba el intento de reproducir en el Nuevo Mundo las prácticas productivas, económicas y alimentarias que sostenían a las sociedades del Viejo Continente.

El experimento resultó exitoso. Diversos estudios históricos señalan que aquellas primeras siembras permitieron obtener cosechas, demostrando la aptitud de las tierras pampeanas para el cultivo del cereal. Aunque el fuerte de Sancti Spiritu fue destruido pocos años después y la experiencia no tuvo una continuidad inmediata, quedó establecido un antecedente fundamental para el desarrollo agrícola posterior.

Con el transcurso de los siglos, el trigo se convirtió en uno de los pilares de la economía argentina. Desde las primeras colonias agrícolas hasta la expansión de la frontera productiva en los siglos XIX y XX, el cereal acompañó la transformación del país en uno de los principales exportadores mundiales de granos.

Los quinientos años de la primera siembra de trigo constituyen, por lo tanto, una oportunidad para reflexionar sobre la larga relación entre la sociedad argentina y la agricultura. Desde aquel pequeño sembradío junto al fuerte de Gaboto hasta las extensas llanuras cultivadas de la actualidad, el trigo ha estado presente en la construcción económica, social y cultural del país.

A cinco siglos de distancia, aquellas primeras semillas sembradas en las riberas del Paraná conservan un profundo valor simbólico, ya que representan el inicio de una tradición agrícola que contribuyó decisivamente al poblamiento, al desarrollo productivo y a la identidad de nuestro país.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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