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El desafío de controlar las malezas en una campaña marcada por el exceso de humedad

Con un escenario climático que anticipa nuevas lluvias y cultivos que avanzan con fuerza, el manejo de malezas será uno de los puntos clave de la gruesa. Los preemergentes siguen siendo herramientas fundamentales, pero la experiencia de la fina advierte que podrían quedarse cortos y obligar a reforzar los controles durante el ciclo.

(*) Por Ing Ramón Gigón. El manejo de malezas vuelve a ocupar un lugar central de cara a la próxima campaña de gruesa. Venimos de un año con abundantes precipitaciones y, si se mantienen las condiciones que se pronostican, vamos a seguir teniendo mucha humedad en los suelos. Este escenario favorece el crecimiento de los cultivos, pero también genera condiciones propicias para la emergencia y el desarrollo de las malezas.

En este contexto, los herbicidas preemergentes nos están dando una gran mano y siguen siendo una herramienta fundamental para arrancar los cultivos con el menor nivel de competencia posible. Sin embargo, la experiencia que estamos viendo en los cereales de invierno deja algunas señales que debemos tener en cuenta para planificar lo que viene.

En la fina, los preemergentes aplicados durante la presiembra, frente a la abundante humedad y a un importante banco de semillas de malezas, especialmente de nabo y raigrás, se quedaron cortos en algunos lotes. Esto obligó a recurrir a tratamientos postemergentes y, aun así, hoy estamos observando algunos escapes.

La enseñanza es clara: no podemos confiar todo el manejo a una única intervención. Para la gruesa, será importante incorporar los preemergentes desde el inicio, pero también tener previsto cómo actuar si el control residual no alcanza.

“Si sigue lloviendo, esa residualidad de los herbicidas se nos va a terminar antes, por degradación y por lavado, y seguramente vamos a tener que hacer un repaso con postemergentes”.

Nabo, yuyo colorado y gramíneas: las malezas que preocupan

En la zona de Tres Arroyos y alrededores, las crucíferas, y particularmente el nabo, son hoy las malezas más importantes para los cultivos de gruesa. A ellas se suma el yuyo colorado, que viene avanzando, aunque todavía lentamente, además del lecherón y distintas gramíneas de verano.

El problema es que, con humedad disponible y nuevas camadas de emergencia, el período durante el cual debemos mantener los lotes limpios puede extenderse. Por eso, aunque los preemergentes son indispensables, hay que considerar que en un año con estas características podrían no alcanzar para sostener el control durante todo el ciclo del cultivo.

La estrategia debe contemplar desde el comienzo la posibilidad de realizar aplicaciones postemergentes ante eventuales escapes. Anticiparse permitirá evitar que las malezas se desarrollen, compitan con el cultivo y compliquen las intervenciones posteriores.

Pero el manejo no pasa solamente por sumar aplicaciones químicas. También es importante pensar en estrategias integradas que permitan reducir la presión de selección sobre las malezas, prevenir la aparición de resistencias y, al mismo tiempo, moderar los costos de los tratamientos.

La combinación de herramientas puede ser una alternativa interesante. En determinados lotes, integrar alguna labor de labranza o control mecánico con la aplicación posterior de herbicidas preemergentes puede contribuir a diversificar las estrategias de control.

Cultivos competitivos: una herramienta fundamental

Además de los herbicidas, hay un aspecto que considero central: lograr cultivos que emerjan rápidamente, se desarrollen bien y cierren el surco lo antes posible. La capacidad del cultivo para competir con las malezas puede marcar una diferencia importante, especialmente en una campaña en la que los controles residuales podrían resultar insuficientes.

Entre los tres principales cultivos estivales, el girasol es el más competitivo frente a las malezas, seguido por el maíz y, finalmente, la soja. Por eso, debemos prestar atención a todas las decisiones agronómicas que permitan favorecer el crecimiento inicial y la rápida cobertura del suelo.

La arquitectura del cultivo, la distancia entre hileras, la densidad de siembra, una buena fertilidad y la fertilización de arranque son factores que contribuyen a que el cultivo se establezca con fuerza. También es fundamental partir de semillas de buena calidad sanitaria, que permitan lograr una emergencia uniforme y un desarrollo vigoroso.

“Todo lo que podamos hacer para ayudar a ese cultivo, para que compita mejor, va a ser muy importante. Lograr un buen cultivo que cierre el surco rápidamente va a ser fundamental”.

En un año húmedo, esa capacidad de competencia adquiere todavía más relevancia. Si el cultivo logra cubrir rápidamente el entresurco, tendrá mejores posibilidades de limitar el crecimiento de nuevas malezas y reducir la competencia por agua, luz y nutrientes.

A su vez, conviene tener disponibles alternativas postemergentes para intervenir cuando sea necesario. En ese sentido, las nuevas tecnologías vinculadas con la biotecnología también están aportando herramientas para el manejo de escapes. La soja Enlist, por ejemplo, permite ampliar las alternativas de control en postemergencia, mientras que los maíces Enlist incorporan posibilidades de utilización de glufosinato de amonio, 2,4-D y Haloxifop, de acuerdo con las tecnologías y los usos autorizados para cada sistema.

En definitiva, la próxima gruesa exigirá planificación y capacidad de adaptación. Los preemergentes seguirán siendo una pieza central, pero habrá que contemplar su posible menor persistencia en condiciones de lluvias abundantes, monitorear los lotes y estar preparados para intervenir ante los escapes.

La combinación de herramientas químicas y mecánicas, la prevención de resistencias y la implantación de cultivos vigorosos serán aspectos fundamentales para sostener un manejo eficiente. En un escenario de mucha humedad, no alcanza con pensar cómo controlar las malezas al momento de la siembra: debemos planificar una estrategia que acompañe al cultivo durante todo su desarrollo.

Infosudoeste

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