Escribí esta columna en el día mundial de la radio, un día especial por rememorar una de las vías de comunicación que una y otra vez durante años, con cambios, con tecnología, con diferentes generaciones, se puso en vías de extinción, pero sin embargo, siguió adelante. Dijo Fernando Bravo al inicio de su programa el último día viernes al referirse a la radio, “llega gratis, es en vivo y no se suspende por mal tiempo”, dejando claro que la sencillez y la realidad, son su marca característica.
Día a día trato de entender hacia qué lugar va la comunicación: la televisión, las redes, los sitios webs, todos y cada uno tiene su “expertice”, ese arte, campo o rango que va desde lo etario, lo social, lo predilecto, pero todos y cada uno de ellos, son una suerte de embudo que se convierte en un gran interrogante a la hora de los más jóvenes. Hoy la pantalla para ellos, es difícil ponerla más allá de un celular, una “pc” y a lo sumo un televisor, que les de inmediatamente lo que buscan, es casi una extravagancia pensar que alguno de ellos, mirará el informativo rural de las 7 am y casi ciencia ficción, creer que mirarán el de las 20 hs. Olvidate.
Hoy vi en redes un reel donde un joven de no más de 20 años, contaba la experiencia de que en un tambo completamente robotizado, en la madrugada algo salió mal, y tras colapsar una de las salidas del ordeñe a las 5 am, la noticia de la mañana fue encontrar 12 lecheras muertas, buscando explicaciones, tratando de entender lo sucedido para solucionar el problema, pero lo cierto es que una vez más, “la tecnología” no pudo suplir lo que el material humano, pocas veces ha permitido. Seguramente la conclusión terminará en un Excel, donde ese número de vacas no llegará a cubrir el sueldo de lo necesario para que el personal humano, este presente, digite, controle y ordene, lo que un robot aún, tiene altas chances de fallar.
El debate en definitiva es el mismo: no hay manera de llegar en primera persona, con la noticia, con el trabajo, con el “simplemente estar presente”, que representa al menos en nuestro sector, estar al frente de las situaciones. Por eso, el enorme desafío va más allá de liderar el “Tik tok”, tener millones de seguidores en “insta” o ser el más el visto en el “Twich”, cuando en definitiva, nada de eso asegura que el contenido entregado, que el seguidor en cuestión esté capacitado, que los mensajes lleguen adonde tienen que llegar, cuando todo es una nube, pero no por el término virtual, sino porque al igual que el “tambo robótico” que no pudo frenar la catátrofe, no estaba allí presente, en realidad tal cual los millones de “reels” que se mueven sin sentido, no tienen un “impacto real” sobre quienes los están mirando. Son simple contenido no son información, porque para que ella ocurra, debe haber una interacción y ese es en realidad, el enorme desafío para quienes pensamos en las próximas generaciones y que la radio, a pesar de su antigüedad, de sus limitaciones y de el desconocimiento que un joven puede tener, cuando se la cruza, lo único que asegura, es justamente el ida y vuelta.
Hace una semana atrás en el centro de una región ganadera caliente de los EEUU, el Dr Santiago Debernardi expuso el mayor problema que tienen los ganaderos en ese país y que son el mayor desafío por delante que tenemos nosotros en estos tiempos y en los que vendrán: no hay futuras generaciones en el campo, dice el genetista “acá no hay mano de obra en el campo, acá encontrás la mujer arriba del tractor, la hija que estaba de vacaciones dando calostro a unos guachos, y el dueño atendiéndonos. No tienen empleados, no hay, no es que no los quieren pagar, el promedio de edad de un ganadero norteamericano es de 65 años de edad. Es algo que no les permite avanzar, por eso no pueden hacer parcelas más chicas o tener más carga”, resaltó casi lapidariamente.
La pregunta es: acá hay recambio? Existe la posibilidad de que haya más mano de obra especializada? Los jóvenes están dispuestos a guardias de partos, recorridas por aguadas, caminos detonados y fines de semana fuera de todo? El avance tecnológico y el aumento de la producción, se chochan en la misma puerta de entrada: el recurso humano, su tiempo, su predisposición y su capacidad para entender que cuando las pantallas se apagan, nacen los verdaderos desafíos para el campo.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























