La hipomagnesemia, también conocida como tetania de los pastos o verdeos, vuelve a ocupar un lugar central entre las preocupaciones sanitarias de los productores ganaderos durante los meses más fríos del año. Aunque suele asociarse a deficiencias minerales, el problema es mucho más complejo y tiene una particularidad que sorprende a muchos productores: las primeras víctimas suelen ser las vacas o animales en mejor estado corporal.
“Se muere la vaca más linda del lote, la que en mejor estado estaba”, explicó el médico veterinario Ignacio Álvarez, titular del Laboratorio Álvarez.
Según detalló, los animales gordos poseen mayores reservas de grasa y, ante situaciones de estrés como tormentas, arreos o trabajos en manga, liberan grandes cantidades de ácidos grasos a la sangre. Ese proceso termina secuestrando el magnesio circulante y desencadenando el cuadro clínico.
La categoría más comprometida: vaca gorda, preñada o con cría al pie.
El especialista señaló que el riesgo aumenta considerablemente cuando la vaca además está gestando o criando un ternero.
“La categoría crítica es la vaca gorda, preñada o con ternero al pie. Ahí se combinan los mayores requerimientos con una menor disponibilidad de magnesio”, destacó.
A diferencia de otros minerales, el magnesio presenta una limitación clave: el organismo bovino prácticamente no puede almacenarlo.
“El magnesio no se puede guardar. Todos los días tiene que ingresar por vía oral porque el animal no tiene reservas importantes para afrontar una situación de déficit”, remarcó.
Los verdeos de invierno: una verdadera bomba de tiempo
Avena, trigo y otros verdeos invernales reúnen varias condiciones que favorecen la aparición de la enfermedad.
Por un lado, suelen presentar elevados niveles de potasio, un mineral que bloquea la absorción del magnesio en el rumen.
“Muchas veces el problema no es que falte magnesio, sino que sobra potasio y no permite que se absorba”, explicó Álvarez.
A esto se suma una alta concentración de proteína y escasez de energía, situación que genera un ambiente ruminal más alcalino y reduce aún más la disponibilidad del mineral.
El tercer factor es el bajo contenido de sodio que presentan los rebrotes. Por eso, el veterinario insistió en que la suplementación debe contemplar no sólo magnesio sino también sal.
“Necesitamos sodio para que el transporte de magnesio a nivel ruminal funcione correctamente. Por eso las formulaciones que combinan ambos minerales son las más recomendables.”

Cómo reconocer la enfermedad y confirmar el diagnóstico
Los primeros signos clínicos suelen ser muy característicos. Los animales se muestran nerviosos, hiperexcitados y agresivos, con las orejas permanentemente alertas. En estados avanzados aparecen caídas, pedaleo, convulsiones y muerte en pocas horas.
“Entre los primeros signos clínicos y la muerte puede pasar muy poco tiempo. Es una verdadera emergencia veterinaria”, advirtió.
Cuando el animal está vivo, una rápida respuesta al tratamiento endovenoso con magnesio permite confirmar el diagnóstico de manera práctica.
Sin embargo, muchas veces el productor sólo encuentra la vaca muerta. En esos casos, Álvarez recomienda realizar una necropsia para descartar otras enfermedades y obtener muestras para laboratorio.
“La hipomagnesemia tiene una característica muy particular: no deja lesiones visibles. Justamente esa ausencia de hallazgos, en una época y categoría compatibles, es una señal muy orientadora.”
Tratamiento urgente y prevención anticipada
El tratamiento requiere una intervención inmediata mediante la aplicación de magnesio por vía endovenosa, acompañada de una suplementación subcutánea que permita sostener los niveles durante algunas horas.
No obstante, el profesional insistió en que la verdadera herramienta para evitar pérdidas es la prevención.
Las sales minerales en bateas protegidas de la lluvia continúan siendo la estrategia más efectiva. También pueden utilizarse bloques minerales, suplementos líquidos o alimentos balanceados especialmente formulados.
Pero existe una condición indispensable; “La suplementación tiene que comenzar 30 a 45 días antes del período de riesgo. No sirve esperar a que aparezca la primera vaca muerta porque ahí ya estamos llegando tarde.”
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