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La mujer rural, protagonista de un nuevo tiempo

El campo necesita más mujeres tomando decisiones, planificando políticas públicas, conduciendo instituciones y participando en los ámbitos donde se define el futuro de la producción, la educación, la infraestructura y el desarrollo territorial.

El pasado 15 de octubre se conmemoró el Día Internacional de la Mujer Rural. Más que una fecha para el reconocimiento simbólico constituye una oportunidad para reflexionar sobre una transformación profunda que atraviesa al campo argentino y al mundo rural, como es la creciente presencia de mujeres en espacios que hasta hace pocas décadas no eran tan comunes o les resultaban extremadamente difíciles de alcanzar.

La imagen tradicional de la mujer rural acompañando silenciosamente las tareas familiares, sosteniendo el hogar y contribuyendo de manera invisible a la economía familiar, ha quedado definitivamente incompleta. Hoy la mujer rural es productora agropecuaria, empresaria, profesional, ingeniera agrónoma, veterinaria, contratista, transportista, dirigente cooperativa, docente, investigadora y emprendedora. Participa de las decisiones estratégicas de los establecimientos, administra empresas, incorpora tecnología, lidera proyectos de agregado de valor y se integra activamente a las cadenas productivas.

Este cambio no ha sido casual. Es resultado de décadas de esfuerzo, capacitación, perseverancia y de una lenta pero sostenida transformación cultural. Las mujeres han demostrado que pueden desempeñarse con igual eficiencia en cualquiera de las actividades vinculadas a la producción agropecuaria. Ya no se trata de ocupar espacios excepcionales, sino de consolidar una presencia cada vez más natural y necesaria.

Sin embargo, aún quedan desafíos importantes por delante. Aunque la participación femenina ha crecido en los ámbitos productivos y empresariales, todavía es insuficiente en muchos espacios de decisión. Son pocas las mujeres que ocupan presidencias de cooperativas, asociaciones rurales, entidades gremiales o cargos ejecutivos en organizaciones vinculadas al agro. La representación política en los sectores rurales tampoco refleja plenamente el peso y el aporte de las mujeres a la vida de las comunidades.

El campo necesita más mujeres tomando decisiones, planificando políticas públicas, conduciendo instituciones y participando en los ámbitos donde se define el futuro de la producción, la educación, la infraestructura y el desarrollo territorial. No se trata de una cuestión de cupos ni de corrección política. Se trata de aprovechar talento, experiencia y capacidad de liderazgo que durante mucho tiempo permanecieron subutilizados.

También la sociedad tiene una deuda pendiente. Persisten prejuicios que asignan responsabilidades domésticas y de cuidado casi exclusivamente a las mujeres. Muchas veces ellas deben compatibilizar su actividad profesional o productiva con una carga familiar significativamente mayor que la de los hombres. Allí radica uno de los mayores desafíos contemporáneos, tal el caso de construir una verdadera corresponsabilidad que permita compartir obligaciones y oportunidades.

Pero al hablar de nuevos roles conviene evitar un error frecuente. La incorporación de la mujer a mayores espacios de participación no implica renunciar a las dimensiones afectivas y familiares que muchas valoran profundamente. Ser dirigente, empresaria o productora no exige dejar de ser madre, esposa o abuela. Por el contrario, uno de los rasgos más admirables de muchas mujeres rurales es precisamente su capacidad para integrar esas facetas, sosteniendo vínculos familiares, transmitiendo valores y fortaleciendo el entramado social de las comunidades.

Las madres rurales siguen siendo formadoras de generaciones. Las esposas continúan compartiendo proyectos, esfuerzos y sacrificios en emprendimientos familiares. Las abuelas permanecen como guardianas de la memoria, la identidad y las tradiciones que dan sentido de pertenencia a nuestros pueblos. Estas funciones no constituyen una limitación, sino una fortaleza que enriquece su aporte a la sociedad.

Evocando el pasado Día Internacional de la Mujer Rural, el mejor homenaje no es solamente reconocer lo que ha logrado, sino abrir las puertas para todo lo que aún puede alcanzar. Porque cuando una mujer rural avanza, no avanza sola; avanzan su familia, su comunidad y el campo en su conjunto.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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