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Diarrea neonatal bovina: detectar temprano y rehidratar, las claves para evitar pérdidas

La diarrea neonatal es uno de los principales problemas sanitarios durante las primeras semanas de vida del ternero. Ignacio Álvarez, de Laboratorio Álvarez, explica cuáles son los principales agentes involucrados, cómo reconocer la gravedad del cuadro y por qué la rehidratación debe ser la primera medida de tratamiento.

Siguiendo el hilo de las últimas charlas, en esta oportunidad quiero avanzar algunos días respecto del momento del parto. Pensemos en ese mismo ternero que nació, se levantó, mamó y aparentemente comenzó bien. Sin embargo, pasan algunos días y, durante las recorridas, empezamos a encontrar terneros con diarrea.

Ahí entramos en uno de los problemas sanitarios más frecuentes durante las primeras semanas de vida: la diarrea neonatal bovina.

No es un problema menor. Dependiendo del establecimiento, el manejo y las condiciones ambientales, puede afectar hasta al 40% o más de los terneros en algunos rodeos.

Las pérdidas no se producen solamente por los animales que mueren como consecuencia de la enfermedad. Un ternero que atravesó un cuadro de diarrea puede llegar al destete con entre 8 y 10 kilos menos, a lo que hay que sumar los costos de tratamiento y la atención adicional que requiere.

Una enfermedad multifactorial

Lo primero que tenemos que entender es que la diarrea neonatal no es simplemente un problema causado por un determinado patógeno. Es una enfermedad multifactorial, donde interactúan principalmente tres factores: el agente infeccioso, las defensas inmunitarias del ternero y el ambiente y manejo al que está expuesto.

Entre los principales agentes que podemos encontrar están Escherichia coli, rotavirus, coronavirus y Cryptosporidium. En terneros algo mayores también pueden aparecer coccidios y salmonelas.

La edad en la que aparece la diarrea puede orientarnos, pero no alcanza por sí sola para establecer un diagnóstico. Tampoco podemos determinar cuál es la causa simplemente observando el color o el aspecto de la materia fecal. Ese es un mito que todavía encontramos con frecuencia en el campo.

El calostro y la condición del ternero son determinantes

Dentro de las defensas del ternero, el calostro ocupa un lugar fundamental.

Un ternero que nació después de un parto difícil, que quedó débil, que tardó en levantarse o que es hijo de una vaquillona, por ejemplo, va a tener un mayor riesgo de enfermarse posteriormente.

Por eso, durante la parición no alcanza solamente con observar que la vaca ya parió. También tenemos que mirar al ternero: si se levantó, si mamó y si tiene fuerza.

“Antes de pensar en el antibiótico, tenemos que pensar en la rehidratación de ese animal.”

La prioridad: evaluar la deshidratación

Cuando encontramos un ternero con diarrea, probablemente uno de los mensajes más importantes sea no pensar automáticamente en el antibiótico.

Lo primero que deberíamos evaluar es la hidratación, porque lo que rápidamente puede poner en riesgo la vida del ternero no es la diarrea en sí misma, sino la deshidratación que provoca.

A campo podemos evaluar algunos signos sencillos. Entre ellos, observar si tiene los ojos hundidos, controlar el tiempo de retorno del pliegue cutáneo y revisar el estado de las mucosas, que pueden encontrarse secas cuando la deshidratación es importante.

También hay dos preguntas prácticas que debemos hacernos: ¿el ternero puede levantarse por sí solo? ¿Tiene reflejo de succión?

Estos datos nos ayudan a determinar la gravedad del cuadro.

Si el ternero se levanta, está atento y mama con fuerza, generalmente podemos manejarlo mediante hidratación oral. En cambio, si permanece echado, no logra incorporarse o perdió el reflejo de succión, estamos ante un cuadro mucho más severo que probablemente requiera hidratación endovenosa o mediante sonda, siempre con intervención veterinaria.

Como regla práctica: si el animal puede pararse y mamar, la hidratación oral es una herramienta fundamental. Si no puede pararse o perdió el reflejo de succión, hay que llamar al veterinario y evaluar una hidratación endovenosa.

No toda diarrea necesita antibióticos

El antibiótico no está prohibido, pero debe utilizarse en aquellos casos en los que realmente esté indicado.

Por ejemplo, rotavirus y Cryptosporidium son agentes frente a los cuales los antibióticos no van a tener efecto. Por lo tanto, podemos estar administrando un antibiótico mientras la causa de la diarrea es viral o parasitaria y, en consecuencia, no vamos a solucionar el problema.

Incluso, su utilización innecesaria puede generar otros inconvenientes.

Los antibióticos tienen más sentido cuando, además de la diarrea, sospechamos una enfermedad sistémica o bacteriana. Por ejemplo, ante un ternero muy deprimido, con fiebre y otros signos compatibles con una infección bacteriana, puede estar indicado su uso.

Por eso, la secuencia debería ser clara: primero corregir la deshidratación y después evaluar si realmente es necesario utilizar un antibiótico.

Rehidratar, el gran secreto

Otro concepto importante es que cuando hablamos de hidratación no nos referimos simplemente a ofrecerle agua al ternero.

Debemos utilizar sales de rehidratación específicamente formuladas, disponibles comercialmente en las veterinarias, y realizar correctamente la dilución indicada.

Como orientación práctica, pueden administrarse aproximadamente 2 a 3 litros, dos veces al día, manteniendo la rehidratación durante al menos dos o tres días, de acuerdo con la evolución y el criterio veterinario.

El objetivo es recuperar el agua y los electrolitos que el animal pierde a través de la diarrea.

En definitiva, la diarrea neonatal bovina debe entenderse como el resultado de la interacción entre el agente infeccioso, las defensas del ternero y las condiciones de manejo y ambiente.

Y frente a un ternero con diarrea, muchas veces la diferencia está en las cosas más simples: detectar temprano, evaluar correctamente la deshidratación, rehidratar y entender por qué ese animal está enfermo antes de decidir un tratamiento.

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