En estos días todo parece vestirse de humo blanco, hay un manto que todo lo cubre y la llegada del Santo Pontífice, nos pone a todos en una situación que más allá de las creencias, debe llamarnos a la reflexión de muchas cuestiones que es difícil medir, cuando en definitiva, no parece tenerse la “misma vara” para todo.
Es cierto que a muchos, no les genera nada, en definitiva más allá de ser el máximo representante de la religión Cristiana, no deja de ser un hombre elegido por hombres, siempre y cuando uno salga de la mirada religiosa y una cierta mística, donde sin dudas el mayor elogio, pasa por todos aquellos que dedican su vida a Dios o a esa idea, la honran con un estilo de vida ayudando y llevando la palabra, enviando un mensaje siempre de paz al mundo, en definitiva, buscando un mundo más unido, aunque la historia misma lo dice, la religión por siempre fue la primera división entre los hombres.
Salvada estas cuestiones, muchos se preparan para su llegada, algunos viajarán para verlo, para acompañar, para ser parte y sobre todas las cosas, escuchar el mensaje que tenga para un mundo que vive en guerras, conflictos, miserias, discusiones, luchas de poder, todas antípodas de lo que puede representar un mensaje de Amor y de unión, que en definitiva, es el que vino a traer Jesús y el Papa mensajero y portador del mismo.
Es raro, sin dudas algunas cuestiones. Porque uno se pregunta: cómo hará el propio Presidente, un tipo que insulta tantas veces como respira, que vive de confabulaciones en su contra, que es incapaz de perdonar el error ajeno –al menos de aquellos periodistas que solo hablaron de una causa que presentó la justicia y que el ahora acusa de traidores-, del odio general que despliega cada vez que habla de quienes no comparten sus ideas.
Pero claro, lo del Presidente sería lo de menos. Porque de la misma forma, una persona que está declarada culpable tras varios juicios y jueces, que a la vista se hizo multimillonaria de un día para el otro, de que somos muchos los convencidos además de que es una ladrona consagrada, corrupta y capaz de haber influido al menos en el asesinato de un fiscal, vivió de “grandes migas” con el Papa anterior y se rasgará las vestiduras cuando llegue el actual. Ahora, será capaz de arrepentirse en voz alta de todos sus delitos, confabulaciones y de haber sido una de las grandes responsables de la destrucción del país? Claro, es el Papa, son los Santos los que alcanzan los milagros.
En menor escala, vestido de Robin Hood, aparecerá seguramente otro de los que en su diccionario cotidiano, figuran los insultos, agravios, un tipo agresivo, todas cuestiones que no deberían figurar en el listado de ningún cristiano, ese mismo que visitaba al Papa anterior y que también hoy debería al menos prometer una mejor conducta, y si es posible, devolver todo lo que malversó, con viviendas que eran para carenciados, pobres y humildes. Robin Hood al menos le robaba a los ricos, para repartirlo entre los que tenían, Juan Grabois le robó a los que no tenían, ni siquiera en eso fue capaz de ser distinto, siendo el que más visitas ha tenido al Vaticano.
Mencionar a otro gran amigo de los Santos Padres: ese que reconocía sentarse con los empresarios armados para intimidarlos, o llevar a un campeón de artes marciales de custodio, siendo quien manejo la economía Argentina, un tal Moreno capaz de todo con tal de “convencer” de sus ideas.
Por último, me encantaría que todos los Diputados, Senadores y Políticos en general, si van a asistir a las celebraciones, si van a escuchar la Santa Misa, si van a mostrar cara de compungidos y encarnando en el mensaje que traiga León XIV, algo que es un hecho casi único, especial y que debemos respetar profundamente, ojalá que ellos –como todos los que asistan por propia voluntad- salgan de ahí dispuestos a que no sea un simple acto de presencia, sino un cambio en sus vidas y con ello, un cambio para un país que vive cotidianamente una enorme hipocresía, que vive de sus mentiras en campaña, haciendo, diciendo, mostrando y generando una cosa, pero en la foto siempre aparecen como si una simple misa, un acto o una bendición de este mensajero, fuera suficiente cuando son el ejemplo contrario, a lo que el propio fundador de la Iglesia vino a proclamar.
Doble vara, es la que hemos tenido siempre y ojalá tras esta visita –si es que creemos en los milagros insisto- comience una sola manera de ver las cosas: sin semejante hipocresía.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo
























