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Sin piedad, la tecnología no perdona

La tecnología no es amable ni posee sentimientos de desprendimiento. Se instala y deja afuera a todo aquel, que no esté dispuesto a evolucionar.

La imagen la hemos visto seguramente en redes, en algunos videos de hace tiempo, en todos y cada uno de los que por una cosa u otra, viajan al primer mundo y se encuentran con algo que ya hace rato viene ocurriendo. Pero al chocarse y chocarnos –porque al verlo en primero persona en un video de un amigo allegado- la imagen sigue impactando, por irreal, por avanzada, por carencia de sentimiento alguno y entender que hay cosas que escalan a tal nivel que nos terminamos preocupando por lo que ello significa.

Mi amigo sentado en el asiento del acompañante y sus dos hijos en el asiento trasero, viajan comandados por una computadora en alguna calle del país del norte. No hay chofer, en un hermoso “Jaguar” que oficia de Uber, el vehículo se entremezcla entre el tránsito y el escáner te permite desde tu celular, elegir la música y viajar a gusto, sin conducción humana alguna. Si ya se, no es nuevo, pero cuando está en primera persona, sigue impactando. Mientras tanto aquí, el “dinosáurico” sindicato de taxis, sigue discutiendo el e-comerce de traslado mientras todavía pretenden un pago en efectivo. Extinción, es su único camino posible.

El debate por estos días pasa una y otra vez por la continuidad o no de este gobierno, con toda la discusión de fondo, si la economía mejora o no, si hay crecimiento, si la inflación, si “la calle”, si el desempleo o la falta de ventas en los comercios. “Un 40% fue el crecimiento de la venta de e-comerce en el último año” dice la fría cifra, que sin dudas impacta. Es decir, que ese 40% no lo venden más los comercios, lo vende alguno de los mercados que están en nuestro celular. Mientras tanto, los comerciantes protestan por las bajas ventas, sumado esto a ciudades con centros muy poco amigables, como puede ser el Bahiense con bicisendas, esquinas solo para descargas, exceso de permisos de invalidez de estacionamiento, etc, etc intentando encontrar algún responsable, de haberse quedado dormidos en algunas cuestiones, mientras el mundo avanza impiadosamente.

“El empleado se jubiló y todavía no conseguí uno que me guste” dice un amigo y colega con campo en Chasicó. “Tuve que viajar por laburo y estaba volviendo de Mar del Plata, cuando vi por las cámaras que tenemos en una torre instalada en las casas, un brillo raro en el Australiano. Giro la cámara a remoto y veo la hacienda amontonada en la bebida. Le pegue derecho, llegué y el flotante se había roto, si no fuera por la cámara, queda el tendal” se alivia este Vete que por estas cuestiones tecnológicas, todavía no llega a preocuparse por no tener empleado, mientras se reparte con su hermano, para ir un varias veces al campo en la semana.

Mientras tanto “Sasha” recorre las calles de Miami. Entrega un pedido por acá, otro por allá y sus sensores le permiten esquivar la gente en las veredas, cruzar las calles y llegar de manera segura y ágil, con el paquete solicitado a la dirección en cuestión. Es un sistema de Inteligencia Artificial, donde el pedido llega por una aplicación y el robot es completamente autónomo. Un delivery que ni siquiera requiere propina.

Son tiempos donde quedarán atrás, aquellos que aún protestando contra determinada política y gobierno, no entienda que salvo los servicios muy particulares, determinadas cuestiones donde el hombre sea irremplazable, la tecnología no tiene contemplaciones, avanza y quien no lo entienda, se queda afuera. No es de izquierda ni derecha, no ajusta ni subsidia, no es inflacionaria, la ineficiencia no está jamás contemplada y es tan fría, como los números que hay que digitar, para hacer el depósito y usarla.

Son tiempos para cabezas muy abiertas, son momentos para estar despiertos y no perder tiempo buscando explicaciones de por qué razón ocurren las cosas. Quien trabaje, quien pretenda ser útil, quien esté dispuesto a ser remunerado por un servicio, deberá ser su mejor versión, porque el reemplazo llegará y es impiadoso, y no está mal que así sea, pensando en un país donde por años el estado, directamente regaló trabajo con una contraprestación bastante discutible, sindicalizada, obscena de derechos y sin comprender los nuevos tiempos.

No es hoy, tal vez no es mañana, pero cada uno de nosotros, tendrá que entender que solo nuestra mejor versión en lo que estemos dispuesto a hacer, será la superviviente de una tecnología que vino a barrer, con cualquier sentimentalismo. La ficción, nos ha alcanzado y mirar para otro lado, es simplemente, mala praxis.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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