Fueron 120 kms a 90 kms por hora, un promedio que cualquier camión cargado traería seguramente en algún lugar del mundo de este 2026. Eso sería sobre una autopista, con vehículos modernos, todos preparados y habilitados para los más de 20 mil kilos que suelen cargar. Pero no, eso fue la velocidad de mi vehículo, ese fue el promedio que logré tras salir vivo –cuando entendés a que te ves sometido- te das cuenta que ese es el único objetivo de llegar a casa.
El paro salvaje que una vez más 50 energúmenos decidieron llevar a cabo en las últimas semanas, es solo una muestra de cuán endeble es absolutamente todo nuestro sistema: primero y principal el de los actores que gobiernan, llámese el Gobernador de la provincia quien tiene supuestamente a cargo el Puerto de esta ciudad y el “dibujo” sentado en el sillón de Ramón Estomba, que si se enteró que en su propio puerto pasó lo que pasó, va camino a coronarse sin mucho esfuerzo, como el peor intendente de la ciudad. Y eso que ha habido muy malos, pero este, es un candidato serio.
Las preguntas serían varias a la hora de poder responder, quién se hará cargo de los millones de dólares –si, dije millones y verdes- que perdió nuestro país en materia de exportaciones en los últimos días. Solo en Bahía Blanca se habla de que estuvieron más de 20 buques “clavados” en el puerto, por la anárquica medida que estos señores decidieron, en confubalación con la inacción gubernamental. En segundo lugar, más de 15 barcos decidieron tomar destino hacia Brasil, es decir, miles de toneladas que ganó nuestro vecino país solo a causa de nuestras pésimas decisiones y la falta absoluta de seriedad al abordar estos temas. Y en Quequén, el otro gran puerto cerealero, el número de barcos parados fue mayor aún. Inexplicable.
Cabe preguntarse donde duerme la justicia, esa que debería a partir de acciones de todas las entidades intermedias – las Rurales, las Bolsas de Cereales, las Cámaras, el propio Puerto- accionar judicialmente contra estos individuos, que se creen dueños de una Argentina, que no les pertenece. Supuestamente, los principales sindicatos, habían “arreglado” sus convenios, pero los “autoconvocados” decidieron que no. Se imaginan en algún lugar del mundo, alguien tratando de explicar que la mercadería no llegará porque en un remoto país del sur del Continente, una manga de foragidos al volante, paró dos de los puertos cerealeros más importantes? Cómo se dirá en inglés “autoconvocado”? Cómo se lo explicas a algún importador, Molino, traeder, o el embajador lo hará através de algún dibujo en una servilleta de alguna embajada, intentando convencer a estos empresarios, que Rosas, Pincén y los indios, hace rato que no están, pero hay una suerte de herederos –protegidos por los gobernantes, la justicia y vaya a saber que otras fuerzas- que impiden que un país exporte. Difícil no?
Lo cierto es que cuando me asomé a la primera curva, llegué a contar unos 30 camiones por delante en esa tanda, a eso en el “sándwich” imaginario hay que sumarle todos los autos que ustedes deseen y a la vez, calcularle los otros 30 de frente, que van pasando de a tandas, siempre con sus correspondientes “remoras” automotrices de atrás. O sea, hacerse de las más infinitas de las paciencias, chuparse detrás de un camión, rezar que este sea lo suficientemente confiable y en sus cabales, y descansar con el volante entre las manos y el acelerador calmo. Pigúe-Bahía, bastante más más de 2 horas de viaje, con la única buena noticia, de haber gastado menos combustible que lo habitual.
La reflexión es que sin dudas, somos mucho mejor conductores de lo que uno podría creer, sino es inexplicable que en esos 120 kilómetros de loura, bajo esa circunstancia –una vez abierto los puertos y liberados los cupos para que todos salgan con desesperación hacia las terminales- no ocurran un mínimo de 20-30 choques diarios, y por lo menos un puñado de fallecidos. Milagroso. Pero si eso ocurriera, tiene responsables: mientras no le digamos basta a la barbarie –como si se hizo con los animales del shooping- estas prácticas extorsivas y multimillonariamente caras para todos, seguirán ocurriendo.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























