Mientras la atención del campo está puesta en la implantación de trigo y cebada, el Ingeniero Gustavo Almassio propuso en Mañanas de Campo Radio mirar hacia atrás para comenzar a cerrar una campaña de maíz que dejó enseñanzas muy claras. Del otro lado del micrófono estuvo Gustavo Thiessen, una de las voces de referencia en el cultivo, quien repasó el comportamiento de los materiales, las diferencias entre estrategias de manejo y hasta contó cómo nació un emprendimiento familiar de panificación artesanal.
El tardío volvió a demostrar por qué es el más estable
Almassio abrió la charla con una pregunta simple: ¿qué balance deja este cierre de campaña? La respuesta de Thiessen fue contundente.
El especialista recordó que el ciclo comenzó con perfiles cargados y una expectativa muy favorable, aunque las excesivas lluvias de septiembre y octubre complicaron las siembras tempranas y obligaron a desplazar gran parte de los planteos hacia noviembre y diciembre. Luego ocurrió algo poco habitual: diciembre y buena parte de enero resultaron secos, condicionando el establecimiento de muchos lotes.
“Lo que fue de mediados de noviembre sufrió bastante más que los planteos tardíos”, resumió.
Según explicó, el comportamiento climático terminó favoreciendo nuevamente a los maíces que lograron atravesar su período crítico durante fines de febrero, marzo y parte de abril, cuando las precipitaciones regresaron con fuerza.
Para Thiessen, el resultado vuelve a confirmar una tendencia histórica de la región.
“Es esa relación que siempre venimos mencionando: de diez años, nueve te gana el tardío y uno te lo gana o empata el temprano”.
El fundamento es agronómico y está ligado a las características del sudoeste bonaerense: perfiles poco profundos, lluvias erráticas y la necesidad de que la floración y el llenado de granos coincidan con el momento de mayor disponibilidad hídrica.

“Lo que tenemos que tratar de hacer siempre es que el período crítico del maíz coincida con un ambiente favorable.”
De todos modos, advirtió que todavía resta conocer el resultado final de muchos lotes tardíos y que la helada de comienzos de mayo podría haber generado alguna merma en los materiales más atrasados.
Macolladores, dobles espigas y el valor de entender cada híbrido
La conversación derivó luego hacia uno de los temas que más viene desarrollando Thiessen en los últimos años: las bajas densidades y los mecanismos de compensación de los híbridos.
Almassio planteó una experiencia personal. Tras el éxito de campañas anteriores, decidió apostar nuevamente por maíces tardíos en lotes complejos, pero este año sufrió problemas de implantación y densidades extremadamente bajas. La pregunta era inevitable: ¿cómo responderán esos materiales al momento de la cosecha?
La respuesta volvió a girar alrededor del conocimiento específico de cada híbrido.
Thiessen explicó que los materiales macolladores poseen una enorme capacidad de compensación, pero también tienen límites. Cuando las siembras se atrasan demasiado y las densidades son muy bajas, los macollos prolongan el ciclo y aumentan la exposición a eventos como las heladas tempranas.
“Si siembro un macollador en ultra baja densidad, muchas veces un ciclo de 120 días puede transformarse en uno de 140 o 150 días”, señaló.
Por el contrario, los híbridos de doble espiga suelen mantener una estabilidad mayor en un rango más amplio de fechas y densidades.
A partir de los ensayos que vienen desarrollando en la zona de Coronel Dorrego, Thiessen destacó que los resultados muestran diferencias claras entre ambos comportamientos, especialmente cuando las fechas de siembra se desplazan hacia diciembre.
La conclusión es que no existen recetas universales.
“Estos últimos años nos permitieron seguir comprendiendo a los híbridos. Cuando trabajamos con macolladores y nos pasamos de determinadas fechas, ya no alcanza con repetir la misma estrategia. Hay que ajustar densidades y manejo.”

“No es cuestión de imponer una tecnología. Es cuestión de entender qué necesita cada ambiente y cada híbrido.”
Levantar los mínimos para mejorar los promedios
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista apareció cuando Almassio mencionó la reciente visita de Thiessen a Lincoln, una región muy distinta al sudoeste bonaerense.
Allí, explicó el técnico, el desafío no pasa por producir más en los mejores ambientes, sino por encontrar estrategias que permitan mejorar los sectores más limitantes dentro de cada lote.
La experiencia dejó una reflexión que sintetiza buena parte de su filosofía de trabajo.
En muchas regiones agrícolas de alto potencial, bajar densidades significa pasar de 70.000 a 40.000 plantas por hectárea. Sin embargo, según Thiessen, los verdaderos mecanismos de compensación comienzan a expresarse recién por debajo de las 30.000 plantas.
Por eso propone trabajar con un criterio simple: definir el rendimiento objetivo de cada ambiente y ajustar la densidad en consecuencia.
“No hay que discutir densidades por ideología. Hay que discutirlas en función del rendimiento objetivo.”
La idea no es resignar potencial en los mejores sectores del lote, sino evitar que los ambientes restrictivos arrastren el promedio general.
“Muchas veces la clave no es aumentar los máximos, sino levantar los mínimos.”
“El rendimiento objetivo implica objetividad. Es conocer el ambiente, sus límites y sus posibilidades.”
Sobre el final de la charla, Almassio sorprendió a Thiessen cambiando completamente de tema. Le recordó que quienes pasen por Dorrego pronto podrán detenerse a comprar pan artesanal elaborado por el propio ingeniero.
Del maíz al pan artesanal
Entre risas, Thiessen contó que se trata de un proyecto familiar nacido de una tradición muy arraigada en su familia de origen danés. Durante años elaboró pan como hobby utilizando trigo producido en el propio establecimiento y molido artesanalmente.
Con el tiempo, amigos y conocidos comenzaron a pedirle panes y galletitas, hasta que decidió dar un paso más y transformar esa pasión en un pequeño emprendimiento.
Hoy elaboran pan de trigo y centeno de producción propia, realizando todo el proceso, desde la limpieza del grano hasta la molienda.

“No todo en la vida es maíz”, bromeó.
Y quizás allí estuvo una de las mejores definiciones de toda la entrevista: detrás del investigador, del técnico y del divulgador, sigue estando el productor que busca agregar valor a lo que genera en su propio campo.
Un cierre diferente para una charla que comenzó hablando de densidades, períodos críticos y rindes, pero que terminó mostrando otra faceta de uno de los referentes más escuchados cuando se habla de maíz.
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