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Alerta ciudadanos: clima y política, una mala combinación

La meteorología no puede ser cautiva de decisiones políticas, que poseedores de una responsabilidad por inacciones, buscan en los “Alertas” esconder sus propias falencias.

La ciudad vive momentos delicados, en un delgado equilibrio la política juega sus cartas y elige la más sencilla de todas, jamás decir las cosas como son, hacerlo, significa sincerar el tiempo perdido, la completa inacción, la total incapacidad de gestionar y toma el camino que hace muchísimos años, tomo la mismísima Iglesia que regía a todos los cristianos: el temor sobre la educación, el miedo sobre la verdad. Nada más sencillo que un fiel ignorante escondido bajo su propio techo.

Nadie niega la gravedad de los hechos climáticos ocurridos en la ciudad, la historia no tiene la capacidad de decirnos si esto ocurrió o no, pero lo cierto es que tanto la turbonada como la inundación, fueron fenómenos que partieron la confianza de cualquier ciudadano hacia la naturaleza, temerosos, sensibilizados y lógicamente, esperando siempre que algo divino, pueda protegernos.

Sin embargo, la realidad indica que lo más sencillo de hacer, es prevenir, pero eso significa, realizar las acciones necesarias para que ante un evento extraordinario, las cosas funcionen, exista el “menor azar posible” y eso en esta ciudad, es poco probable de cumplir. Razones: no se hizo una sola obra desde la inundación, cualquier lluvia importante, será una catástrofe, cualquier viento, volará los miles de postes y cables flojos, arboles sin podar, cartelería sin arreglar o sacar, etc, etc, etc. Todo aquello que se podía mejorar, no se hizo. Por eso, la única medida posible, es el temor. Todos adentro y no habrá más responsables que los cuatro jinetes: tierra, fuego, aire y agua.

En ese delicado juego, la meteorología termina siendo cautiva, presionada, sin herramientas actualizadas, capaces de poder prever a mediano plazo, fenómenos que tal vez, tan solo observando la naturaleza, sea hoy más sencillo que con lo que se cuenta. O acaso alguien cree que el gobierno dijo lo que se dijo sobre el Servicio Meteorológico Nacional fue casual? No, está 50 años retrasado, sin inversiones, sin tecnología y lógicamente, hacen lo que pueden. Y dentro de ello, lograr precisión, no siempre es posible.

Educar es algo que no está en la cartera de prioridades de una parte de una política retrógrada. Mientras nuestros hijos repiten de memoria la “Tenochtitlán, capital del imperio Mexica” son incapaces de marcar donde queda el norte, el este, o si una nube que pasa solitaria tapando el sol, es un frente de tormenta con la capacidad de volar una ciudad entera. Dije hijos? Con el respeto que la ciudadanía me merece, sin ser un especialista en la materia y solo un simple observador de campo por haber vivido en el y vivir de lo que produce, me arriesgo a decir exagerando el porcentaje a favor, que un 50% de la ciudadanía, no entiende que es una sudestada, claro ahora pomposamente “ciclogénesis”, más allá de los tecnicismos y las diferencia, fue ni más ni menos que una muy poderosa de esas que tendríamos que conocer todos los habitantes que vivimos en la costa, como algo normal y natural en sus consecuencias. Claro, cierto, vivimos de espalda al mar y la política se encarga de reforzarlo.

El sistema de alertas solo está generando desconfianza, incredibilidad, insatisfacción y el peor de los efectos: desconocerlos. La palabra “Alerta” es un cartel de importancia, no debería utilizarse más para un simple viento de menos de 60-70 kms por hora que es algo normal en nuestra zona y mucho menos para lluvias de menos de 100 mm, son eventos normales y corrientes, por más que lleve “el amarillo” detrás. Pero claro, cualquier evento en una ciudad abandonada y destruida, podría provocar consecuencias y la política prefiere el temor, al conocimiento, porque de todo lo que no se hizo para prevenir, si es claramente culpable y responsable.

Tal vez, digo como para ser proactivo, sería muy útil que quienes vivimos en ciudades costeras, en corredores ventosos, en la puerta Patagónica, en climas semiáridos, en una ciudad erróneamente construida en un “pozo y tajamares y bañados”, muy propensa a eventos climáticos, debería existir un sistema de enseñanza educativa en escuelas, en trabajos, en empresas, en clubes, etc, donde todos aprendan a leer las coordenadas, los vientos, las nubes, las tormentas y a partir de allí, tomar decisiones sin que el “temor estatal”, entienda que debe esconder a todos, para lavar sus propias culpas y responsabilidades. Temor o educación, Miedo o control, pero como fuera, háganse cargo de la ciudad que les tocó, sin enloquecer a todo el mundo.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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