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Neumonía bovina: por qué prevenir sigue siendo más rentable que curar

Clima, estrés, manejo y diagnóstico temprano forman parte de una enfermedad compleja que sigue generando pérdidas silenciosas en los sistemas ganaderos.

El otoño húmedo y con cambios bruscos de temperatura volvió a encender una alarma conocida en los sistemas ganaderos. La neumonía bovina sigue siendo una de las enfermedades de mayor impacto sanitario y económico, pero hoy el diagnóstico temprano, el manejo y nuevas herramientas permiten adelantarse al problema.

El escenario climático que atraviesa gran parte del sudoeste bonaerense no pasa desapercibido para quienes trabajan en sanidad animal. Después de un marzo con lluvias excepcionales y un otoño con humedad persistente, amplitud térmica y primeras heladas, empiezan a aparecer condiciones ideales para que una enfermedad habitual vuelva a ganar protagonismo: la neumonía bovina.

Aunque suele asociarse únicamente a un cuadro infeccioso, la realidad es bastante más compleja.

“La neumonía no aparece porque llega un patógeno y enferma al animal. Lo que ocurre es que coinciden distintos factores que generan el contexto ideal para que la enfermedad se exprese”, explica el Médico Veterinario Ignacio Álvarez.

Virus y bacterias pueden estar presentes o circulando dentro del establecimiento, pero el verdadero disparador suele aparecer cuando se combinan estrés, cambios ambientales y condiciones del propio animal.

Una enfermedad multifactorial que impacta en todos los sistemas

La enfermedad respiratoria bovina no responde a una única causa.

Entre los factores que predisponen aparecen el destete, el transporte, el hacinamiento, los cambios bruscos de temperatura, la humedad ambiental, el estado nutricional y el nivel de inmunidad del rodeo.

En ese sentido, el momento productivo también pesa.

En tambos, afecta principalmente a terneros durante las primeras semanas de vida. En recría, el período posterior al destete representa uno de los momentos de mayor vulnerabilidad. Y en feedlot directamente constituye la enfermedad infecciosa de mayor importancia sanitaria.

Pero hay un dato que muchas veces queda fuera del análisis.

“El costo más grande muchas veces no es el animal que se muere, sino el que sobrevive y nunca vuelve a rendir igual.”

Álvarez menciona estudios internacionales que muestran que animales que cursaron neumonía —aunque hayan sido recuperados clínicamente— llegan a faena con menor peso de carcasa, peor eficiencia de conversión y menor desempeño general.

Eso significa pérdidas económicas que muchas veces no aparecen registradas.

Cómo detectar temprano la enfermedad y por qué el tiempo cambia el resultado

La detección temprana sigue siendo la herramienta más rentable. Sin embargo, los síntomas cambian según el sistema.

En corrales o feedlot suelen observarse señales claras: animales que se apartan del lote, disminuyen el consumo, presentan fiebre, tos, secreción nasal y respiración acelerada o dificultosa.

También aparece una postura característica: cabeza baja, orejas caídas y actitud de decaimiento. A campo, el desafío es mayor. Con menos observación diaria y más superficie disponible, el animal enfermo puede pasar desapercibido durante días.

“Por eso hay que prestar atención a cambios más sutiles”, explica el titular del Laboratorio que lleva su apellido: “encontramos terneros que dejan de acompañar al lote, animales que permanecen quietos mientras el resto se mueve, tienen como antecedentes un menor acceso al agua, una separación temprana de la madre y disminución del comportamiento exploratorio”, enumera.

“Un animal tratado dentro de las primeras 24 horas responde mucho mejor que uno tratado 72 horas después.”

El tratamiento continúa teniendo como eje el uso de antibióticos cuando existe sospecha de participación bacteriana, acompañado por antiinflamatorios y manejo del ambiente del animal enfermo.

Pero el mensaje es claro: no tratar a ciegas.

Antes de decidir un protocolo, resulta clave realizar diagnóstico, toma de muestras y necropsias para entender qué agentes están circulando.

Vacunas, diagnóstico rápido y una nueva mirada sobre el pulmón

Uno de los conceptos que más confusión genera en el productor es pensar que vacunar equivale a eliminar el riesgo. No es así.

La vacuna reduce impacto y disminuye probabilidades, pero no reemplaza al manejo.

La enfermedad respiratoria bovina involucra múltiples agentes y no todos están presentes en las formulaciones disponibles.

Álvarez menciona especialmente el crecimiento de cuadros asociados a micoplasma, un patógeno cada vez más observado en neumonías crónicas.

“Por eso decimos que una prevención efectiva combina una vacunación planificada, una reducción del estrés, un buen manejo en la recepción de los animales, un diagnóstico temprano, llevar un registro sanitario, hacer tratamientos oportunos”, describe uno a uno para tener en cuenta.

En paralelo, empiezan a aparecer herramientas que ya son habituales en otros países.

Desde Laboratorio Álvarez ya trabajan con protocolos de detección temprana implementados en Estados Unidos: toma de muestras al ingreso del lote, hisopados iniciales y resultados en menos de 48 horas para identificar circulación viral y ajustar medidas de manejo.

“El futuro ya empezó: detectar un problema respiratorio antes de que el animal tenga fiebre.”

Los avances también están llegando por otros caminos.

“Hoy se estudia el microbioma pulmonar —la comunidad natural de microorganismos que habita el pulmón— y cómo el estrés, el transporte o la dieta modifican ese equilibrio. También crece la investigación genética para identificar animales con mayor resistencia natural a enfermedades respiratorias. Y en el plano tecnológico aparecen sistemas de monitoreo con cámaras e inteligencia artificial capaces de detectar cambios de postura, movimiento y patrón respiratorio antes de que aparezcan signos clínicos evidentes”, explica el profesional que vivió algunos años en el extrerior justamente intensificando la especialidad diagnóstica.

A eso se suma una herramienta que ya lleva años instalada en Europa y Estados Unidos: la ecografía pulmonar.

Con equipos portátiles, el veterinario puede evaluar lesiones pulmonares incluso antes de que aparezca fiebre o sintomatología marcada.

Para Álvarez, ese camino ya está trazado.

El desafío ahora no es esperar a que llegue la enfermedad: es aprender a verla antes.

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