Ayer, primer sábado de julio, el mundo celebró el Día Internacional de las Cooperativas, una fecha que invitó a poner en valor el aporte de millones de personas que, desde el trabajo conjunto, demuestran que otra forma de producir, emprender y desarrollarse es posible. Este año, la conmemoración adquirió un significado especial al colocar el foco en un concepto tan necesario como desafiante: la paz.
Hablar de paz en el contexto actual implica mucho más que la ausencia de conflictos armados. Significa construir sociedades más justas, reducir las desigualdades, generar oportunidades, fortalecer el diálogo y promover comunidades donde las diferencias puedan transformarse en acuerdos antes que en enfrentamientos. En ese camino, las cooperativas tienen mucho para aportar.
Desde sus orígenes, el cooperativismo ha demostrado que la colaboración puede prevalecer sobre la competencia desmedida y que el interés colectivo no es incompatible con el desarrollo económico. Por el contrario, la experiencia cooperativa confirma que el crecimiento sostenido encuentra bases más sólidas cuando está acompañado por la participación democrática, la solidaridad y la responsabilidad compartida.
En un mundo atravesado por incertidumbres económicas, tensiones geopolíticas, cambios tecnológicos acelerados y crecientes desafíos ambientales, los valores cooperativos cobran una vigencia renovada. El diálogo, la ayuda mutua, la equidad y el compromiso con la comunidad constituyen herramientas concretas para fortalecer el tejido social y generar confianza, un recurso cada vez más escaso y, al mismo tiempo, indispensable.
La paz también se construye en los territorios. Se construye cuando una cooperativa sostiene el empleo en una localidad, cuando agrega valor a la producción, cuando impulsa la educación, cuando promueve la inclusión de jóvenes y mujeres, cuando invierte pensando en las próximas generaciones y cuando demuestra que el desarrollo puede ser compartido.
En la Argentina, donde el cooperativismo forma parte de la identidad productiva de numerosas regiones, esta fecha representa además una oportunidad para reconocer el trabajo cotidiano de miles de cooperativas que, lejos de los grandes titulares, sostienen economías regionales, fortalecen comunidades y contribuyen al desarrollo nacional desde una lógica basada en la cooperación y no en la confrontación.
El lema elegido para este Día Internacional recuerda que la paz no es una construcción abstracta ni una responsabilidad exclusiva de los gobiernos. Es una tarea colectiva que comienza en cada comunidad, en cada organización y en cada decisión orientada al bien común. Allí reside, precisamente, una de las mayores fortalezas del modelo cooperativo.
Celebrar el Día Internacional de las Cooperativas es renovar el compromiso con un modelo que demuestra, todos los días, que el diálogo, la solidaridad y la cooperación siguen siendo caminos posibles para construir un futuro más próspero y, sobre todo, más pacífico.
José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

























