Los resultados de las pruebas PISA 2025 vuelven a encender una luz de alerta sobre la educación argentina. Nuestros jóvenes de 15 años mostraron dificultades en lectura, matemática y ciencias, en un contexto donde gran parte del mundo también enfrenta retrocesos. Sin embargo, más allá de los números, la pregunta importante es ¿qué país estamos construyendo para las próximas generaciones?
El viernes pasado conmemoramos el Día del Maestro, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento. Quizás este sea un buen momento para recuperar aquella visión que ayudó a forjar la Argentina moderna. Sarmiento comprendió, mucho antes que muchos de sus contemporáneos, que la verdadera riqueza de una nación no estaba solamente en sus recursos naturales ni en su economía, sino en la educación de su pueblo.
Junto con otros grandes hombres de la organización nacional, impulsó la construcción de escuelas, la formación de docentes y la expansión del conocimiento como herramientas para crear oportunidades y progreso. La educación fue concebida como una política estratégica para construir ciudadanía, desarrollo y futuro. Más de un siglo después, los resultados de PISA nos recuerdan la vigencia de esa idea.
Una de las conclusiones más interesantes del informe internacional es que el éxito educativo ya no depende exclusivamente de la riqueza de los países. Hay naciones con menos recursos que han logrado avanzar gracias a políticas educativas consistentes y a una gestión inteligente de sus sistemas escolares. La enseñanza es clara, pues no alcanza con invertir más, aunque tampoco se puede educar sin recursos suficientes. Lo decisivo es tener objetivos claros, buenos docentes y políticas sostenidas en el tiempo.
Otro dato que preocupa es la caída en los niveles de lectura. El problema ya no afecta únicamente a los sectores más vulnerables. Hoy alcanza también a estudiantes de mayores ingresos. En una sociedad dominada por las pantallas, la velocidad y la inteligencia artificial, crecen las dificultades para concentrarse, leer en profundidad y desarrollar pensamiento crítico.
Justamente por eso la educación es más importante que nunca. Porque en el mundo que viene, la ventaja no estará solamente en acceder a la tecnología, sino en saber comprender, analizar, crear y tomar decisiones responsables.
PISA también muestra una señal alentadora para nuestro país, ya que muchos jóvenes de contextos desfavorables logran destacarse académicamente y superar las limitaciones de origen. Es la demostración de que la escuela sigue siendo una poderosa herramienta de movilidad social.
Pero no podemos conformarnos con los casos de éxito. El desafío es elevar el nivel de todo el sistema educativo.
Los resultados de PISA 2025 deben ser leídos como una advertencia, pero también como una oportunidad. Una oportunidad para recuperar aquella convicción que inspiró a Sarmiento, al señalar que el futuro de una nación se construye en las aulas.
Cuando una sociedad apuesta por la educación está apostando por la libertad, el desarrollo y el progreso. Y cuando descuida la educación, compromete su propio futuro.
Así que, pensar en PISA, entonces, es mucho más que analizar un examen; es reflexionar sobre la Argentina que queremos dejar a nuestros hijos y nietos. Y esa es una responsabilidad que nos involucra a todos.
José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

























