Connect with us

Hola, que estás buscando?

Opinión

¿A qué jugábamos cuando éramos niños?

La mejor lección del Día del Niño es aprender que los chicos no necesitan una infancia perfecta. Necesitan una infancia con tiempo para jugar, personas con quienes compartir y recuerdos que algún día puedan contar.

Hoy, en el Día del Niño, quisiera proponer una pregunta sencilla. Una de esas preguntas que parecen pequeñas, pero que pueden llevarnos muy lejos en el tiempo… Papá, Abuelo… ¿a qué jugaban cuando eran niños?

Seguramente, al hacerla, aparezcan recuerdos que estaban guardados en algún rincón de nuestra memoria, porque hubo una época en la que los chicos jugábamos durante horas sin necesitar una pantalla. La calle, la vereda, el patio, una plaza o un baldío podían convertirse en el escenario de una aventura.

Estaba la pelota, por supuesto, y no hacía falta tener una cancha. Alcanzaban dos piedras para marcar los arcos o un par de pulóveres puestos de mojones. Estaban las escondidas, la mancha, la rayuela, la payana, las bolitas, el trompo, las figuritas, los autitos, la soga, la bicicleta.

También estaban esos juegos que no tenían nombre. Juegos inventados en el momento, con las cosas que había a mano. Una caja podía ser un auto. Un palo podía convertirse en una espada. Una sábana podía ser una carpa. Y una tarde entera podía pasar volando sin que nadie preguntara cuánto tiempo llevábamos jugando. Quizás lo más importante no eran los juguetes, sino estar juntos.

Teníamos que esperar al amigo que vivía en la otra cuadra, o tocar el timbre, golpear las manos o gritar desde la vereda: “¡Salí, que nos vamos a jugar a la pelota!”.

Cuando surgía una discusión -porque siempre surgía alguna- había que resolverla entre nosotros. No había un adulto para intervenir inmediatamente, ni un botón para apagar el juego. Había que aprender a ponerse de acuerdo, a ganar, a perder, a hacer las paces y seguir jugando.

Hoy nuestros niños tienen otras posibilidades. La tecnología abrió un mundo enorme y los videojuegos pueden ser maravillosos. Pero quizás el desafío sea que las pantallas no ocupen todo el espacio; porque jugar también es correr, imaginar, inventar. También es aburrirse un poco y descubrir qué hacer con ese aburrimiento. En síntesis, es aprender a compartir.

Por eso, este Día del Niño, además del regalo, quizás podamos regalarles tiempo. Tiempo para sentarnos en el piso y jugar. Para salir a andar en bicicleta. Para patear una pelota. Para jugar a las cartas. Para enseñarles una rayuela, juntar cinco piedritas para que vean cómo era jugar a la payana, o contarles cómo eran las escondidas cuando nosotros éramos chicos.

La mejor lección del Día del Niño es aprender que los chicos no necesitan una infancia perfecta. Necesitan una infancia con tiempo para jugar, personas con quienes compartir y recuerdos que algún día puedan contar.

Así que hoy, cuando nos hagan nuestros hijos o nietos esa pregunta del inicio: Papá, abuelo… ¿a qué jugaban cuando eran niños? Si podemos, dejemos el celular a un lado, y juguemos nosotros también.

José Luis Ibaldi -Para Mañanas de Campo

Te puede interesar

Opinión

Los Baby Boomers no solo vimos cambiar el mundo. Tuvimos el privilegio de recorrer el puente entre dos épocas y de comprender el valor...

Opinión

Un viaje a la infancia desnuda que en otros tiempos, las vacaciones de invierno eran simplemente un viaje interior al barrio propio.

Opinión

No existe riqueza natural que alcance cuando se empobrece el conocimiento. No hay crecimiento económico que sea duradero si una generación entera queda rezagada...

Opinión

Cada generación tiene su propia batalla por la independencia, y la nuestra consiste en construir un país más previsible, más justo, más próspero y...

Copyright © 2011-2024 Infosudoeste - Todos los derechos reservados