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Tiempo de renacer

Agosto termina, pero no se lleva todo; porque deja la experiencia de lo vivido durante el invierno y nos entrega, como una suerte de legado, la posibilidad de comenzar una nueva etapa.

Cansado de tanta chantada de la política y de la justicia, hoy iré por algo más bucólico y esperanzador, porque es lo último que debemos perder los argentinos…

Agosto llega a su fin. Se va lentamente, llevándose consigo los últimos fríos del invierno, las mañanas grises y esa sensación de quietud que muchas veces acompaña a los meses más fríos del año. Y casi sin darnos cuenta, septiembre abre la puerta a la primavera.

Más que un cambio en el calendario, la primavera representa una transformación profunda. Es la naturaleza que vuelve a despertar, que recupera sus colores, sus aromas y sus sonidos. Es la vida que se expresa nuevamente después del reposo invernal.

En el reino vegetal, septiembre es tiempo de brotes, de flores y de crecimiento. Los árboles comienzan a vestirse de verde, aparecen los primeros colores en los jardines y los campos adquieren otra fisonomía. Las plantas responden a una combinación de mayor temperatura y más horas de luz, iniciando nuevos ciclos de crecimiento y reproducción.

También el reino animal siente este cambio. Aumenta la actividad, aparecen nuevas generaciones, regresan algunas especies migratorias y comienza una etapa de mayor abundancia. Insectos, aves y otros animales participan de ese enorme movimiento de la naturaleza que, año tras año, vuelve a ponerse en marcha.

Por otro lado, nosotros, los seres humanos, tampoco somos ajenos a esa transformación. La primavera parece modificar nuestro ánimo. Hay más luz, más ganas de salir, de encontrarnos, de caminar, de abrir las ventanas y dejar que el aire nuevo entre en nuestras casas y también, por qué no, en nuestras vidas.

Después de un invierno que muchas veces nos invita al recogimiento, septiembre nos propone salir hacia afuera. Recuperar proyectos, renovar esperanzas, volver a intentar aquello que habíamos postergado.

Tal vez por eso la primavera tenga un significado que va mucho más allá de lo climático. Porque nos recuerda que los ciclos existen. Que hay momentos para descansar, momentos para esperar y también momentos para volver a crecer.

Agosto termina, pero no se lleva todo; porque deja la experiencia de lo vivido durante el invierno y nos entrega, como una suerte de legado, la posibilidad de comenzar una nueva etapa.

En cambio, septiembre nos invita a mirar alrededor y descubrir que la vida no se detiene; que una semilla aparentemente dormida puede transformarse en una planta; que una rama desnuda puede llenarse de hojas y flores; que los animales responden al llamado de una nueva estación.

La enseñanza más hermosa de la primavera nos señala que renacer no significa volver a ser los mismos, sino tener la oportunidad de crecer nuevamente a partir de todo lo que hemos vivido.

Se despide agosto. Llega septiembre, y con él, la primavera nos recuerda que siempre hay un nuevo tiempo para florecer.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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