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Sorgo: las claves para sembrar a tiempo y lograr una buena implantación en el sudoeste bonaerense

La temperatura del suelo, el cultivo antecesor, la regulación de las cuchillas y la carga del tren de siembra son factores decisivos para establecer el sorgo. En una charla de Mañanas de Campo, el Ing Gustavo Almassio entrevistó al especialista en maquinaria agrícola Guillermo Marrón y repasaron recomendaciones prácticas para aprovechar el potencial de este cultivo, incluso con equipos pequeños y en lotes que vienen de la ganadería.

La siembra de sorgo tiene sus particularidades y no se resuelve simplemente esperando una fecha determinada del calendario. En el sudoeste bonaerense, donde el cultivo cumple un papel importante en los sistemas ganaderos, elegir el momento adecuado y conseguir una buena implantación puede marcar una diferencia sustancial en el aprovechamiento del forraje durante el verano.

En una nueva edición de Mañanas de Campo, el ingeniero agrónomo Gustavo Almassio convocó a Guillermo Marrón, referente en maquinaria agrícola, para analizar cómo encarar la siembra, qué aspectos considerar según el lote y de qué manera regular los equipos disponibles.

La conversación dejó una serie de recomendaciones que van desde la decisión de cerrar un verdeo de invierno hasta la elección del sentido de trabajo, la profundidad de las cuchillas, la presión de los cuerpos y el tapado de la semilla. Más que un artículo, una verdadera guía para la siembra.

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La fecha de siembra empieza mucho antes de entrar con la máquina

Venimos hablando de la utilización del sorgo y ahora es un buen momento para meternos en la siembra. Durante mucho tiempo se repitió que había que sembrarlo alrededor del 10 de noviembre, cerca del Día de la Tradición. ¿Qué cambió?, apunta el especialista en Sorgo en su primera pregunta.

-Hoy tenemos que incorporar más agronomía a la decisión. Hay que mirar la temperatura del suelo, el cultivo antecesor y las condiciones en las que vamos a trabajar. No es lo mismo sembrar sobre un suelo preparado que hacerlo sobre raíces vivas, malezas que todavía no se secaron o un verdeo que viene de ser pastoreado.

La idea es dejar de pensar exclusivamente en una fecha fija y empezar a evaluar qué condiciones tenemos en cada lote. El objetivo es ofrecerle al sorgo un ambiente favorable para germinar y emerger.

En esta época, cuando las lluvias acompañan, muchos productores tienen ganas de sembrar cuanto antes para disponer de forraje durante el verano. ¿Qué temperatura tenemos que esperar? Ahora toma la posta Marrón y se lo pregunta al especialista en el cultivo.

-Como referencia, el sorgo necesita una temperatura del suelo de alrededor de 18 °C para iniciar la siembra con buenas perspectivas. Es importante medirla a la profundidad a la que vamos a colocar la semilla y hacerlo durante varios días consecutivos.

Una forma práctica de evaluarlo es tomar la temperatura temprano por la mañana, aproximadamente a los 3 centímetros de profundidad, y comprobar que alcance los 18 °C durante tres días seguidos.

Si el suelo está más frío, la semilla puede permanecer demasiado tiempo sin germinar y quedar expuesta a problemas, entre ellos los provocados por hongos. Por eso no alcanza con mirar la temperatura del aire ni con entusiasmarse porque llegó un día cálido.

El de las maquinarias sigue el interrogatorio: Entonces, ¿la última semana de octubre puede ser una buena referencia para empezar?

-Puede ser una referencia para comenzar a evaluar la posibilidad de sembrar, pero siempre hay que mirar la temperatura del suelo y las condiciones del lote. No se trata de sembrar temprano por sembrar, sino de hacerlo cuando tengamos un ambiente adecuado para la implantación.

Además, hay que considerar que el sorgo emerge más lentamente que otros cultivos estivales, como el maíz. Esa diferencia de velocidad es normal y no significa necesariamente que la implantación esté fallando.

Verdeos pastoreados: el desafío de llegar a tiempo

El que vuelve a tomar la posta, es Marrón que sigue entrevistando al entrevistador y apunta ahora si a la técnica de siembra: pensemos en una situación muy común en nuestra zona: un lote que viene de avena, que se utilizó para pastoreo y que ahora queremos destinar al sorgo forrajero. ¿Cómo conviene organizarse?

-Lo primero es definir cuál es el objetivo productivo. Si queremos empezar a pastorear el sorgo durante los primeros días de enero, tenemos que intentar sembrarlo lo antes posible, siempre que la temperatura y las condiciones del suelo lo permitan.

Muchas veces ocurre que, por aprovechar hasta el último momento el verdeo de invierno, terminamos sembrando tarde el sorgo. De esa manera, perdemos días de crecimiento y podemos resignar una parte importante del pastoreo de verano.

Si el lote está destinado al sorgo, hay que planificar cuándo retirar los animales, permitir que el suelo llegue a las condiciones necesarias y controlar la vegetación existente. Si hace falta, se puede recurrir a un tratamiento con herbicidas para que no queden plantas verdes compitiendo al momento de la siembra, siempre de acuerdo con el manejo agronómico y las condiciones de uso del producto.

La entrevista vuelve a su curso, y Almassio se pone al frente: En una zona semiárida, aun cuando viene lloviendo bien, uno piensa que hay que cuidar el agua. ¿Tiene sentido hacer una labranza antes de sembrar?

-No necesariamente. Si venimos de un verdeo bien implantado y pastoreado, las raíces han contribuido a generar poros y canales en el suelo. Después hay que evaluar qué ocurrió durante el invierno y cómo quedó el lote.

Si hay sectores muy pisoteados, con huellones o terrones importantes, puede ser necesario pensar alguna intervención. Pero no hay que suponer que todo el lote está en malas condiciones porque haya algunos sectores complicados.

En un ambiente semiárido, hay que tener mucho cuidado con las labores que puedan perder humedad. La decisión debe responder al estado real del suelo y no a la idea de que siempre es necesario removerlo antes de sembrar.

Es decir, si el lote viene de ganadería, no hay que dar por hecho que hace falta labrarlo.

-Exactamente. Hay que mirar cómo quedó. Muchas veces, el manejo del verdeo y del pastoreo ya hizo parte del trabajo. Si podemos sembrar directamente, con una buena regulación de la máquina, no tiene sentido agregar una labor sin una necesidad concreta.

La cuchilla y el tren de siembra: dónde empieza el trabajo

Supongamos que tenemos un lote pastoreado, con algunos sectores pisoteados, y vamos a trabajar en directa. ¿Cuál es el primer aspecto que hay que revisar en la sembradora?

-Lo primero es conseguir que las cuchillas trabajen correctamente en todo el ancho de la máquina. Como referencia, necesitamos que penetren unos 4 o 5 centímetros, de manera uniforme.

Una de las dificultades de las sembradoras modernas, especialmente las de gran ancho de labor, es que la carga no siempre se distribuye de manera homogénea a lo largo del chasis. Por eso hay que comprobar qué sucede en cada sector.

La cuchilla tiene una función fundamental: abrir y acondicionar la franja donde después va a trabajar el tren de siembra. Yo suelo insistir en que la sembradora empieza, en términos prácticos, detrás de la cuchilla. Una vez que conseguimos que esta trabaje bien y deje una franja adecuada, resulta mucho más sencillo regular lo que viene detrás.

¿Qué diferencia hay entre trabajar con un sistema monodisco y uno de doble disco?

-En una sembradora monodisco hay determinadas ventajas para trabajar en condiciones de humedad relativamente elevada. En muchas situaciones, el sistema permite transitar y sembrar con mayor facilidad, siempre que el suelo no esté excesivamente plástico o sellado.

En esos casos, conviene revisar la profundidad de trabajo de la cuchilla, la posición de la zapata y la regulación de la profundidad de siembra. La velocidad también influye en el comportamiento del conjunto.

En una sembradora de doble disco, con una cuchilla adelante, hay que prestar especial atención a cómo trabaja esa cuchilla y a la capacidad del chasis para mantener una carga uniforme. No alcanza con que la máquina tenga muchos cuerpos o una gran capacidad de trabajo: hay que conseguir que cada uno de ellos haga correctamente su tarea.

¿Y qué ocurre cuando tenemos huellas de animales o sectores donde el suelo está muy marcado por el pastoreo?

-Si la huella es más profunda que la capacidad de penetración de la cuchilla, la semilla puede quedar en una condición menos favorable. Por eso tenemos que buscar la mejor manera de trabajar el lote, incluso eligiendo el sentido de avance para favorecer la penetración uniforme de los cuerpos.

Hay que tratar de que todas las cuchillas trabajen de manera pareja. Si una parte de la sembradora queda levantada, podemos tener sectores con una implantación diferente.

Y hay otro aspecto: las sembradoras cada vez más anchas pueden tener dificultades para distribuir la carga de manera uniforme. Hay que observar cómo trabaja el chasis y corregir la regulación cuando sea necesario.

Muchas veces, en los establecimientos ganaderos, el productor no tiene una sembradora de última generación. ¿Puede conseguir una buena implantación con una máquina más sencilla?

-Sí, siempre que la máquina esté bien regulada y se adapte a las condiciones del lote. No hay que confundir tecnología con oportunidad de trabajo.

Un productor que necesita sembrar 30 o 40 hectáreas de sorgo puede tener dificultades para conseguir un contratista en la fecha que necesita, porque en noviembre se concentran muchas siembras. Es probable que un contratista priorice una superficie mucho mayor de otro cultivo.

Por eso, una máquina pequeña puede tener un valor muy importante para el establecimiento ganadero. Le permite decidir cuándo sembrar, sin depender completamente de la disponibilidad de un contratista.

La oportunidad de siembra también es una herramienta de manejo: disponer de un equipo propio, aunque sea pequeño, puede permitir llegar a tiempo con las hectáreas que el productor necesita para alimentar a su hacienda.

Para el productor que tiene un tractor chico y una sembradora sencilla, ¿qué recomendación concreta le darías?

-En ese tipo de planteos, una alternativa que puede funcionar muy bien es sembrar a 38 centímetros entre líneas, siempre que la máquina permita esa configuración y que sea apropiada para el objetivo del cultivo.

Una de las ventajas de trabajar a esa distancia es que se puede concentrar la carga disponible sobre una menor cantidad de cuerpos. Si levantamos algunos cuerpos y distribuimos la carga sobre los restantes, podemos aumentar la presión que ejerce cada uno sobre el suelo.

Eso ayuda cuando necesitamos que las cuchillas penetren en un lote que viene de pastoreo y tiene sectores complicados.

La distancia entre hileras no se debe decidir de manera aislada: también importa el tipo de sembradora, la distribución de los cuerpos y la capacidad de mantener una profundidad uniforme.

¿Qué características debería tener la cuchilla?

-En este tipo de planteos, recomendaría una cuchilla con un diámetro de, por lo menos, 42 a 43 centímetros. También hay que revisar su estado, su capacidad de penetración y la regulación del conjunto.

No alcanza con bajar la cuchilla al máximo. Tenemos que comprobar que trabaje correctamente en el suelo y que el resto del tren de siembra pueda cumplir su función.

Hablaste de la carga sobre las cuchillas. ¿Qué importancia tiene la presión que ejercen los cuerpos que vienen detrás?

-Es fundamental. Una vez que la cuchilla abrió la franja, el tren de siembra debe trabajar con suficiente carga para colocar la semilla a la profundidad prevista y conseguir que quede en contacto con el suelo.

En un lote pastoreado, donde puede haber sectores compactados, hay que prestar especial atención a esa regulación. No sirve de mucho conseguir que la cuchilla penetre si después los cuerpos que vienen detrás no pueden trabajar correctamente.

También hay que considerar la velocidad de avance. Cuando la sembradora trabaja más rápido, el resorte dispone de menos tiempo para responder a las irregularidades del terreno. A velocidades menores, tiene más tiempo para acompañar esos cambios.

Por eso, si el objetivo es lograr una implantación pareja en un lote complicado, no conviene pensar solamente en la cantidad de hectáreas que se pueden hacer por hora. La regulación tiene que permitir que la máquina trabaje correctamente.

¿Qué pasa con las huellas que deja el tractor?

-Es otro punto que suele pasar inadvertido. Las ruedas del tractor modifican las condiciones del suelo en las zonas por las que circulan. Los cuerpos que trabajan sobre esas huellas pueden necesitar una regulación diferente porque las cuchillas tienden a quedar relativamente más altas.

Hay que observar esos sectores y corregir la posición de las cuchillas cuando corresponda, para evitar diferencias de penetración entre las líneas de siembra.

En una máquina pequeña, cada regulación cuenta. Si conseguimos que las cuchillas trabajen bien, que los cuerpos mantengan la carga y que la velocidad sea adecuada, podemos obtener una implantación satisfactoria sin necesidad de tener un equipo sofisticado.

El tapado de la semilla y el riesgo de planchado

Una vez que tenemos regulada la cuchilla y el tren de siembra, ¿qué cuidados hay que tener con el tapado?

-Hay que prestar mucha atención, sobre todo en suelos pesados. Si el surco queda demasiado cerrado o el suelo se compacta, puede dificultarse la emergencia. En sectores bajos, donde puede acumularse agua, también existe el riesgo de anegamiento y falta de oxígeno para la semilla y las raíces.

Por eso es importante dejar una franja de suelo bien acondicionada, que permita la implantación, y evitar que el tapado genere una superficie excesivamente compactada.

En algunos suelos ganaderos, especialmente los más limosos, puede formarse una costra superficial después de una lluvia. Eso dificulta que la plántula atraviese el suelo. En esos ambientes hay que ser cuidadosos con la profundidad y con la forma en que cerramos el surco.

¿Qué significa, en la práctica, dejar el suelo lo más negro posible?

-Significa que la cuchilla tiene que trabajar de manera que deje una franja despejada y bien acondicionada, con la menor cantidad posible de residuos que interfieran en el surco. Esa franja puede calentarse más que el suelo cubierto por residuos y favorecer el crecimiento inicial.

En determinadas condiciones, la diferencia de temperatura puede ser importante, incluso de 4 a 5 °C entre la franja trabajada y el suelo cubierto. No es un valor fijo: depende de la humedad, los residuos y las condiciones ambientales.

Cuando buscamos una siembra temprana, esa condición adquiere más importancia porque el suelo todavía puede estar relativamente frío.

Pero hay que encontrar un equilibrio. No se trata de remover indiscriminadamente, sino de lograr que la cuchilla prepare una franja adecuada y que el tren de siembra pueda colocar y tapar correctamente la semilla.

Entonces, para resumir, ¿hay que clavar bien la cuchilla, darle carga a los cuerpos y no tapar demasiado?

-Exactamente. En los lotes complicados, el objetivo es que la cuchilla haga su trabajo, que el tren de siembra tenga suficiente carga y que la semilla quede bien ubicada, con humedad y en condiciones de emerger.

Si el surco queda demasiado profundo o se compacta excesivamente, podemos generar problemas que después son difíciles de corregir. El sorgo tiene capacidad para desarrollar y cubrir espacios, pero no hay que confiarse en esa característica para descuidar la implantación.

En el campo uno ve lotes que vienen bastante desparejos y que después terminan cubriéndose con sorgo. Es un cultivo que sorprende por su capacidad de adaptación.

-Es cierto. Muchas veces vemos plantas muy pequeñas al principio y, unos días después, con humedad suficiente, el cultivo empieza a cubrir el terreno de una manera notable.

Pero esa rusticidad no significa que podamos sembrarlo de cualquier manera. Si tenemos una mala distribución, diferencias de profundidad o problemas de anegamiento, vamos a condicionar el desarrollo del cultivo desde el comienzo.

La clave es trabajar con lo que tenemos. Si el productor cuenta con una sembradora sencilla, hay que conocerla, regularla y aprovechar sus posibilidades. Si tiene un equipo de mayor tecnología, también debe verificar cómo está trabajando en ese lote.

Y en el caso de las pequeñas superficies, ¿qué mensaje le dejarías al productor ganadero?

-Que no subestime la importancia de llegar a tiempo. Si tiene que sembrar pocas hectáreas y depende de que un contratista encuentre un espacio en medio de la campaña de gruesa, puede terminar sembrando más tarde de lo conveniente.

Una sembradora pequeña, bien regulada, puede resolver una necesidad concreta del establecimiento. Lo importante es que la oportunidad de siembra, la condición del lote y la regulación del equipo estén alineadas.

Las principales recomendaciones para tener en cuenta
  • Temperatura del suelo: utilizar como referencia los 18 °C a la profundidad de siembra y verificar la evolución durante varios días consecutivos.
  • Planificación del pastoreo: retirar los animales a tiempo cuando el objetivo sea disponer de sorgo para pastorear desde comienzos de enero.
  • Cultivo antecesor: evaluar cómo quedó el lote y evitar labores innecesarias que puedan comprometer la humedad.
  • Cuchillas: buscar una penetración uniforme, con unos 4 o 5 centímetros como referencia de trabajo, según las condiciones del suelo y la regulación del equipo.
  • Distancia entre hileras: considerar los 38 centímetros como una alternativa para determinadas sembradoras pequeñas, siempre que resulte adecuada para el planteo.
  • Diámetro de las cuchillas: en los equipos mencionados, tomar como referencia un diámetro mínimo de 42 a 43 centímetros.
  • Carga de los cuerpos: asegurar que el tren de siembra mantenga suficiente presión para colocar la semilla a la profundidad deseada.
  • Velocidad: no priorizar exclusivamente la capacidad de trabajo por hora; una velocidad adecuada favorece la respuesta de los resortes y la uniformidad.
  • Tapado: evitar surcos excesivamente profundos o compactados, especialmente en suelos pesados, y prestar atención al riesgo de planchado y anegamiento.
  • Sentido de avance: elegirlo teniendo en cuenta la condición del lote y la posibilidad de conseguir una penetración uniforme, incluidas las zonas afectadas por las ruedas del tractor.

La charla entre Gustavo Almassio y Guillermo Marrón dejó en claro que una buena siembra de sorgo empieza con la planificación y continúa con la observación del lote y la regulación de la máquina. En un cultivo fundamental para los planteos ganaderos del sudoeste bonaerense, llegar a tiempo y conseguir una implantación pareja puede ser tan importante como elegir correctamente el material genético.

El intercambio continuará con una segunda parte, en la que se profundizarán otros aspectos de la siembra de cultivos estivales y las decisiones que los productores deben tomar antes de entrar al lote.

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