La campaña 2026 quedará marcada como una de las más destacadas para la cabaña 23 de Noviembre. Con una presencia sobresaliente en las exposiciones de Coronel Dorrego, Saavedra, Bahía Blanca, Coronel Suárez y Coronel Pringles, el establecimiento de la familia Alazábal logró imponerse en los principales escenarios de la región, con grandes campeones y reservados en distintas muestras.
Para Néstor Aldazábal, conocido en el ambiente como el “Ruso”, los resultados representan mucho más que una sucesión de premios. Son el reflejo de un trabajo de selección que busca animales funcionales, productivos y capaces de responder a las exigencias de los sistemas ganaderos actuales.
El balance de la campaña llegó acompañado por un pequeño accidente personal que lo obligó a bajar momentáneamente el ritmo. Sin embargo, ya en recuperación, el cabañero destacó que ese contratiempo no opaca lo conseguido durante un año en el que la competencia volvió a demostrar el crecimiento de la raza y el nivel de los criadores del sudoeste bonaerense.
Una competencia cada vez más exigente
El recorrido de 23 de Noviembre por las exposiciones regionales tuvo una particularidad: no se trató de un triunfo aislado, sino de una campaña con resultados sobresalientes en plazas de reconocida exigencia y con una competencia que continúa elevando su nivel.
“Las exposiciones vienen con un nivel cada vez más alto. La participación de todos los colegas es cada vez mejor y eso hace que los resultados puedan variar de un año al otro”, explicó Aldazábal.
El cabañero valoró especialmente la evolución de muestras como las de Dorrego, Saavedra y Coronel Pringles, además de la tradicional importancia de Bahía Blanca y Coronel Suárez. En todas ellas, la calidad de los ejemplares presentados refleja el trabajo que vienen realizando las cabañas y la mejora sostenida de la genética.
La campaña fue extraordinaria para 23 de Noviembre, pero también dejó en evidencia el crecimiento general de la raza y el alto nivel alcanzado por los criadores de la región.
Aldazábal evitó atribuir los resultados exclusivamente a los méritos de su establecimiento. Consideró que este año la cabaña tuvo la posibilidad de mostrar un conjunto de animales que se destacó, aunque remarcó que sus colegas también vienen trabajando muy bien y que la competencia es cada vez más pareja.
En ese contexto, la regularidad de 23 de Noviembre en distintas exposiciones adquiere un valor particular: habla de una selección que busca sostener un objetivo productivo y no depender únicamente de un ejemplar sobresaliente.

Genética, información y un mercado que responde
Otro de los aspectos centrales del balance fue el comportamiento comercial. Según explicó Aldazábal, las expectativas iniciales quedaron por debajo de lo que finalmente ocurrió tanto en los precios como en la cantidad de animales demandados.
La respuesta de los compradores se observó en las exposiciones, en los remates y también en las ventas particulares realizadas directamente en los establecimientos. Un escenario que, a su entender, genera condiciones favorables para continuar invirtiendo en genética y mejorar los rodeos comerciales.
“Hay que aprovechar el momento. La relación insumo-producto es muy buena y tenemos que seguir reinvirtiendo y apostando al desarrollo genético”, sostuvo.

El Toro Reservado Gran Campeón en Bahía Blanca, terminó siendo el mejor vendido: 42 millones de Pesos.
El Ruso consideró que este contexto beneficia tanto a las cabañas, responsables de producir y ofrecer genética, como a los criadores que la incorporan para multiplicarla en sus propios rodeos. El resultado final debe reflejarse en todas las etapas productivas: desde el destete y la recría hasta la terminación del novillo.
“El desafío ya no pasa solamente por elegir un toro por su aspecto: cada vez más productores buscan información genética para tomar decisiones y mejorar los resultados de sus rodeos”, aseguró el además Médico Veterinario.
En ese sentido, destacó el avance de la información genómica y la mayor atención que los compradores prestan a los datos disponibles. “El productor actual pregunta, compara y analiza qué características necesita incorporar, una evolución que también se observa durante los remates”, reflexiona.
Para Aldazábal, esa transformación es positiva porque eleva las exigencias para todos los eslabones de la cadena y obliga a las cabañas a respaldar su oferta con información cada vez más completa.
La elección de un reproductor, explicó, no depende de un único modelo de animal ni de una preferencia universal. “Algunos productores pueden buscar ejemplares de mayor tamaño y otros priorizar características diferentes. Lo importante es identificar qué genética se adapta mejor a cada sistema y qué parámetros tienen mayor relevancia según los objetivos productivos”.

Esa diversidad de alternativas es, precisamente, una de las fortalezas que observa en la raza. La combinación de biotipos, datos y herramientas de selección permite responder a las necesidades de distintos planteos ganaderos y a los requerimientos de la industria.
Una campaña que deja la vara más alta
La temporada 2026 consolida a 23 de Noviembre como uno de los grandes protagonistas de las exposiciones del sudoeste bonaerense. Los resultados obtenidos en cinco plazas diferentes respaldan el trabajo de selección de la familia Aldazábal y la consistencia del conjunto presentado.
Pero el balance también deja una conclusión que excede a la propia cabaña: la mejora genética, la información y la capacidad de producir carne con eficiencia son cada vez más determinantes en la ganadería.
Con una demanda que superó las previsiones y productores más atentos a los datos que acompañan a cada reproductor, el escenario abre nuevas oportunidades para quienes apuestan a la calidad.

Para el Ruso Aldazábal y su familia, el desafío será sostener lo conseguido y continuar trabajando en una genética que combine características raciales, funcionalidad y productividad. Después de una campaña con grandes campeones en toda la región, la vara quedó más alta para la próxima temporada.
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