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Mancha: una vieja y vigente enfermedad que no perdona

Aunque existe una vacuna de alta eficacia, la mancha continúa causando bajas en los rodeos. Las lluvias, el buen estado corporal de los animales y los errores en los esquemas de vacunación son factores que obligan a mantener la prevención en el centro de la estrategia sanitaria.

La mancha es una de las enfermedades clásicas de la ganadería, pero su presencia recurrente demuestra que todavía representa un problema en los establecimientos. Se trata de una afección que puede provocar la muerte súbita de los animales, incluso de aquellos que presentan las mejores condiciones de desarrollo, y que cuenta con una herramienta preventiva de probada eficacia: la vacunación.

En diálogo con Mañanas de Campo, Ignacio Álvarez, del Laboratorio Álvarez, repasó las características de esta enfermedad, explicó por qué suele afectar a los terneros de mejor estado y puso el foco en un aspecto fundamental: vacunar no es suficiente si no se cumple el esquema completo.

Una bacteria que permanece en el suelo durante años

La enfermedad es causada por Clostridium chauvoei, una bacteria capaz de formar esporas que pueden permanecer durante mucho tiempo en el ambiente. Por esa razón, el agente está presente en los campos y puede volver a provocar casos, aun cuando no se hayan registrado antecedentes recientes en el establecimiento.

La explicación más aceptada sobre el mecanismo de infección indica que el animal ingiere la bacteria al consumir pasto contaminado. Una vez dentro del organismo, puede llegar a los músculos y permanecer allí en estado latente. Cuando se produce un golpe, un traumatismo o alguna lesión que genera falta de oxígeno en el tejido muscular, la bacteria encuentra las condiciones para activarse y desencadenar la enfermedad.

Uno de los aspectos que más preocupa es la velocidad con la que evoluciona. “En muchos casos, el animal muere en menos de 24 horas y, generalmente, no presenta signos clínicos evidentes. En algunas ocasiones puede observarse renguera antes de la muerte, pero la muerte súbita suele ser la principal señal de alerta”, explicó el profesional.

La categoría más afectada comprende animales de entre seis meses y dos años, con especial incidencia en los terneros que presentan mejor estado corporal. También es habitual que se registren casos en períodos lluviosos y después de cambios de potrero.

La importancia de reconocer las lesiones y completar la vacunación

Durante la necropsia, las lesiones características suelen localizarse en los grandes músculos, especialmente en los cuartos traseros. Allí pueden observarse áreas oscuras, casi negras y secas. En algunos casos, al palpar externamente la zona, se percibe una sensación de crepitación bajo el cuero.

Sin embargo, Álvarez advirtió que la revisión no debe limitarse a esos músculos. El corazón también puede estar afectado con frecuencia, e incluso existen casos en los que constituye la única localización visible de las lesiones. Por eso, recomendó prestar atención también a la base de la lengua y al diafragma.

Frente a una muerte súbita en un ternero de la edad y condición corporal compatibles, la mancha debe figurar entre las primeras sospechas. “Una buena historia del caso y la identificación de las lesiones características permiten orientar el diagnóstico con un alto grado de certeza. Si existen dudas, es posible recurrir al laboratorio mediante muestras refrigeradas de tejido muscular para realizar pruebas como la PCR”, recomienda Alvarez.

Pero el punto central de la prevención es la vacunación. El profesional destacó que la vacuna contra la mancha se encuentra entre las herramientas sanitarias de mejor respuesta a campo y consideró que su aplicación representa un gasto plenamente justificado.

“El esquema habitual contempla una primera dosis alrededor de los tres meses de edad y un refuerzo a los 21 días. Según la situación sanitaria del establecimiento, también pueden indicarse dosis posteriores al destete y al año, especialmente en rodeos con antecedentes de la enfermedad” asegura.

Un error frecuente es considerar que una sola aplicación alcanza para proteger al animal. Álvarez insistió en que el refuerzo es indispensable y recordó que, al cambiar de marca de vacuna, es necesario leer cuidadosamente las etiquetas para verificar que el producto incluya efectivamente los agentes clostridiales. No todas las vacunas combinadas ofrecen la misma cobertura.

Qué hacer cuando aparecen casos en el establecimiento

Ante la aparición de un brote, el manejo de la hacienda también resulta importante. La recomendación es retirar los animales del potrero afectado cuando corresponda, movilizarlos con tranquilidad, evitar golpes y situaciones de estrés y consultar al veterinario para definir las medidas sanitarias, incluida la vacunación del lote.

Otro aspecto que no debe descuidarse es el destino de los animales muertos. Debido a la persistencia de las esporas en el suelo, el cadáver debe manejarse con especial cuidado. El enterramiento, cuando sea posible y adecuado a las condiciones locales, es una de las alternativas señaladas para reducir la contaminación del ambiente. La disposición debe realizarse siguiendo las indicaciones del veterinario y las normas sanitarias vigentes.

La recomendación es no dejar pasar una muerte sin investigar su causa. La necropsia permite orientar el diagnóstico y, una vez identificada la enfermedad, tomar decisiones para reducir el riesgo de nuevas pérdidas.

El análisis: una vacuna eficaz no admite descuidos

En su análisis, Ignacio Álvarez puso el acento en una contradicción que se repite en la ganadería: una enfermedad conocida, para la cual existe una vacuna de muy buena eficacia, continúa provocando muertes que podrían prevenirse.

Su planteo es claro: la presencia de la bacteria en el ambiente hace que el riesgo no desaparezca porque hayan pasado varios años sin casos. La prevención debe sostenerse de manera permanente, con especial atención a los terneros de buen desarrollo y a los períodos en los que las condiciones favorecen la aparición de la enfermedad.

Para el profesional, la clave está en cumplir correctamente el plan sanitario y no confiarse por haber aplicado una primera dosis. También es fundamental verificar qué componentes contiene cada vacuna, especialmente cuando se cambia de producto o de marca.

La mancha no es una enfermedad nueva, pero sigue recordando que los errores en la prevención pueden tener consecuencias inmediatas. En un rodeo, perder de manera repentina a uno de los mejores terneros no solo significa una baja productiva: también puede ser la señal de un problema sanitario que exige actuar rápidamente.

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