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Opinión

Dignidad, la mejor de las herencias

La mirada muestra que enfocados en lo económico, muchos no entienden que hay una batalla más profunda: la dignidad, algo que hoy está en juego.

La larga caminata permite volar un rato con la mente, mientras el calor de la tarde parece poseerlo todo. Por un rato agarro la botella, meto un sorbo y la miro de reojo, esperando que desista por un minuto y que el descanso sea un opción para cortar las más de tres horas de caminata que llevamos sobre los 35 grados en plena costa de algún lugar del mundo. “Me dijeron que es un poco más allá, debe faltar media hora más”, dice como al pasar, como si lo hecho hasta ahora, fuera poca cosa. Se levanta, se vuelve a acomodar el sombrero y arranca fresca como una lechuga. Un espíritu inquebrantable, un día más alguien que siempre fue para adelante.

La mirada allá lejos y hace tiempo, me remonta a viajes y excursiones, a largas jornadas donde verla llegar a la noche era lo más corriente, sus obligaciones, sus viajes por la zona, sus eternos “trajecitos” y sus actos escolares, eran una rutina en casa, donde la otra Susana – la abuela- era la que llevaba el ritmo de la casa, mientras que la que laburaba y ponía el lomo, no parecía nunca dispuesta a la queja, esa que hoy parece corriente, cuando muchos a pocos días de las elecciones, se quejan porque “no hay plata en la calle, porque hay poco laburo, porque ya no puedo ahorrar”.

Muchas veces he pensado en eso de las “oportunidades” cuando allá por la ciudad de Tandil, venían empleados de mensuales de campo, hijos de simples municipales, o como en mi caso, herederos de una docente viuda, todos empujados no por una billetera, sino por el enorme motor de llegar a algo.

No creo que sea bueno hacer diferencias, comparaciones o simples alegorías de unos o de otros, pero si estoy seguro que vivimos en una sociedad donde “embuchados de derechos”, todos entienden que hay cuestiones ganadas, que los sacrificios no deben ser tales y que los logros, son un mérito ganado sin esfuerzo, esa es la “igualdad social” a la cual nos han acostumbrado y que muchos faltos de memoria, en una semana tal vez no entiendan que no están hipotecando el futuro “económico” de sus hijos sino lo que realmente están rifando, es la cultura del trabajo, del sacrificio, de la educación, de la cultura, de la seguridad y sobre todo, de la dignidad, esa que en el nombre de “platita en los bolsillos” muchos están dispuestos a regalar, sin pensar por un segundo, que la plata más que nunca, es lo de menos.

Seguramente a mi vieja le puedo reclamar muchas cosas, pero jamás podría enlistar en los pendientes el haber aprendido, que lo “poco” a veces es mucho, que no hacen falta ni grandes lujos, ni ostentaciones, ni cosas que muchas veces nos dicen son importantes, cuando la vida pasa claramente por otro lado. Tal vez ni siquiera lo supo en su momento, pero el solo ejemplo de ver en casa que alguien siempre apostó a lo digno, fue sobradamente suficiente para ver más allá del “ahora 12”, de los viajes por el mundo o de que realmente se discuta por lo económico, cuando aquellos que “mamamos en casa” que hay otras prioridades, tenemos muy claro que es “lo que no queremos” para nuestras vidas.

Mi vieja paso por todo: Perón, Militares, Alfonsín, Menem, De La Rua, Néstor, Cristina, Mauricio y hasta se tuvo que fumar a don Alberto, y sin embargo, siempre siguió discutiendo por lo mismo: la decadencia, el quebranto, la cada día más destruida, educación Argentina. Y siendo docente, jubilada, y empleada pública por mil años, sigue creyendo que el problema no es la plata.

Tal vez no sea el mejor editorial, quizás como día de la madre podría rendirle homenajes más importantes- merecidos por cierto-, pero seguramente si hay una herencia que dejó firmada, es que la única limitante para aquellos que creen que las oportunidades son algo que te tienen que dar, es justamente entender que las únicas que realmente te da la vida, es la que vos estés dispuesto a pelear. Lo otro, lo otro tal vez es suerte.

Dentro de una semana, habrá una nueva oportunidad para seguir peleando, por tu supuesta platita, o por un futuro, definitivamente diferente. Y, como buen hijo de mi madre, simplemente votaré mirando para adelante, buscando mis propias oportunidades, sin humo y sin mentiras, para atrás, solo hay fantasmas y sobre todo, mucha, pero mucha falta de dignidad.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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