El momento es uno de esos “icónicos” en la historia del cine, su significado va mucho más allá de una simple escena, donde “Morfeo”- uno de los protagonistas de la película- le ofrece dos opciones a “Neo”, el actor principal de este increíble film. Existen dos pastillas para este rebelde que se siente incómodo en una realidad que justamente, le suena ficticia. Pastilla roja o pastilla azul, esta última es la que permite una continuidad del estado de vida actual, sin saber su significado o huir de la verdad absoluta para permanecer en ese estado que creemos genuino. Morfeo describe ese plano como “despertar en la cama sin preocuparse por el destino” o lo que pueda suceder. La pastilla roja, representa la solución para conocer la verdad oculta de la vida. El sabio lo interpreta como “permanecer en la madriguera del conejo”, frase que se asocia a la continuación del aprendizaje basado en mentiras o hechos no comprobados, los cuales se establecieron en el mundo para romperlas y obtener la libertad.
Todo esto que de ficción no tiene nada, es una clara explicación filósofo-psíquica de lo que hoy le ocurre a la Argentina y a una importante parte de la ciudadanía. La Matrix nos dio todo, comodidades, un supuesto bienestar económico, pocas horas de trabajo, subsidios fáciles de conseguir, vacaciones financiadas, plata en la calle, empleos ficticios, comerciantes cómodos sin demasiada competencia, carne abundante en la mesa y todo parecía que estaba al alcance de la mano, una vida fácil y sencilla, como si fuera un ritual romano donde la orgía, era a la que se sometía a una parte del sector productivo, de toda la infraestructura, del futuro del país, con la simple sumisión de ir hacia un sistema esclavo donde nadie podía asomarse fuera de la Matrix.
Y de tantos habitantes sintiendo “la rara sensación” de la irrealidad, eligieron la pastilla roja. Y allí, comienza el dolor, el sufrimiento, el fuertísimo golpe con una realidad que se cayó a pedazos y que aún, continúa en este estado de purificación, que nos tiene a todos en carne viva, pero que es ni más ni menos que la realidad absoluta. Un país destruido, sin crédito, sin inversiones, sin credibilidad, un pobre país con un supuesto rico potencial.
De qué hablamos? Alguien pensó que consumiendo hasta la última vaca, tarde o temprano no lo íbamos a terminar pagando con una carne que en el mundo es un privilegio y aquí, era comida para mascotas? Por un instante entienden que los cientos de cortes de luz son parte de un sistema obsoleto que jamás recibió una inversión para que la luz fuera prácticamente gratis? Esto es extensible para el gas, la salud, las mismas rutas de hace 50 años, los servicios, la educación, absolutamente todo lo puesto al servicio de la ficción de la Matrix, tarde o temprano se derrumba, o creen que en Cuba –el modelo preferido de los creadores de nuestra Matrix- hoy vive sin luz, sin combustible, sin tecnología y todas las carencias al igual que Venezuela, porque todo lo ficticio en algún momento, se derrumba y la realidad sale a flote. Hoy estamos mal, pero es lo real, jamás estuvimos bien, para estarlo, hubo que fundir el país.
No es seguramente el mejor momento, tal vez muchos estén cansados de la realidad y se pregunten si no es más cómodo seguir mintiéndonos y creyendo que este país fundido, robado, siniestrado, manipulado, vaciado por completo, con millones de empleados sostenidos por esa Matrix, realmente puede tener un futuro que no sea la destrucción absoluta?
Cada día nos debemos preguntar, si la libertad requiere un sacrificio lo suficientemente importante, para regalar nuestras vidas y nuestro futuro, y volver a la pastilla azul y donde todo parece un cuento de hadas, pero manipulado por una idea, cuyo único objetivo es manejar a todos con la mentira y la corrupción, mientras “dormimos cómodamente” sin importar que el país se haga pedazos.
El fin de la Matrix, duele, ojalá muchos no se hayan enamorado tanto de la mentira, que se olviden que la dueña de la ficción y sus secuaces, aún esperan con que la liberen de la “tobillera”, para volver a dormirnos a todos, en el sueño eterno de un confort inventado.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

























