En el programa radial Mañanas de Campo, el Ing. Gustavo Almassio dialogó con el productor Guillermo Irastorza sobre una campaña de trigo y cebada que dejó números excepcionales en la zona de Coronel Falcon y Coronel Dorrego, con foco en el clima, la fertilidad del suelo, el manejo de malezas y la importancia de priorizar el resultado económico por sobre el rendimiento potencial.
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Una cosecha fuera de lo común
La nota siempre tuvo una coincidencia clara: aun en una zona acostumbrada a planteos defensivos, la campaña fina terminó sorprendiendo: Irastorza fue contundente: la campaña fina 2025/26 quedará en la memoria.“Tengo setenta años y nunca vi una cosecha así”, afirmó, remarcando que no se trató de lotes puntuales sino de campos completos con rindes muy por encima de lo esperado. Si bien hubo situaciones de heladas y problemas sanitarios aislados, el balance regional —especialmente en trigo— fue ampliamente positivo.
El comportamiento climático fue determinante. Lluvias bien distribuidas, temperaturas moderadas y ausencia de golpes de calor permitieron que trigo y cebada transitaran el ciclo con una estabilidad poco habitual.
Fertilización, agua y decisiones de manejo
Uno de los ejes técnicos de la entrevista fue la toma de decisiones frente a un cultivo que venía mejor de lo planificado.
—Cuando el trigo viene tan bien, ¿cómo se decide si volver a fertilizar o no?
—Este año no fertilizamos ni una sola hectárea. Miramos el CBU y decidimos no hacerlo. Veníamos de muchos años de vicia, arveja, garbanzo y descanso, y el suelo respondió.
El resultado fue contundente: rindes altos y niveles de proteína cercanos al 11%, similares a los de lotes fertilizados. Para Irastorza, en zonas con limitantes estructurales, el agua sigue siendo la variable clave, por encima del nitrógeno.
“Si no tenés nitrógeno, cosechás menos; si no tenés agua, no cosechás nada”, resumió.
Trigo, cebada y el peso de las malezas
Aunque la cebada ocupa gran parte del sudeste bonaerense, esta campaña mostró mejores resultados en trigo. Los suelos pesados y el exceso hídrico afectaron más a la cebada, incluso en términos de calidad.
—Mencionaste errores propios, especialmente en malezas. ¿Dónde estuvo el problema?
—El error empieza cuando decidís sembrar un potrero que ya sabés que está sucio. El rye grass no se arregla con graminicidas postemergentes; se maneja con rotación y preemergencia.
Irastorza fue claro al señalar que el manejo de malezas es una cuestión de planificación a largo plazo: bajar el banco de semillas, rotar cultivos y aceptar que la convivencia con malezas es inevitable, pero controlable.
Mirar el margen y no solo el rinde
Hacia el cierre, el productor dejó una reflexión que atraviesa tanto a la agricultura como a la ganadería: los años excepcionales también requieren cautela.
—¿Qué enseñanza deja esta campaña?
—Que hay que mirar la diferencia que queda en el bolsillo, no solo el rinde. Y desacelerar un poco. Los años buenos también se terminan.
La entrevista cerró además con un reconocimiento a los bomberos voluntarios y vecinos rurales, protagonistas silenciosos frente a los incendios que afectaron la región durante el verano.
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