Son muchos frentes los que día a día vemos a la hora del “combate” de esta Argentina, enferma y desgastada de corrupción, entuertos, kioscos, política, injusticias, Estado y otros, que al intentar comenzar a “tirar del hilo” imaginario, provoca la más movilizante de las sensaciones a la hora de emprender hacia un futuro más promisorio: incertidumbre.
El Estado ha sido en los últimos 50 años –por poner un número redondo- el padre de todo: trabajo, sociedad, economía, infraestructura, cultura, seguridad, justicia, todo lo mismo que ha contaminado, es lo que a la vez, ha generado y sostenido a un país impedido de crecer, por su mismo administrador. Y en este paso de intentar desarmar las estructuras, se generan distorsiones y asincronías, que nadie sabe cuales son sus reales consecuencias, en caminos que en realidad ninguno de nosotros ha transitado todavía.
Es cierto que no se puede poner en marcha, algo que está enfermo por donde se lo mire: eso es vialidad, un organismo totalmente corrupto y apestado de “cajas” viciadas, donde a cada metro de cualquier camino o ruta dispuesto a arreglarse, hay alguien que algo se está llevando. Y entonces? No hacemos más nada? Imposible, el país sigue moviéndose, el parque automotriz crece con la población, la producción no para de superarse. Y por otro lado, los contribuyentes, seguimos pagando, por eso la pregunta: y donde está yendo toda esa plata que no es devuelta en obras?
Por otra parte, muchos –me incluyo- festejamos en primera instancia los fallos donde los municipios deben devolver los impuestos cobrados sin retribución en cuestiones de caminos y deben exponer que se hicieron con esos fondos. Pero a la vez, se abre una nueva grieta: alguien cree que a partir de ahora esos municipios harán algo con la tasa vial? No la cobrarán, pero los caminos, que Dios se encargue, ellos no lo van a hacer.
Y así el listado es infinito: por eso poco a poco, en esta crisis que todo lo mezcla, escuche en más de una oportunidad ante los cambios propuestos, la posibilidad de ingreso de enfermedades, ante un Senasa “desmantelado” y sin presupuesto alguno. A decir verdad, ese mismo organismo, fue “colonizado” peligrosamente hace ya más de 20 años, por la ideología y no por el conocimiento, al igual que otras tantas administraciones técnicas, dejaron de tener profesionales idóneos, para llenarlos de “idéologos” por lo que hoy hablar del peligro de ingreso de enfermedades u otras cuestiones, es la consecuencia de lo anterior, no pasa simplemente por lo que hoy ocurre, más allá de que no se puede delegar la única función por la cual el Estado es fundamental: el control público, sanitario, bromatológico y neutral, algo que de manera privada, es imposible generar.
Lo peligroso de todo esto, es que cuando se desarman estructuras arraigadas, la anarquía suele ganar algunas cuestiones y ya la generación de “dudas” contínuas, marca un camino peligroso donde nunca sabremos si lo que ocurre de aquí en adelante es una cuestión azarosa o provocada, esa es la más siniestra de las realidades cuando muchos no están dispuestos a entender que el mundo cambia y avanza y como en las cuestiones sanitarias, no podemos vivir aferrados a un pasado lleno de errores pero de los cuales, no debemos hacernos cargo para siempre.
Vivimos muchas caras, pero la que nos toca, la del sector agropecuario, tiene más responsabilidades hoy que ninguna otra. Porque ante un gobierno dispuesto a darle alas, a dejarlo competir, a permitirle eso tan postergado que es la mirada a un mediano-largo plazo, es algo que debemos “devolver” a la sociedad estando a la altura de las circunstancias. Y para eso, hay que ponerse “al frente de los problemas” no quedarnos en el eterno reclamo hacia un Estado que está en pleno achique y necesita que sectores líderes, se hagan cargo del rol fundamental que hoy, se les ha delegado.
Para cerrar la idea, un tal Henry Ford, dejó esta frase que parece “a medida” de un campo que aún parece no entender, cuál es el rol que hoy viene a ocupar: “reunirse es un comienzo, mantenerse juntos es un progreso, trabajar juntos, es un éxito”.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























