Hay palabras que no tienen traducción exacta, pero que dicen mucho más de lo que aparentan. “Sisu” es una de ellas. Popularizada por una película, este término finlandés no se deja encasillar fácilmente, pues es coraje, es resiliencia, es una fuerza interior que aparece cuando ya no queda nada más.
Sin embargo, hoy no quiero hablar del personaje de ficción. Quiero hablar de los “Sisu” de la vida real.
Todos conocemos a alguien así. Tal vez no pelea contra soldados ni atraviesa paisajes de guerra, pero enfrenta batallas igual de duras. La incertidumbre económica, la sequía o la inundación que no da tregua, la inseguridad, la injusticia cotidiana, o simplemente la lucha silenciosa de levantarse cada día cuando todo parece cuesta arriba.
Los “Sisu” no hacen ruido. No buscan aplausos. No se viralizan. Son aquellos productores que vuelven a sembrar después de perderlo todo. Son las familias que siguen apostando al trabajo cuando los números no cierran. Son los comerciantes que levantan la persiana aun sin saber si van a vender. Son los ciudadanos comunes que no bajan los brazos, aunque la realidad les dé motivos de sobra para hacerlo.
En tiempos donde abunda la queja -muchas veces justificada-, los “Sisu” aparecen como una forma distinta de plantarse frente a la vida. No desde la negación de los problemas, sino desde la decisión de enfrentarlos. No es optimismo ingenuo, sino determinación pura.
Quizás lo más interesante es que los “Sisu” no son heroicos en el sentido clásico. No tienen épica de película. Tienen constancia, esa terquedad noble de seguir adelante cuando ya no hay incentivos externos, cuando nadie mira, cuando el esfuerzo parece invisible.
En la Argentina hay mucho de eso. Hay una cultura del aguante, del trabajo, de la persistencia, que no siempre se reconoce. Pero está latiendo en cada historia anónima que sostiene el entramado social y económico.
Tal vez no usemos la palabra “Sisu” para describirlos, pero se la practica todos los días.
Más allá de las películas, los verdaderos “Sisu” no están en la pantalla. Están en la vida misma; en esa decisión íntima, casi obstinada, de no rendirse.
Será por eso por lo que, en estos tiempos difíciles, eso ya es, en sí mismo, un acto extraordinario.
José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo


























