Esperar. Siempre esperar, mientras tanto el entorno es lo importante. Entenderlo, empatizar, tratar de ser uno solo, no hay forma de lograrlo contaminándolo, ya sea con ruidos, olores y otras situaciones.
En la comparación es la misma siembra, esa que uno prepara mucho antes, elige el cultivo, su técnica, lo implanta en el momento más adecuado, y luego, el clima muchas veces será, quien haga gran parte del resto. Aquí todo es parecido, la programación es un ritual de todos y cada uno de los pescadores, uno de los artes tal vez más antiguos que conozca el hombre.
El lugar puede ser variado, Mares, Ríos, arroyos, lagunas y cuanto cauce tenga vida, será “el suelo elegido” para implantar lo que esperamos cosechar. Justamente para lograr ese fruto, hay que elegir cuidadosamente el cultivo a obtener. Esa es la carnada.
Tal vez se parezcan demasiado, pero aquí los rituales son todo. El día elegido- siempre mirando al igual que el que cultiva- cuanto pronóstico exista. Los vientos, las temperaturas, son la obligación de todo sembrador pescante. Y allí estará una parte importante del éxito, porque quien goza del arte de pescar, no siempre el fruto es lo valioso –aunque lógicamente es el premio mayor- lo que importa, es el día vivido.
Y ahí estará, cuál análisis de suelo habrá mareas que estudiar, las “pleas” las “bajas”, cada uno con sus preferencias, con su momentos, si el Río está o no crecido, muchos apuntan a la luna, como el causal o no de éxitos y fracasos. Porque también, las estaciones cuentan, como una suerte de “verdeos”, los inviernos y veranos, tienen sus estaciones de protección, de crías y de otros, todo es tenido en cuenta.
Dijimos entorno? Aquí es fundamental entender en qué lugar estamos, comprender cuál será el sitio donde ese pescado podría elegir para acercarse. Si es profundo, si hay rocas, si hay comida en abundancia o tal vez, la cosa sea más simple. Pero mimetizarse, es entender que pescar es cultivar, es ser uno mismo con el ambiente, no hay manera de no sentirse parte, hacerlo es ir contra el propio arte.
La paciencia es todo. Esperar, esperar y esperar ese momento, sentir más allá de una línea que nos habla, que nos toca, que nos llama a veces en una suave caricia, a veces en brusco “chicotazo” o un simple tirón. Y allí, nace otra espera, ahí comienza a crecer el arte, de no arrebatase, de saber sumarse a la corriente cuando sea necesario, es como la vida misma, pelear y tirar pocas veces nos lleva a algún lado, la pesca, es subirse a las necesidades del otro, cuando hay descanso, cuando hay furia, cuando hay desesperación, allí en ese momento, nace la paciencia.
Y en este arte primitivo que para muchos es mal llamado un “deporte”, se encierran sentimientos que van desde la empatía al egoísmo, porque el fruto cosechado es comida obtenida para dar lugar a una de las más viejas “cadenas alimentarias” de predador y presa, pero también alimenta los egos de quienes solo por lograr una foto y no mucho más, dejan “piezas” en orillas, no devuelven lo que no consumen, no respetan “biologías”, “predan” por ejercicio, realizan el más cruel de los actos de matar por matar.
Pescar es mucho más que una caña, un anzuelo y un hombre parado en la orilla. Es la comunión exacta del hombre primitivo, respetuoso, comulgado en la naturaleza y sabedor de su entorno. Es retornar a un origen donde se extraía lo justo y necesario para sobrevivir, es entender que solo sembrando correctamente, hay una cosecha posible, pero ella siempre, depende de la madre naturaleza, la que rige todo lo que muchas veces el hombre, pasa por alto. Pescar, es sobre todas las cosas, creer, un acto tan simple como tan elemental.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























