Llueve y para muchos es una maldición, increíble, eso mismo que en muchos momento del año casi suplicas, en gran parte de los campos argentinos, se transforma en un problema.
Y no hablamos de los potreros y de las miles y miles de hectáreas inundadas, suponiendo que esto es también parte de la desidia de docenas de años y gestiones, que no han hecho absolutamente nada, ya no para solucionar el drama clásico de las cuencas, la mala disposición del drenaje de las encadenadas, el eterno problema de muchos médanos que impiden el cauce natural hacia las costas, ni que hablar de canales clandestinos, desviaciones de cauces, rutas que pésimamente hechas se transforman en diques de contención, puentes y rutas que son “volados” una y otra vez, cada oportunidad que los milimetrajes superan el promedio, es parte del sinfín de repeticiones propias de la mala praxis y desidia general. Y de las ciudades, poco por decir, Bahía Blanca, encabeza el peor de los ejemplos.
Pero lo cierto es que la producción agropecuaria es la única capaz de sostener la maldita frase del ex mandatario Duhalde: el campo, está condenado al éxito, y no habrá nada que lo detenga, basta los ejemplos de gran parte de los inútiles que gobernaron la Argentina estos últimos 50 años, atrasando, denostando, apostando al no crecimiento, etc etc. Nada, imparable, por eso, es un problema cada vez más grande, esto de que por ejemplo se estará cosechando esta campaña ni más ni menos que unas 150 millones de toneladas, mientras crecemos día tras día en ganadería. Todo eso, con peores caminos que hace 50 años.
Llueve y hay que cerrar los caminos. Se dejan de dar guias o permisos de transitos, llueve y hay que recurrir a la mayor de las pericias si es que se tiene la suerte de ser un oligarca con 4×4, los que no lo son, olvidarse de transitar, los caminos de tierra, no permiten que la ideología circule. Llueve y si no son de los pocos caminos que están entoscados –realmente crename son contados con los dedos de la mano en toda la provincia- y no solo puede simplemente circularse, sino que además no se romperán. Porque claro, eso es lo que ocurre en cada uno de ellos, llueve y se destrozan.
En estos días charlando con un dirigente agropecuario, me comentaba que estaban por recibir un dinero para arreglar “x” caminos de la zona: “para qué le dije?”, a lo que se me quedó mirando con asombro. “Si para que”, le repito seguro de mi mismo. “Para que la próxima lluvia quede igual? No será momento de romper con esta lógica de “arreglos” y encarar definitivamente un mejoramiento?”. Seguramente alguno pensará que si no se arreglan, mucho menos podrían mejorarse. Pero lo cierto es que transitamos –vaya paradoja de palabra- hace 50 años el mismo problema y si vamos a la frase más lógica de la historia – “no busques soluciones haciendo siempre lo mismo”- es ahí donde se responde fácilmente la pregunta. Reparar no, hay que cambiarlos y para eso el campo, debe estar en primera persona.
Son tiempos históricos en muchas cuestiones, pero para el campo, sin dudas es uno de ellos. La Ganadería con el mayor poder de fuego de la historia, la agricultura rompiendo sus propios techos año tras año, la economía sabedora de que el gran impulsor del cambio, está en el campo. Tal vez, el reclamo de retenciones cero, es hoy un error técnico, al menos para este momento donde sabedores de una sensibilidad social compleja, donde entendiendo que el Estado no se hará cargo al momento de cuestiones estructurales, prima urgentemente ideas innovadoras, cambios de paradigmas, reclamos que no queden en simples quejas y poner en marcha el viejo “público-privado” que sobradamente las pocas regiones con caminos y consorcios como la gente, han sabido sacar adelante. Y si no, para ejemplo, aplaudamos los juicios a municipios por tasas viales, no ejecutadas. Con justicia con pantalones, hacer política y verso, tal vez empiece a no ser tan fácil.
No hay manera de seguir creciendo bajo los mismos fundamentos, siempre señalando al estado como el gran problema y no buscando en el las soluciones. Si en 50 años o más las cosas no cambiaron en el campo –los caminos mal que mal son su pertenencia- indudablemente el campo es parte del problema. Cambiar la mirada, la cabeza y transformarlo en acciones, es parte del enorme desafío que viene por delante, al menos si lo que se desea, es no seguir maldiciendo, las benditas lluvias.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























