El clima siempre es el clima y cuando además la mirada la ponemos sobre el Sudoeste bonaerense, la lluvia “paga doble”, esa es la sensación tras ir viendo el final de este mes de Marzo, que comenzó con la soga al cuello tras el intensísimo verano y concluye con la mejor de las caras, “a maceta llena” poniéndolo en términos agronómicos.
Y más allá de que todavía para muchos no pasó la “borrachera” de la super campaña de fina del 25, los precios, la calidad, la logística y otras cuestiones, tomaron una vía paralela donde aquello inicial, fue tomando sabor a poco y muchos aún, andan a las vueltas intentando cobrar alguna cebada, otros con trigos en litigio y la sensación de que no todo lo que brilla es oro. La gruesa? Con sus altibajos, en este reverdecer de otoño, los girasoles en muchos lugares son los que “salvarán la ropa”, con maíces que aún no se dan por vencidos y con el mayor de los interrogantes con un “ítem” que podríamos debatir cien programas enteros: el valor del arrendamiento.
La buena praxis dirá que se pide lo que se paga, pero también es cierto que aparece alguien siempre dispuesto a pagar números, que no cierran en ninguna cuenta. Para los que pagaban en kilos de carne, la cosa se puso peleada, lo que significan buenos números del ternero, también lo son a la hora de los alquileres y campo que se deja, campo que alguien lo agarra, con valores donde la rentabilidad, no parece ser tenida en cuenta.
En cultivos, ni que hablar. Lo que está en soja en lugares de mejores lluvias, la tirantez de los presupuestos parece no cerrar nunca, como tampoco existen campos sin alquilar, grande, chico, mediano, siempre hay alguien atrás que paga lo que nuestras cuentas eran poco posibles y mientras ello siga ocurriendo, no habrá manera de sincerarlo. Para muchos, es buen precio no desarmar equipos de trabajo, diluir superficies de hectáreas con otras que sean rentables y las cuentas, bueno las cuentas se verán a fin de campaña.
“La ciencia y las decisiones transitan por dos vías diferentes” dice mi amigo Gustavo, que hace cuentas y los números no le cierran. “Nadie lo dice en voz alta, pero todos lo piensan: tarde o temprano, el sistema va a colapsar. Las agronomías están al rojo vivo, las multinacionales con la venta de productos ejercen una presión descomunal” asegura, mientras cada semana me entero que desfilan Ingenieros despedidos de muchas empresas que perdieron la batalla de los objetivos de venta, en una carrera “cuasi armamentista” tras semillas, funguicidas, curasemillas, fertilizantes, herbicidas cuando en la otra vereda, los profesionales intentan una y otra vez, ajustar los sistemas con menos aplicaciones, más rotaciones, descansos, cultivos de servicio y el manual más ajustado del manejo agronómico, intentando que las cuentas cierren de alguna manera, más allá de que las Agronomías, los acopios, las cooperativas, hace rato, se convirtieron en verdaderos agentes crediticios, hipotecando muchas veces sus propios capitales.
Y del otro lado, lo dicho por nuestro gurú ganadero, “la invernada tiene que bajar”, no fue un mandato, fue lógica pura cuando los mostradores dijeron basta y los operadores seguían pagando números que no habrá exportación capaz de levantar. La lógica no tiene dos caras, tiene una sola, el problema que muchos se acostumbraron que por estas tierras, la bicicleta “lava los pecados” y sin bicicleta, tarde o temprano el “porrazo” contra la realidad, tiene que llegar.
No se trata de pesimismo, se trata de realidades. A mayores números, a mayores facturaciones, crece la imperiosa necesidad de que nadie quede colgado del pincel, porque justamente con el volumen que significa una compra, la quiebra llega y con ella el efecto domino de los que están por debajo. Tiempos de negocios prudentes, donde los márgenes son reales y la ficción, quedó para otros tiempos.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























