El martillero pide 200 millones de pesos para la apertura y suena a descabellado, “va a trabajar de gusto” fue lo primero que salió en la crítica y a los pocos minutos lo superaba con holgura, llegando a los 300 millones de pesos. En dólares, son unos 207 mil para que cada uno haga la cuenta que quiera, si hablamos que el toro Angus colorado, “Alvaro” fue adquirido su 50% por esa cifra y varios socios. Un par de días antes, otra de las emblemáticas cabañas de la Argentina, tenía un remate para guardar en “un cuadrito”.
La mañana es fría y el viento arrecia bastante fuerte, como para que el puñado de 50 ganaderos, no la pase del todo bien. Sin embargo, todos escuchan atentamente y felices a un hombre cuyo temple, debería aparecer entre los grandes maestros de la resiliencia. Es todo pasión, conocimiento extremo de pedigrees, datos genómicos y una de las mayores cualidades que un ganadero puede tener: escuchar, entender, respetar y no dejar de producir, mirando el ambiente que lo rodea. “Hace 10 años no vendíamos un toro, hoy, todos los centros genéticos de la Argentina tienen varios toros nuestros”, ejemplifica Alejandro en una mirada que debe ser tomada por todos, como el camino de que “lo posible” existe.
Mientras tanto el “tío” Trump está dispuesto a todo, a la hora de bajarle el precio a la carne procesada en los Estados Unidos, borrando aranceles durante 90 días, para que todos hagan fila e intenten venderle la carne al menor precio posible. El mayor drama de los países ganaderos del mundo, es un problema conjunto: todos –Argentina a la cabeza- tienen un severo problema de stock y su reposición, es una carrera muy difícil ya no de ganar, simplemente de competir.
El veganismo pasó de moda, tras la pandemia, quienes quieren gozar de salud en el mundo, deben consumir proteínas y la única capaz de asegurar todos los nutrientes necesarios, es la cárnica, el resto corre de atrás. Eso provocó que el planeta de repente, presione un mercado que durante años, estuvo maltratado, mal vendido, poco promocionado y en casos como la Argentina, “Kirchnerizado”, con lo devastador que suele ser cualquier política, que de ese movimiento provenga. Por eso, hoy por más bajo que esté el consumo interno, lo que hay, alcanza con lo justo y lo que necesita el mundo, es muchísimo más de lo que podemos prometer.
Sin bancos, con créditos aún muy verdes y con valores que rompieron cualquier pronóstico, reponer la mercadería significa triplicar el mayor sueño de cualquier ganadero: la vaca no vale mil dólares, ahora cualquier ternero lo vale y las buenas vacas, valen eso por tres. Por supuesto, venir de afuera y entrar al negocio, es casi como entrar borracho y con plata al casino, peligroso para un país que nunca tiene, el final escrito, más aún, apenas a un año de las próximas elecciones.
La agricultura transita un momento de crisis, de mercado, de cosecha, de valores y no hay forma de que para el ganadero hoy, no resulte barato el grano. De hecho, todo parece barato, insumos, infraestructura, y hasta el lujo de que posiblemente, no haya más nada ineficiente que la ganadería, aún destetando apenas el 65% de lo producido, un verdadero disparate a la hora de poner en valor un producto, que solo puede generar ganancias.
Desenfrenados, esa podría ser la definición de un sector que por años, fue pisoteado, ninguneado, frenado al extremo y hoy se encuentra en la situación de poder elegir, poder sumar, poder expresar todo su potencial, y por una vez en mucho tiempo, poder proyectar, algo que es vital para el sector y su desarrollo. Por eso, la ganadería hoy es el mayor ejemplo, del daño que la política es capaz de provocar, haciendo que su recuperación, sea de una manera espasmódica y llamativa.
Como sea, es un tren a la carrera que será difícil detener, pero también es cierto, que debe medir su entusiasmo, apuntar a una eficiencia aún lejana y capitalizar el momento, porque la meseta en algún momento va a llegar y allí es vital, estar en equilibrio para una mejor salud económica, emocional y poder disfrutar así en el país de las vacas, un logro cuyo único responsable, es cada uno de los ganaderos que aguantaron, la peor Argentina de la historia.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

























