Febrero marca, para muchos sistemas ganaderos y mixtos, el inicio de las decisiones estratégicas vinculadas a los verdeos de invierno. Si bien el principal bache forrajero se concentra en el verano, anticiparse con una correcta planificación permite llegar al invierno con alternativas bien implantadas, ya sea para pastoreo directo, confección de reservas o incluso para cosecha de grano.
En ese contexto, el Ing. Santiago Arditti responsable de comercialización y asesoramiento de Semillera Guasch sostiene que febrero es el mes donde empieza a jugarse buena parte del resultado. “Siempre digo que, de manera práctica, a partir de la primera lluvia después del 15 de febrero hay que salir a sembrar. Antes puede ser riesgoso: un golpe de calor o un período seco pueden afectar seriamente a la plántula”, explica.
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Si bien algunos productores comenzaron a sembrar hacia fines de enero, Arditti considera que se trata de una fecha algo anticipada para la zona, especialmente si no se cuenta con buena humedad en el perfil.
La semilla, la sanidad y la elección varietal
Uno de los primeros aspectos a definir es la semilla. Más allá de la especie o variedad a implantar, Arditti remarca que la calidad es un punto crítico. “Hay que arrancar siempre con análisis de poder germinativo y pureza. El año pasado fue húmedo y hubo condiciones muy favorables para enfermedades, muchas de las cuales se transmiten por semilla”, advierte.
Arrancar con semilla analizada, de buena calidad y correctamente tratada es clave para asegurar una buena implantación desde el inicio.
En ese sentido, el uso de curasemillas cobra especial importancia. El técnico recomienda acompañar la semilla con fungicidas y, en el caso de siembras tempranas, sumar insecticidas. “El pulgón temprano puede frenar el desarrollo inicial del cultivo y retrasar el primer pastoreo, por eso conviene prevenir”, señala.
En cuanto a especies, la avena continúa siendo el verdeo más utilizado en la región. Arditti destaca que en los últimos años aparecieron variedades mejoradas, especialmente avenas blancas, que muestran mayor producción y mejor comportamiento frente a enfermedades. “En ensayos locales se ve claramente la evolución genética: cada lanzamiento supera al anterior en rendimiento y sanidad”, comenta.
Manejo de la siembra: escalonamiento, consociaciones y promoción
Pensar el verdeo solo como una siembra puntual quedó atrás. Hoy, el manejo del sistema forrajero incluye estrategias como la siembra escalonada, que permite ordenar mejor los momentos de utilización. “Evita tener todo el pasto junto y entrar pasado al pastoreo. Es una práctica que se está adoptando cada vez más”, explica Arditti.
Otra estrategia en crecimiento es la consociación de gramíneas con leguminosas, especialmente con vicia. “La vicia es la leguminosa estrella de los verdeos. Mejora notablemente la calidad del bocado y, además, empieza a devolver nutrientes al suelo”, destaca.
La consociación con vicia mejora la calidad forrajera y suma fertilidad al sistema, con muy buenos resultados en campo.
En cuanto a densidades, Arditti recomienda trabajar con 20 kg/ha de vicia villosa, tanto en siembras puras como consociadas. Lo que se ajusta es la gramínea acompañante: una avena sembrada sola suele implantarse con unos 60 kg/ha, mientras que en consociación se baja a 35–40 kg/ha. También menciona muy buenos resultados con triticale y centeno, por su similitud de ciclos y, en el caso del centeno, por la altura que ayuda a despegar la vicia del suelo.
Respecto al sistema de implantación, los verdeos de invierno responden bien a la siembra directa, siempre que se acompañe con el paquete tecnológico adecuado: fertilización, semilla curada y monitoreo temprano.
Una práctica frecuente en la zona es la promoción de avena, aprovechando la semilla remanente en el lote. El profesional de Guasch recomienda no adelantarse demasiado: “No arrancaría en enero. Lo ideal es esperar la primera lluvia después del 15 de febrero, monitorear bien pulgones y estar muy atentos al control de malezas, porque al mover los primeros centímetros del suelo también promovemos nacimientos”.
En cuanto a la profundidad de siembra, el técnico señala que lo ideal es trabajar entre 3 y 4 centímetros, pudiendo llegar a 5 en búsqueda de humedad. “La avena es bastante plástica y responde bien, incluso cuando se tapa con rastra, siempre que no quede demasiado superficial”, concluye.
Con planificación, asesoramiento técnico y una correcta elección de semillas y manejos, febrero vuelve a posicionarse como el mes clave para sentar las bases de un invierno con buena oferta forrajera y mayor previsibilidad productiva.
Carlos Bodanza – Infosudoeste


























