Con 83 años mi amigo Juan se siente que aún, tiene mucho para dar. Es frecuente verlo en los remates, conoce los precios como nadie y quien lo ve por primera vez, está muy lejos de poder acertar lo que dice su documento. “La verdad nunca tuve grandes conocimientos pero la pasión me trajo hasta acá” dice orgulloso de su hacienda la que muchos creen integra una cabaña pero sin embargo, no va más allá de un rodeo seleccionado.
“Mi mujer me dice –ya está Juan dejalos que sigan” refiriéndose a los hijos, con los cuales tiene idas y vueltas, “es muy difícil, solemos chocar seguido con las decisiones” mientras continúa con los dichos de su mujer quien lo alienta bajo lo logrado, “si jamás pensaste que ibas a llegar hasta donde llegaste?” le plantea para que definitivamente haga un paso al costado.
La historia de Juan se replica por todos lados. La continuidad o no es un planteo diario de cientos de establecimientos, que muchas veces en remates escuchamos como esta misma semana, “por cierre de actividad se venden estos lotes de invernada y cría” reza el anuncio de la consignataria. Durante el remate lo saludan afectuosamente y el hombre entre resignado y triste, ve como gran parte del esfuerzo de su vida, se va tras un martillazo.
Podríamos entrar en el largo debate si los jóvenes de hoy están comprometidos, si hay cantidad de sucesores disponibles dispuestos a “tomar la posta”, si el sistema no los ha ido excluyendo de a poco, si los años de “escuchar pesares” han jugado en contra de las decisiones laborales o profesionales en las edades del curso de vida a seguir, si la falta total de inversión en estructura de caminos, pueblos abandonados, falta de comunicación, lejanía de los centros urbanos de importancia –escuelas más calificadas, universidades, etc- todos motivos para el futuro poco a poco se vaya diluyendo.
Tal vez –y esto es muy discutible- la complejidad ganadera también haya perdido la pulseada, cuando solemos ver en jornadas de capacitación agrícola un número significativo de jóvenes respecto a lo que vemos en un remate o en la misma correlativa, en una jornada ganadera.
Pero aquí, volvemos con Juan: existe un espacio real de crecimiento, de debate sincero, de verdaderas libertades a la hora de encarar la sucesión pero al momento de tomar decisiones? O aquí es donde siempre prevalece la lógica de la experiencia y los “nuevos aires o ideas” quedan truncas antes de levantar vuelo? Hay una fuerte autocrítica de parte de quienes hoy tienen la misión de formar, preparar y dejar espacio para los errores de los que están aprendiendo, o como dijo Juan “chocamos constantemente” sin entender que no todo se puede hacer como lo hace uno y la única manera de continuar es dar un paso al costado, sosteniendo, apoyando y aconsejando, y no simplemente “coartando” libertades? Es un interrogante, no es una aseveración, pero como historia muy repetida entre padres e hijos –salvo excepciones que las hay y muchas- tal vez esta sea la principal causa de la falta de continuidad.
El campo no es una simple propiedad. Su valor va más allá de una cuestión de capitales, de patrimonio, sino que a la vez contiene valores productivos, familiares, culturales, hasta incluso geográficos para muchos parajes o localidades que han tenido en una familia, el apoyo y crecimiento de toda la zona producto de la importancia emitida desde ese solo establecimiento.
La reflexión invita a poder entender que un día todos no estaremos y si bien la difícil palabra “delegar” es un ejercicio complejo para todos, en ella nace el futuro de lo que hoy tenemos en nuestras manos y la inteligencia radica justamente en hacerlo a tiempo.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























