Hay cosas que son difíciles de explicar, menos aún de poner en palabras, no hay manera de describir sensaciones que solo de vivirlas es la única forma de poder comprenderlas. Por eso la semana que me tocó vivir fue un verdadero “compendio ilustrado” de todas ellas, muchas donde las explicaciones no cuadran, donde lo intelectual queda al margen, donde lo que ocurre, pasa directamente en un plano que no tiene que ver con la lógica.
El sector agropecuario es un sector que por años ha sido maltratado, después podemos discutir si le va bien o le va mal, pero ha peleado por años con el desprecio de una gran parte de la política argentina, la cual se dedicó a alimentar un odio irracional hacia quienes producen y tras años de mantenerlo con “el pie en la cabeza”, tan solo con dejarlo ser y liberarle algunas de las muchas trabas, bajarle un poco las retenciones, permitir que el mercado funcione como ocurre con la hacienda, fueron todos disparadores para que en la semana hayamos visto, no solo el potencial que el campo es capaz de alcanzar, sino más bien de lo que motivado está capacitado para hacer.
Lo vivido en Expoagro, no es casual, es el resultado de miles y miles que por una vez, sienten que pueden y los dejan, ir para adelante, solo eso, no hay otra cosa de por medio, no hubo ni créditos extraordinarios, ni tasas super preferenciales, ni grandes bonificaciones, ni siquiera –salvo en ganadería- cambiaron mucho los mercados. No, lo que hubo, es “bandera verde” y con tan solo eso, el campo es capaz de llevarse puesto todo lo que le pongan adelante, no existe un solo sector capaz de tener semejante fuerza y potencia, para poner en marcha la economía. Todo fue récord, todo fue abrumador, todo fue motivación pura, puesta en marcha tras años de escarnio.
Motivados dije? Es como vive un grupo llamado “Amigos Ganaderos” que por quinto año consecutivo, salió a encontrarse una vez más desde las latitudes más impensadas. Llegar a Villa el Totoral en el norte de Córdoba, no parece lejos ya para los Uruguayos. Mucho menos para “Seba” que se subió en un avión en Ushuahia, como tampoco lo fue para Jorge, que estuvo solo un rato y pasó más horas en colectivo yendo y viniendo que en el propio encuentro. Los productores y los ganaderos, tienen “ese no se qué” que los impulsa a juntarse, a encontrarse, a abrazarse reunidos en una mesa, de charlas, de vinos, de cuentos, de folclore con guitarra, de historias familiares y de otras.
“Habría que vender todas las vacas y comprar campo” me cruzo en el análisis de una de las tantas charlas de los pequeños grupos que se forman durante la “picada previa”. Nadie piensa en salirse, a ninguno se le ocurre alguna inversión afuera, mucho menos, dejar el campo. Nada, no hay plata que cambie lo que hacen, no hay inversión prometida que convenza que algo es mejor que vivir produciendo.
Motivados, es la palabra que me viene una y otra vez, cuando veo gente dispuesta a juntarse desde donde sea, a compartir, a celebrar lo que los apasiona, a escuchar, a replantearse, a corregir, a sumar, pero principalmente a vivir, en un buen bife casi único por su tipo, a vinos seleccionados puntualmente para el encuentro, para los más de 3 meses que le llevó al anfitrión preparar todo para 55 comensales durante 3 comidas consecutivas.
Motivados, es lo que falta contagiar al resto, es la clave de que la “cosa” arranque, no es cuestión solo de economía, es la más primitiva de las sensaciones, esa que significa convencerse de que es posible, “volver a creer”.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo


























