“Hay bancos donde podemos llegar hasta 10.000 plántulas de raigrás por metro cuadrado”. La frase del ingeniero agrónomo Marcos Yanniccari, especialista en malezas de Chacra Experimental Barrow, resume el nivel de presión que hoy enfrenta gran parte del sudeste y sudoeste bonaerense. Anticiparse y como nunca, apuntar al manejo agronómico, las claves para esta campaña.
Después de un marzo extremadamente lluvioso y un otoño con temperaturas moderadas, humedad sostenida y buena disponibilidad de nitrógeno, el escenario para la campaña fina parece ideal. Pero también para una de las malezas más complejas de la región.
Porque mientras el productor piensa en trigo o cebada, el raigrás también juega su partido.
“Al raigrás hay dos cosas que mejor le vienen: la lluvia y el nitrógeno. Son los dos factores por los cuales principalmente compite”, explicó Yanniccari.
¿Por qué el manejo hoy vale más que el herbicida?
El especialista fue contundente: pensar en controlar el raigrás en postemergencia ya no alcanza.
“Las herramientas que tenemos ahora para controlar una maleza ya establecida dentro del cultivo no nos permiten llevar adelante estrategias efectivas. Tenemos que anticiparnos”, afirmó.
La recomendación técnica apunta a una combinación de monitoreo permanente, conocimiento detallado de cada lote y estrategias de barbecho bien planificadas.
“La mejor molécula sigue siendo manejo y ponerle mucha cabeza al lote”.
Según Yanicari, conocer las poblaciones presentes y entender qué mecanismos de resistencia predominan en cada ambiente es hoy tan importante como la elección del producto.
“Las poblaciones cambian una a una en cuanto a respuesta a herbicidas, pero ya tenemos un conocimiento regional bastante acabado respecto de cuáles son los mecanismos de resistencia implicados”.
Ese conocimiento permite anticipar qué tratamientos tendrán mejores niveles de eficacia y cuáles directamente deberían descartarse.
Doble golpe, nuevas moléculas y un límite claro para la labranza
Durante años, el “doble golpe” fue una de las herramientas más utilizadas frente a las poblaciones resistentes. ¿Sigue vigente?
Para Yanicari, todavía es una alternativa válida, aunque ya empieza a mostrar límites.
“En poblaciones complicadas, hoy el doble golpe muestra cada vez con más frecuencia escapes de la maleza”.
A partir de allí, el especialista destacó el avance de nuevas moléculas y mezclas herbicidas que vienen mostrando resultados promisorios en ensayos regionales.
“Ya hemos probado productos experimentales y nuevas combinaciones que aparecen como alternativas interesantes para los próximos años”.
Sin embargo, también advirtió sobre recetas simplificadas o extrapolaciones generales.
La labranza, por ejemplo, no mostró diferencias concluyentes.
“Tanto en siembra directa como en labranza convencional el raigrás está presente en la misma proporción”, señaló.
Incluso, remover el suelo puede transformarse en un problema adicional.
“Muchas veces estimulamos la mineralización de nitrógeno y terminamos dándole justamente la ventaja que el raigrás necesita”.
“Extrapolar resultados no es suficiente: hay que conocer cada lote y armar el rompecabezas junto al asesor”.
En un contexto donde la resistencia ya forma parte estructural de los sistemas productivos, el mensaje final de Yanniccari deja una idea clara: el control del raigrás ya no depende solamente de un herbicida, sino de decisiones agronómicas integradas, anticipación y manejo fino de cada ambiente.
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