Encontrar un ternero muerto junto a su madre es una situación que, tarde o temprano, atraviesa cualquier sistema de cría. Puede tratarse de una pérdida aislada, inevitable incluso en rodeos bien manejados, o de la primera señal de un problema que requiere atención.
Para el médico veterinario Ignacio Álvarez, el primer paso es entender de qué tipo de pérdida se está hablando. La mortalidad perinatal comprende al ternero que nace muerto y también al que nace vivo pero muere durante las primeras horas de vida. No es lo mismo que un aborto, que ocurre antes de que el feto llegue a término, ni tampoco que la mortalidad neonatal, cuando el ternero enferma y muere después de haber vivido varios días.
Esa diferenciación no es solamente una cuestión de definiciones. Cambia el enfoque y, fundamentalmente, orienta por dónde empezar a buscar la causa.
La primera pregunta: ¿cuánto se está perdiendo?
Una pérdida aislada puede ocurrir en cualquier rodeo. El problema comienza cuando los casos se repiten y el porcentaje empieza a crecer.
Álvarez recuerda que la variabilidad entre establecimientos y sistemas productivos es importante, pero señala que las pérdidas perinatales deberían mantenerse en niveles bajos. Cuando los casos comienzan a acumularse, ya no conviene atribuirlos simplemente a la mala suerte.
“Sin números es imposible distinguir un caso aislado de un problema de rodeo”.
Por eso, el registro vuelve a ser una herramienta central. Identificar qué vaca perdió el ternero, si era vaquillona o multípara, cuándo ocurrió el parto, el sexo de la cría y si se trataba de una gestación única o múltiple permite empezar a encontrar patrones.
Una concentración de pérdidas puede estar indicando problemas en el manejo del parto, en la nutrición, en la sanidad o en la selección y manejo de las madres.
Una pérdida aislada puede ocurrir incluso en el mejor rodeo. La repetición de los casos es la señal que obliga a investigar.
Antes que una infección, hay que mirar el parto
Uno de los conceptos centrales que plantea Álvarez es que la principal causa de mortalidad perinatal no necesariamente es una enfermedad infecciosa.
La distocia, es decir, el parto dificultoso o prolongado, ocupa un lugar central. Cuando el nacimiento se extiende demasiado, el ternero puede sufrir hipoxia —falta de oxígeno— y morir durante el parto o poco después.
La dificultad puede estar originada por una desproporción entre el tamaño del ternero y el canal de parto de la madre, por una mala presentación fetal o por una gestación múltiple.
También influyen otros factores, entre ellos la condición corporal de la vaca. Una madre excesivamente gorda al momento del parto puede aumentar el riesgo de complicaciones. Lo mismo ocurre con partos que se adelantan o se retrasan demasiado.
En el sudoeste bonaerense, Álvarez también pone el foco sobre los denominados partos lánguidos, en los que la vaca no logra expulsar al ternero. En estos casos pueden existir desequilibrios minerales que deben ser considerados, entre ellos los vinculados a cuadros de hipomagnesemia.
Pero hay otro aspecto que suele generar preocupación y que debe analizarse con perspectiva: no es lo mismo encontrar varios terneros muertos al comienzo de la parición que observar pérdidas aisladas a lo largo de toda la temporada.
“A veces una muerte en los primeros animales a parir genera una incertidumbre enorme, pero no necesariamente significa que exista un problema de rodeo”, advierte el veterinario.
Antes de buscar una enfermedad infecciosa, hay que preguntarse si el ternero pudo haber muerto como consecuencia de un parto prolongado o dificultoso.
Cuándo intervenir y por qué las vaquillonas requieren más atención
La asistencia al parto exige un equilibrio. Intervenir demasiado tarde puede significar perder al ternero, pero hacerlo antes de tiempo o aplicar una fuerza excesiva también puede provocar lesiones graves.
Antes de intentar extraer un ternero, Álvarez propone responder tres preguntas básicas: cómo viene presentado, si existe suficiente espacio y si realmente puede salir por vía vaginal.
Si hay dudas, la recomendación es clara: llamar al veterinario.
“Ante la duda, el veterinario. No hay que estar ni demasiado apurado ni llegar demasiado tarde: hay que tener tiempo y criterio”.
Como referencia práctica, una vez que se produce la rotura de la bolsa, debería observarse progreso en las siguientes horas. Si no lo hay, es momento de revisar la situación. En las vaquillonas el proceso puede requerir algo más de tiempo, pero la falta de avance debe encender una alerta.
También es importante observar directamente el parto. Si el ternero permanece durante un período prolongado en la misma posición sin avanzar, puede ser necesario intervenir.

Las vaquillonas de primer parto merecen una atención especial. La mayor incidencia de mortalidad perinatal en esta categoría tiene una explicación productiva: son hembras que todavía están completando su desarrollo, tienen un canal de parto más reducido y pueden enfrentar una mayor desproporción entre el tamaño del ternero y la pelvis materna.
Esto no significa que la vaquillona sea un problema, sino que necesita una planificación diferente.
La elección de toros con facilidad de parto, una adecuada condición corporal, una correcta edad al primer servicio y una vigilancia más intensa durante la parición forman parte de esa estrategia.
La vaquillona no es un problema: es una categoría que necesita más planificación, mejor elección genética y mayor vigilancia durante el parto.
Qué mirar cuando el ternero ya está muerto
Cuando durante una recorrida aparece un ternero muerto, todavía hay información valiosa que puede recogerse antes de que llegue el veterinario.
Lo primero es identificar correctamente a la madre y registrar los datos básicos: si era vaca o vaquillona, número de parto, fecha, sexo del ternero y si se trataba de un nacimiento único o mellizo.
Luego, el propio ternero puede aportar señales importantes.
Una de ellas es observar el eponiquio, la membrana blanda que recubre la parte inferior de la pezuña al nacimiento. Esa estructura se va desgastando y retrayendo cuando el animal comienza a caminar. Si permanece intacta, puede indicar que el ternero nunca llegó a ponerse de pie.
También debe observarse la presencia de manchas amarillentas o marrones producidas por meconio, un indicio compatible con estrés fetal o asfixia durante el proceso del parto.
Si existe la posibilidad de realizar una necropsia o una revisión adecuada, hay dos observaciones clásicas que pueden ayudar a reconstruir lo ocurrido.
Una es revisar el abomaso para determinar si contiene calostro. Esto permite saber si el ternero tuvo la oportunidad de mamar.
La otra es la denominada prueba de la docimasia pulmonar, que consiste en colocar un fragmento de pulmón en agua. Si flota, indica que el pulmón llegó a expandirse y, por lo tanto, que el ternero respiró.
También deben buscarse golpes, fracturas, malformaciones y edemas. Una cabeza muy hinchada o una lengua edematizada pueden aportar información sobre un parto prolongado y traumático.
Pero el análisis no debe detenerse en el ternero. La madre también puede tener parte de la explicación. Problemas en la producción de leche, pezones demasiado grandes o caídos y dificultades para que el ternero logre prenderse pueden impedir el consumo de calostro y terminar en una muerte durante las primeras horas de vida.
El estado de las pezuñas, la presencia de meconio, el calostro en el abomaso y la capacidad de los pulmones para flotar pueden ayudar a reconstruir qué ocurrió.
Cuando hay varios casos, recién entonces profundizar la búsqueda
Las enfermedades infecciosas forman parte del diagnóstico diferencial y no deben ser ignoradas. Muchos de los agentes capaces de provocar abortos también pueden estar involucrados en pérdidas perinatales.
Pero Álvarez insiste en evitar un error frecuente: atribuir automáticamente cada ternero muerto a una infección.
Primero hay que analizar el parto, las características del rodeo, la categoría de las madres y las condiciones de manejo. Si esos elementos no explican las pérdidas o si los casos comienzan a repetirse, entonces será necesario profundizar la investigación sanitaria.
El objetivo no es solamente saber por qué murió un ternero. Un diagnóstico correcto permite tomar decisiones para evitar que el problema vuelva a repetirse en la próxima temporada de servicio y parición.
Un botiquín sencillo también puede salvar terneros
Como recomendación final, Álvarez plantea la importancia de llegar a la época de partos con algunos elementos básicos preparados.
Guantes, lubricante y sogas para asistir correctamente un parto, yodo para desinfectar el ombligo y, cuando sea necesario, algún sustituto de calostro disponible pueden marcar una diferencia importante.
Hoy existen productos de calostro en polvo que pueden transportarse en la camioneta y prepararse con agua tibia para suministrarlos durante las primeras horas de vida.
Son medidas relativamente simples, pero que pueden resultar decisivas.
Porque detrás de un ternero muerto puede haber una pérdida inevitable. Pero también puede haber un problema que el productor está a tiempo de detectar.
Y, como resume Ignacio Álvarez, la diferencia empieza muchas veces por algo tan básico como mirar, registrar y no sacar conclusiones antes de conocer qué ocurrió.
Por Dr Ignacio Alvarez (*) – Para Infosudoeste
(*) Titular de Laboratorio Diagnóstico Alvarez

























