“La Tarde es larga” me digo a mi mismo, entendiendo que quizás los kilómetros por recorrer sean los suficientes para que la noche no me agarre en estos caminos. No los conozco, entiendo que están en buen estado, pero no es de “buena praxis” transitar caminos rurales sin nunca haberlos recorrido y que la noche te encuentre aún avanzando. “Uno nunca sabe”, una curva prolongada, las clásicas e inentendibles “T” que aparecen cerca de alguna vía y de repente en medio de una recta, tenés que ir para uno de los dos lados pero lo cierto que de la nada te aparece un alambrado en el medio del camino y el giro abrupto en la noche, podría ser fatal.
Avanzo y en la recorrida siempre como seguramente hacemos todos, vamos observando, si la siembra fue temprana, si el clima fue más duro, si esos manchones a lo lejos son fruto de alguna enfermedad o alguna falla en la siembra, si ese rodeíto colorado parece marcado y el abandono de aquellos alambres, con campo natural y no mucha huella, marca un campo hace rato no habitado ni por animales, ni por sembradoras y mucho menos, por el hombre.
De repente el paisaje se repite: 30-40 o vaya saber uno cuantos son, los Ñandues con sus “charos” pastorean mansos al costado del alambre, clara señal que por estos pagos, se los corre poco. “No hay eléctrico que nos dure en El Relincho” se queja Gustavo, sabiendo que mientras el número de estos bichos crezca, será difícil hacer parcelas, rotativos y otros menesteres, cuando semejante número de lote, sale a la corrida y se lleva todo puesto. “Estoy tratando de no asustarlos”, me dice resignado para ver si se calman aunque nunca falta un “furtivero” que provoque la estampida.
Nadie. Esa es siempre la mayor característica de muchos de los recorridos y aquí camino hacia vaya a saber uno donde –me dijeron que cortaría como 80 kilómetros- parece acentuarse mucho más. No hay gente, no cruzás vehículos, de a ratos el camino se hace huella y me empiezo a arrepentir del “supuesto” atajo que me ahorraría kilómetros y horas, aunque a veces te permite también introducirte en un interior, que es muy poco conocido.
Claro, la tierra, la monotonía, lo similar del paisaje con algunas lindas quebradas –“son más fértiles, se nota en el color de ese verdeo”, me digo a mí mismo- mientras los minutos me llevan a temas recurrentes. Pienso en estos campos y entiendo que aquí la fauna está más viva que nunca. Habrá “maras” porque las hay y por suerte persisten, zorros los que uno quiera –ya crucé como 4 en el camino-, la vizcacha sin gente en los campos se hace un festín y por suerte en muchas regiones, entendieron que un animal exótico como el jabalí, debe eliminarse a como de lugar, no hay forma que algo que no pertenece a este ecosistema, se quede con todo: espacio, fauna, comida, recursos y reproducirse a más no poder, sería parte de no entender como funciona un ambiente y en pos de una especie, sacrificar decenas de otras, incluidas las florales.
Y sigo el repaso – “no deben quedar menos de 30 kilómetros”, me digo-, es lógico que los pumas, hayan poblado todo, cuando sus únicos dos controles biológicos, están ausentes: el primero y principal, la comida. Sobra por todos lados, porque justamente el segundo control –el hombre- no vive en los campos, no está y eso provoca que toda su comida –el resto de animales de los cuales consume- está a total disposición, sumado a un exótico como la oveja, que sirve perfectamente para la práctica que cualquier felino, realiza con sus crías, cazando y matando sin consumir, porque allí surgen los mayores daños de las majadas. Matarlos? Y de manera controlada, pero entendiendo que ellos son parte de este ecosistema y que aquí sí, el hombre es el que lo distorsiona con una majada sin controles. Por eso, el control amigable como un perro protector, es uno de los recursos posibles, sin alterar lo que no deberíamos.
Pensamientos de horas consumidas de manejo, viajes de remates, campos, jornadas, visitas y el entender que siempre, lo más importante es el recorrido, es el que nos nutre, el que nos enseña, el que nos dibuja la realidad productiva y el que nos permite entender, que la conexión en los campos es difícil, es lejana, es muy aislada, algo que se desnuda en cada camino, con más campos vacíos, que poblados.
Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

























