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Opinión

La pasión vale la pena

Con o sin clima, con mercados volátiles, con políticas que castigan la producción, la pasión no tiene freno: año tras año se renueva en sueños y esperanza.

Muchas veces me lo pregunto: vale la pena? Es un interrogante que seguramente dará vueltas por la cabeza de muchos, año tras año, campaña tras campaña, es difícil de explicar pero lo cierto que una y otra vez, lo volvemos a hacer.

Es cierto que la producción agropecuaria es una actividad de riesgo, lo único que está asegurado en esta inversión, es el fracaso. El clima es siempre un factor determinante, más aún cuando ocurren estos fenómenos extraordinarios, o acaso más allá del Niño, alguien puede pensar que en pleno Octubre, lluevan 150 mm con granizo de varios centímetros, en una de las zonas núcleos triguera? Si existe una ruleta y la posibilidad de que salga el “0” es baja, esa fue la pedrada en Balcarce.

Claro a todo eso hay que sumarle que la siembra siempre tiene factores, como la implantación, las temperaturas, las heladas tardías, los sopletes, las fallas propias, que llueva cuando tiene que llover, si el mercado, si Ucrania y Rusia se enojan, si al mundo de las inversiones les da miedo el socialismo de izquierda – para definir de alguna manera la política de Lula que al ganar puso en modo “pánico” los mercados-, todo es incertidumbre, si llueve o no en el núcleo maicero de Estados Unidos, si el Usda, si las retenciones. Y seguimos sumando, si la vaca China, si el Visec, si la deforestación. No hay nada seguro, es más, lo más seguro es que todo caiga.

Pero a pesar de que la frase de que “Dios es Argentino” no tiene mucha razón de ser, si hay que agregarle algo a la locura, es que vivimos siempre en la montaña rusa. Con Milei a los gritos, con sus internas siempre a contramano, con el tren fantasma regalando caramelos, con la “presidiaria” en campaña, con Massita y sus empresarios, con el “no se pudio” pretendiendo presidir, cualquier manicomio es un lugar sensato al lado de nuestra República.

Y si, a pesar de todo eso, a veces vale la pena. Porque esta semana tocó inseminar, y hace un mes venimos mirando toros en un catálogo. Y encerramos las vaquillonas, esas mismas que hace poco más de un año y medio eran las terneras que tuvieron su primer caravana electrónica. Y fue mágico, poner un bastón y que aparezcan los datos. Porque recuerdo que eran hijas del Benedetto y que lindo que dio. Porque parece mentira que vendimos las preñadas, esas que elegimos, que marcamos, que con lágrimas en los ojos, vimos como el martillero bajaba la venta y ese sueño de hace más de 15 años, se cumplió en un ratito.

Vale la penas? La puta que vale la pena, si volvemos a soñar cada vez que elegimos un toro, como los que compramos hace poco, “el Carlonchito y el Hércules” y así serán llamados por siempre en un potrero. Y los veremos día a día laburando, seguiremos eligiéndoles las compañeras, soñaremos con sus terneros, y así la pasión nunca termina, por eso, ni clima, ni mercado, ni política, nada puede con lo que significa producir, porque más allá de lo rentable, hay una llama que vive encendida, la del que eligió la semilla, la del que compró la sembradora o eligió el contratista, el que recorre y escarba, para ver como quedó sembrado, o el que corta y cuenta los granos por espiga, calculando ya su futuro rinde.

Vale la pena porque en el campo, todo es vida y como la vida se renueva todo el tiempo, quien produce, vuelve a vivir cada día, en sus cultivos, en sus frutas, en sus ovejas, en el caballo de andar o en el ternero que nació. Las injusticias desbordan, porque tanta pasión es contenida todo el tiempo, con sinsabores, pero es tan grato lo que ocurre en cada esperanza y sueño depositado, que no hay retenciones posibles capaces de amargarlo.

Producir, es una religión, una secta de fanáticos que creen que todo es posible, aunque a veces la realidad sea tan cruda, que se encargue de frenarlo. Producir, es la vida misma, nace y muere una y otra vez, con el único desafío de saber siempre que aunque todo salga mal, seguramente valió la pena.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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