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Entre la monotonía electoral y el soplo vital de Mendoza

Mendoza es la locación apreciada por el turismo extranjero, especialmente brasilero. No sólo por sus bellezas naturales, sino también por sus excelentes vinos y superior gastronomía.

Día electoral en el ámbito de la provincia de Buenos Aires. Nada nuevo bajo el sol en este camino rumbo a la primavera, la estación en que los seres vivos salimos del letargo del invierno, nos sacudimos la modorra en que estuvimos sumidos y comenzamos a renacer.

El tiempo de la vida empieza a palpitar. Nada es más hermoso que abrir los ojos e iniciar ese ritmo pausado en que las fiestas y los aconteceres comienzan a marcar los hitos fundamentales de la existencia, como la proximidad de un nacimiento, las fechas de cumpleaños de nuestros seres queridos, la siembra y la cosecha, la Navidad y el Año Nuevo. Es el ciclo de la vida…

Hace apenas unas horas que volví de un encuentro en la ciudad de Mendoza, un lugar donde aún la siesta es sagrada para algunos, como lo es el cuidado de frutales y de viñedos, y del agua que ya comienza a bajar en mayor volumen desde la cordillera que se erige imponente ante los ojos de lugareños y extraños. Sus acequias, diseminadas por toda la ciudad y sus alrededores son el testimonio vivo de lo que significa la escasez y el aprovechamiento de un líquido elemental para hombres y naturaleza.

Volví nuevamente admirado de su gente. De trato amable, hasta los adolescentes son agradables al responder alguna pregunta sobre alguna calle o lugar que se está buscando.

Mendoza es la locación apreciada por el turismo extranjero, especialmente brasilero. No sólo por sus bellezas naturales, sino también por sus excelentes vinos y superior gastronomía.

Mendoza me despertó al pulso de la vida. También lo haría cada provincia argentina repleta de cultura, de historia, de saberes y haceres. Sin embargo, es la provincia madre desde donde partió el ejército libertador al mando del general don José de San Martín.

Después de casi una semana trabajando allí, transitando sus calles, tratando con su gente, como en otras oportunidades me pasó, se comienza a reaprender lo que es gozar. Porque los gozos verdaderos son aquellos que embargan el alma de gratitud y nos predisponen ante la vida. Mendoza y el acercamiento de la primavera, sin duda, me han enhebrado un soplo de vida a la trama de mi existencia.

Hoy Buenos Aires vota. Pero yo me niego a que la monotonía bonaerense me invada. Prefiero quedarme con el soplo vital de Mendoza y con el renacer que la primavera ya anuncia.

José Luis Ibaldi – Para Mañanas de Campo

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