El Ing. Ramón Gigon advierte sobre la importancia de ajustar estrategias, evitar aplicaciones innecesarias y poner el foco en el ryegrass, la maleza más resistente y preocupante de la región.
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Las altas temperaturas y la baja humedad relativa típicas del verano juegan en contra del control químico de malezas. En estas condiciones, las plantas se “rustifican”, engrosan su cutícula y dificultan la penetración de los herbicidas, tanto sistémicos como de contacto.
En este contexto, el tamaño de la maleza es un factor clave. Aplicaciones tempranas, con malezas chicas, dosis ajustadas y el uso de un buen coadyuvante permiten mejorar notablemente la eficacia de los tratamientos. También es fundamental cuidar la calidad de aplicación, un aspecto que muchas veces define el resultado final.
“Con malezas pequeñas, buena dosis y un coadyuvante adecuado, todavía se pueden lograr controles eficientes, aun con clima adverso”, señala Gigon.
Rastrojos de fina: diagnóstico antes que apuro
Tras la cosecha de granos finos, muchos lotes quedan libres de malezas durante todo el año, una práctica que el especialista invita a repensar. La clave está en definir el objetivo productivo del lote: si volverá a fina, si habrá cultivo de segunda, verdeos de verano o implantación de pasturas.
En rastrojos que van nuevamente a fina, no siempre es necesario aplicar de manera inmediata. Un buen diagnóstico de las especies presentes y un plan claro evitan gastos innecesarios. En algunos casos, incluso, la “rastrojeada” con ganadería aparece como una alternativa válida.
Distinto es el escenario cuando hay malezas difíciles o resistentes. Allí, un control temprano puede ser clave para reducir el banco de semillas, especialmente en especies como lecherón o yuyo colorado.
Gruesa implantada y competencia temprana
En los cultivos de gruesa ya implantados, el estrés hídrico empieza a mostrar sus efectos y complica los controles post-emergentes, sobre todo frente a malezas resistentes o de gran tamaño. En este sentido, Gigon remarca la importancia de los herbicidas pre-emergentes con acción residual, especialmente en maíz y girasol, cultivos muy sensibles a la competencia temprana.
La soja, si bien puede compensar, también sufre cuando los controles post-emergentes fallan. Tecnologías como Enlist en soja y maíz, o IMI en sorgo, se consolidan como herramientas valiosas para el manejo de malezas complejas como nabo, yuyo colorado, morenita o cardo ruso.
Ryegrass: el gran desafío
El ryegrass se consolida como la maleza número uno de la región. Las buenas condiciones para los cereales durante la última campaña también favorecieron su desarrollo, generando plantas muy grandes y con una producción de semilla excepcional.
De cara a la campaña fina 2026, se esperan emergencias muy importantes, apenas comiencen las lluvias de febrero. En este escenario, el especialista recomienda:
- Pensar el objetivo productivo del lote
- Monitorear desde las primeras camadas
- No superar los 8 macollos en los controles
- Empezar a incorporar herbicidas pre-emergentes en fina
“Si hubo escapes en la campaña pasada, es muy probable que tengamos nacimientos importantes. Hay que apuntar a bajar el banco de semillas”, advierte.
Además, se esperan nuevas herramientas químicas, tanto para barbechos como para el control de gramíneas, que podrían incorporarse a partir del otoño y reforzar las estrategias de manejo.
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