La escalada del conflicto en Medio Oriente comienza a trasladarse con fuerza a los mercados globales y los commodities agrícolas ya sienten ese efecto. Para el analista de granos Pablo Adreani, la combinación entre tensiones geopolíticas, energía más cara y problemas logísticos está generando un escenario de fuerte incertidumbre.
En su análisis para Mañanas de Campo, Adreani explicó que el foco de preocupación pasa por la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial.
“El cierre potencial del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del comercio del petróleo mundial, ya provocó una fuerte suba del crudo hasta niveles de 80 dólares por barril.”
Ese movimiento del petróleo se convierte rápidamente en un factor determinante para los mercados agrícolas, principalmente por su impacto en los costos de transporte y en la dinámica de la demanda global.
Chicago acusa el impacto de la incertidumbre
La reacción de los mercados comenzó a verse con mayor claridad en los últimos días en la Chicago Board of Trade, referencia global para los granos.
Según Adreani, la incertidumbre que genera el conflicto –sumada a la continuidad de la guerra entre Rusia y Ucrania en el Mar Negro– está provocando una retracción de la demanda.
“La gran incertidumbre que genera el conflicto de Medio Oriente está provocando una retirada de la demanda hasta que se acomoden los costos de transporte, distribución y logística.”
El resultado fue una semana con cierres negativos para prácticamente todos los productos: trigo, maíz, soja y harina de soja.
La explicación es bastante directa. Cuando sube el petróleo también suben los fletes marítimos, lo que encarece el comercio internacional de granos. Históricamente, ese aumento de costos termina teniendo un efecto bajista sobre los precios de los commodities.
La excepción: el aceite de soja
En medio de ese escenario bajista apareció una excepción clara: el aceite de soja.
Mientras el resto de los granos retrocedía en Chicago, este subproducto mostró firmeza. La razón está en su relación directa con el mercado energético.
“Hay una relación directa entre el precio del petróleo, combustible fósil, y el precio del aceite de soja, que se utiliza como biocombustible.”
El encarecimiento del crudo mejora la competitividad de los biocombustibles, lo que sostiene la demanda por aceites vegetales.
Un escenario global cada vez más complejo
Otro elemento que agrega tensión al comercio internacional es el aumento del riesgo logístico. Según el analista, varias compañías aseguradoras comenzaron a retirar cobertura a los buques que atraviesan zonas sensibles como el Estrecho de Ormuz o las rutas vinculadas al conflicto del Mar Negro.
Esto complica aún más el comercio global de granos, aceites y subproductos.
A la vez, el conflicto sigue escalando regionalmente con la participación de países del Golfo como Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin, lo que amplía el nivel de incertidumbre.
Para Adreani, el escenario seguirá siendo dinámico.
“Estamos en una situación de incertidumbre total a nivel global donde todavía no se sabe dónde va a terminar el conflicto.”
En ese contexto, los mercados agrícolas seguirán mirando más que nunca a la geopolítica y al petróleo, dos variables que hoy vuelven a marcar el pulso de los commodities.
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