El tacto sigue siendo una de las herramientas más valiosas en la ganadería de cría, pero su verdadero potencial va mucho más allá del porcentaje final de preñez. Interpretar correctamente esa información puede marcar la diferencia entre un rodeo eficiente y uno con pérdidas silenciosas.
El médico veterinario Ignacio Álvarez advierte que “el tacto es una mirada retrospectiva de lo que pasó en los últimos meses en el rodeo”, y que quedarse solo con el número final puede ocultar problemas de fondo.
Cuando baja la preñez: dónde mirar primero
Uno de los principales errores es analizar el resultado de manera aislada. Según explica Álvarez, es clave observar cómo se distribuye la preñez dentro del rodeo: cabeza, cuerpo y cola.
Cuando los porcentajes son bajos, el primer paso es descartar problemas nutricionales. Pero si ese factor no explica la caída, entran en juego las causas infecciosas.
Entre ellas, las más frecuentes en sistemas de cría con monta natural son las enfermedades venéreas como la tricomoniasis y la campilobacteriosis, que pueden generar caídas de entre un 5% y un 20% en la preñez.
“Lo más lógico es arrancar por lo más simple y común en los rodeos de cría: las enfermedades venéreas”, señala Álvarez.
Estas patologías tienen una característica clave: el toro actúa como portador asintomático. Es decir, aparenta estar sano, pero disemina la infección dentro del rodeo, afectando la fertilidad de las hembras y retrasando la concepción.
Diagnóstico y manejo: tecnología, planificación y decisiones a tiempo
El control sanitario del rodeo requiere planificación y diagnóstico sistemático. Hoy, las técnicas han evolucionado notablemente.
La incorporación de la PCR —la misma tecnología utilizada durante la pandemia de COVID— permite detectar enfermedades venéreas con mayor precisión, rapidez y menor cantidad de muestras.
“En 48 a 72 horas ya se pueden tener resultados confiables, algo impensado con las técnicas tradicionales”, destaca el especialista.
El procedimiento central sigue siendo el raspaje prepucial en toros, que debe realizarse al menos antes del servicio. En establecimientos con antecedentes, también se recomienda repetir controles al finalizar la temporada.
Además, el encierre del toro representa una oportunidad estratégica para realizar otros estudios sanitarios, como brucelosis o tuberculosis, optimizando el manejo integral del rodeo.
Un problema más amplio: otras enfermedades y pérdidas gestacionales
Si bien las enfermedades venéreas suelen ser el primer foco de análisis, no son las únicas responsables de las pérdidas reproductivas.
Existen otros agentes como la neosporosis, leptospirosis, herpesvirus bovino y la brucelosis, que pueden provocar abortos o fallas durante la gestación.
Una señal de alerta clara aparece cuando las pérdidas entre tacto y parto superan el 3%.
En esos casos, el diagnóstico preciso se vuelve fundamental.
“Si no identificamos el problema, estamos trabajando a ciegas y no podemos garantizar que no vuelva a ocurrir”, advierte Álvarez.
El envío de fetos abortados al laboratorio, junto con muestras de sangre y placenta, permite determinar el origen de las pérdidas y diseñar estrategias de prevención más efectivas.
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