Hace pocos días en Bordenave, especialistas en ganadería dieron su mirada a los sistemas productivos y dentro de las charlas, el Dr Martin Narbaitz se destacó por su capacidad de resumir conceptos que deben ser muy tenidos en cuenta.
Desde Infosudoeste entrevistamos al especialista, quien dejó un mensaje claro: en ganadería, la eficiencia no se mide por el tamaño del animal, sino por la capacidad del sistema de transformar pasto en carne de manera sostenida.
Un “ping pong” al hueso para tener el ambiente y la producción como aliados.
Ambientes difíciles, decisiones clave
—Estamos en una región compleja, ¿cómo influye eso en las decisiones productivas?
—Es una zona muy difícil, de ambientes frágiles, que se vuelve aún más exigente hacia el sur y el oeste. Son campos de escasa aptitud agrícola, netamente productores de pasto, donde la cría bien hecha funciona y sostiene una buena cuenca ganadera.
—¿Este año puede confundir al productor?
—Sí, es un año atípico, el que todos esperamos siempre. Pero no representa la realidad estructural de la zona. Por eso no hay que tomar decisiones pensando en un año excepcional.
—¿Qué condiciona principalmente al sistema?
—El ambiente. Son sistemas donde es muy difícil incorporar insumos externos por los costos, especialmente fletes. Entonces hay que trabajar con lo que el campo produce: pasto.
Eficiencia reproductiva y kilos por hectárea
—Hablaste de biotipo, ¿qué significa en este contexto?
—No se trata de tamaño, se trata de kilos. Lo importante son los kilos de carne producidos por hectárea y los kilos de ternero logrados.
—¿Por qué ese es el indicador clave?
—Porque está directamente relacionado con el valor de la tierra. Cuantos más kilos por hectárea producís, más eficiente y rentable es el sistema.
—¿Dónde entra la eficiencia reproductiva?
—Es central. La vaca primero vive, después se reproduce, cría y tiene que volver a preñarse. Si no logra cumplir ese ciclo todos los años, no hay negocio.
—Entonces, ¿qué vaca hay que buscar?
—No se trata de discutir razas o tipos ideales, sino de encontrar una vaca que se adapte al ambiente y pueda preñarse todos los años en esas condiciones.
—¿Más kilos de vaca significan mejores resultados?
—No necesariamente. Está demostrado que aumentar el peso de la vaca incrementa mucho el consumo, pero impacta muy poco en el peso del ternero. Eso termina bajando la producción de carne por hectárea.
—¿Y qué pasa con la producción de leche?
—Dentro de ciertos límites es importante, pero si aumentamos demasiado la producción de leche, aumentan los requerimientos de la vaca y eso puede jugar en contra del sistema.
—¿Cuál es la conclusión final?
—Que no es el animal individual el que define el éxito, sino el sistema productivo. Y ese sistema tiene que estar totalmente adaptado al ambiente donde trabaja.
Foto: Ing Gustavo Almassio
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