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Opinión

Producir con objetivos, el gran desafío de ingresar al mundo

Con la mirada puesta en la proxima siembra de fina, los resultados de la última campaña muestran la necesidad de plantearse objetivos comerciales previos a la siembra.

Es difícil creer que tras años de “oscurantismo” se puede dar vuelta la hoja en un segundo. Los cambios son procesos que requieren su tiempo, inversiones, estrategias, equipamiento, equipos de trabajo, etc, todo necesita la adaptación necesaria para poder “virar” el timón e ir tras los objetivos. El único gran inconveniente, es que el mundo no espera nada de eso, cambia y punto, la adaptación es algo inherente al universo y a la naturaleza, en ella está inserto el hombre y muchas veces esa transformación no espera a nadie: “no te olvides que el Mamuth no se terminó el vermuth” dice en “sorna” la letra de los Piojos, dejando bien claro que quien no se adapta, desaparece.

Muchos pensarán que durante años, la única carrera posible era quedar sobre la línea de flotación, con gobiernos y políticas obstinadas en recaudar sin importar rentabilidades, costos, tipo de cambio, mercados, clima o lo que fuere, un socio “de plomo” que tarde o temprano terminaba pegando en esa línea imaginaria de supervivencia.

Muchas de las cosas que hoy la ganadería vive, son parte de ese cambio abrupto: pasamos de hace casi nada…2 años? del vegetarismo, sumamos el veganismo, pasamos por el fundamentalismo animal para derivar en un abrir y un cerrar de ojos, al consumo de proteína cárnica a “como de lugar”, es decir, una cultura que viró drásticamente al cuidado de la salud, del físico y del bienestar, basado en la nutrición, donde queda claro que sin proteína cárnica, el resto, son ingestas inferiores en calidad. Y allí se acabaron las teorías, con economía, con bolsillo, como fuere, el mundo y la Argentina –siempre primera en el mundo a la hora de las mediciones – consumen carne y la vacuna, es la “Premium” de todas ellas.

Sin pedirlo, sin quererlo y con muchos aún dando vueltas si creerle o no al mundo – se sigue discutiendo si caravana si, si aftosa no, si sangrado no se- la torta se dio vuelta y aquellos que hacen calidad, que invirtieron, que estaban con “la cuchara” en la mano, “llovió sopa” y la disfrutan.

Por eso ver en los principales titulares durante meses la cosecha récord de trigo que se iba a dar, nos lleva a reflexionar si alguna vez quienes urgidos de producir “cómo sea” gracias al “estado de plomo”, pudieron visualizar que en algún momento, antes de sembrar, había que revisar los objetivos. Es una duda, no es una afirmación, se siembra trigo con objetivos de venta? Existen o existían muy pocos programas de calidad, y la cadena comercial no se preocupa demasiado en esa previa. De hecho, probablemente el sector molinero que festejaba hace 2-3 meses esa premonición de cosecha récord, con compras de trigo que no tendrían que competir con exportación por estar muy sobrados de stocks, son los mismos que hoy, no saben como mejorar una “calidad panadera” quejándose de los granos de baja calidad, con rindes que lavaron absolutamente todo y que enfocan el problema en el productor primario, sin pensar o analizar que quien se hace cargo de absolutamente toda la inversión –semilla, calidad, fertilización, sanidad- es el productor, sin un solo “seguro” a la hora de un contrato “digno” con molineros o exportadores. Muchas veces escuchamos al gran analista Leandro Pierbattisti, hablar de “la construcción de la calidad”, un camino en el cual la cadena comercial – Bolsas y otros incluidos- deben involucrarse, no pueden ser simples observadores y contando la película como si fuera ajena.

Hoy hay una realidad: hay trigo forrajero, trigo para balanceados, trigo entregado a bajísimos precios, por un productor que urgido por años de “barbarie política y de mercados”, termina también pegándole de lleno al mejor mercado que siempre tuvo la Argentina: el de calidad.

En pocos meses arranca una nueva campaña de trigo y cebada: estarán los que siembren, porque siembran y es lo único que pueden o saben hacer. O tal vez, estarán los que comiencen a mirar objetivos, los que entiendan que que quizás, o hay que cambiar o sembrar otra cosa, buscando un mercado diferente, tal vez convirtiendo grano en proteína animal propio o intentando involucrar a la cadena siguiente en la cuestión comercial, para volver a construir la calidad perdida.

Es un momento clave, para entender que el mundo ha cambiado. No se puede sembrar sin objetivos, ni trigo, ni cebada, ni avena, ni absolutamente nada, cuya venta no tenga por lo menos, una mirada comercial. Sembrar o no sembrar, también es un objetivo.

Carlos Bodanza – Para Mañanas de Campo

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